Miércoles, 04 de Febrero de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNContra el rebaño digital: privacidad perdida y la advertencia de Jaron Lanier
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Aquilino García

Contra el rebaño digital: privacidad perdida y la advertencia de Jaron Lanier

 

Jaron Lanier, un pionero humanista entre bits

 

Jaron Lanier es muchas cosas a la vez: informático, compositor, artista visual y autor. En los años ochenta acuñó el término “realidad virtual” y fundó VPL Research, la empresa que desarrolló los primeros mundos virtuales multiusuario, avatares y aplicaciones de realidad virtual para cirugía y diseño.

 

[Img #11589]Desde entonces se ha movido entre la academia y la industria: lideró equipos en Advanced Network & Services, fue científico jefe de Internet2, y más tarde se unió a Microsoft Research, donde explora la interacción entre las personas y la tecnología. Su carrera lo ha convertido en una figura reconocida; ha recibido doctorados honorarios y premios como el IEEE Lifetime Career Award y la Peace Prize of the German Book Trade.

 

Time lo incluyó entre las 100 personas más influyentes de 2011 Wired lo describió como uno de los 25 individuos que más han cambiado la red, y visto su currículum, estoy totalmente de acuerdo.

 

Con ese currículum cabría esperar un discurso tecnófilo, pero Lanier se define a sí mismo como un humanista que desconfía del “rebaño digital”. Además de programar y componer música clásica, escribe libros para advertir sobre la deshumanización asociada al diseño de nuestras herramientas.

 

El propio Lanier advierte en el prólogo de Contra el rebaño digital que sus palabras serán trituradas por algoritmos para vendernos anuncios, pero él escribe para una persona de carne y hueso. Esa tensión entre tecnología y humanidad atraviesa toda su obra.

 

Una mirada a su obra escrita

 

Contra el rebaño digital / You Are Not a Gadget

 

Publicado originalmente en 2010 como You Are Not a Gadget y traducido al castellano como 'Contra el rebaño digital', este libro es el manifiesto con el que Lanier inaugura su crítica frontal al pensamiento colectivo de Internet. Para Lanier el diseño de las plataformas digitales minimiza a las personas y glorifica a una “mente colmena” que sacrifica la individualidad. Según él, la arquitectura de la red codifica la realidad en sistemas rígidos que premian la repetición y desprecian la autoría.

 

La consecuencia es el comportamiento de manada: la anonimidad favorece la agresión y la imitación, y el individuo se convierte en un conjunto de fragmentos procesados por algoritmos.

 

El propio Lanier ofrece un conjunto de recomendaciones para resistir esa marea: no publicar comentarios anónimos, crear un sitio web propio y escribir con la misma profundidad con la que se hablaría a un amigo. También aboga por campañas políticas y artísticas que exijan un diseño digital humanista y reivindica la propiedad intelectual como barrera frente a la fragmentación de nuestras identidades. Su denuncia de programas como Facebook Beacon —que enviaba a los amigos la información de las compras de un usuario sin su permiso— muestra cómo las empresas sacrifican la dignidad con tal de maximizar los datos, y cómo la protesta pública logró detener temporalmente esa práctica.

 

Who Owns the Future? (¿Quién controla el futuro?)

 

Escribí sobre este libro hace unos meses, sobre el futuro incierto que internet ofrece. Escrito en 2013 Lanier publicó Who Owns the Future?. Analiza cómo las redes digitales concentran riqueza y poder. Acuñó la expresión servidores sirena para describir a los gigantes que capturan datos, reducen empleos y erosionan la clase media; advierte que estas plataformas fomentan el desempleo, agravan las recesiones y socavan la privacidad.

 

Su propuesta pasa por reinventar la economía de la información: cada vez que una empresa utilice el contenido o los datos de alguien, esa persona debería recibir un micropago. Así, la riqueza se distribuiría y se reconocería la contribución de cada usuario.

 

Ten Arguments for Deleting Your Social Media Accounts Right Now (Diez razones para borrar tus redes sociales ahora mismo)

 

En 2018 Lanier lanzó un panfleto breve pero contundente. Argumenta que las redes sociales son máquinas de modificación de conducta: roban la voluntad propia, fomentan la locura colectiva y nos vuelven miserables. Acuñó el acrónimo BUMMER (Behavior of Users Modified, Made into an Empire for Rent) para describir la lógica empresarial de estas plataformas, basada en manipular la atención y vender anuncios de manera cada vez más personalizadaSu recomendación es drástica: cerrar las cuentas para recuperar la serenidad y el libre albedrío.

 

Aunque es un tecnólogo, Lanier no reniega de la comunicación en línea; critica la estructura de incentivos que premia la viralidad sobre la verdad y propone modelos cooperativos de redes sociales más éticos.

 

Dawn of the New Everything (El amanecer de todo)

 

Lo tengo en la bandeja de «pendientes». Publicado en 2017, Dawn of the New Everything es un híbrido entre memorias y reflexión teórica. Lanier cuenta su infancia —marcada por la pérdida de sus padres— y narra cómo fundó la primera startup de realidad virtual. El libro defiende que la realidad virtual no está destinada a aislarnos, sino a enriquecer la experiencia humana y mejorar la conexión interpersonal. Críticos señalaron que su visión de la VR es profundamente humanista: no se trata de huir del mundo, sino de comprender la percepción y el arte de contar historias.

 

El hilo conductor

 

En su obra, Lanier repite una idea: la tecnología no es neutral; encarna valores. Reclama volver a diseñarla para que promueva la dignidad, la privacidad y la creatividad humana.

 

Para él, la propiedad (remuneración por contribuciones) y la identidad (atribución y responsabilidad) son pilares de una cultura digital saludable. Este hilo une sus libros: diagnosticar un sistema que nos reduce a datos e imaginar alternativas donde la humanidad sea el fin y no el medio.

 

El abandono alegre de nuestra privacidad

 

Lanier no es el único que alerta; sin embargo, la mayoría de los usuarios parece haber tirado la toalla.

 

En 2025, el 75 % de los consumidores afirma que no comprará a organizaciones en las que no confía para proteger sus datos, pero el 63 % también cree que las empresas no son transparentes sobre cómo utilizan la información. ¿La solución? Hacer clic en “Aceptar” y seguir adelante: el 56 % de los estadounidenses admite aceptar las políticas de privacidad sin leerlas y solo el 34,5 % rechaza las cookies.

 

En España, el 36 % de los usuarios ni siquiera presta atención a las políticas de privacidad de las apps, el 54 % ignora las condiciones sobre la cesión a terceros y el 61 % pasa por alto qué información se recopila. Nos preocupa la privacidad… pero no lo suficiente como para perder diez segundos en leer el documento que regula nuestra vida digital. O para pagar o buscar herramientas que protejan nuestra privacidad.

 

Casi siete de cada diez personas están “preocupadas” por su privacidad en línea y el 81 % piensa que los riesgos de la recolección masiva de datos superan los beneficios. Al mismo tiempo, el 62 % cree que es imposible vivir sin que las empresas recopilen datos personales. La resignación se disfraza de pragmatismo: si no se puede evitar, mejor disfrutar del meme viral mientras la webcam envía datos al servidor sirena. Son los platillos de Homer Simpson.

 

[Img #11590]Nuestra apatía alimenta el negocio que Lanier denuncia. Los “servidores sirena” prosperan gracias a un rebaño que acepta cookies a la velocidad de la luzLos usuarios españoles limitan los permisos de las apps (87 %), pero eso no impide que compartan sus contactos para obtener un filtro de gatos. Criticamos el modelo “el producto eres tú” mientras subimos alegremente nuestra localización a la red.

 

 

El círculo vicioso se cierra con la actitud de las empresas. Casi todas proclaman su amor por la privacidad, pero el 63 % de los internautas opina que no son transparentes. Incluso las que cumplen la legislación lo ven como una inversión: el 96 % de las organizaciones cree que los beneficios de cumplir con las normativas superan los costes. Es decir, proteger nuestros datos es rentable… siempre que se sigan recopilando tantos como sea posible. Las leyes obligan a poner un cartel de “estamos vigilando sus datos”, pero no a renunciar al modelo que los convierte en oro.

 

La actualidad vista desde Lanier

 

Lanier argumenta que la raíz del problema es la despersonalización. Cuando interactuamos como perfiles anónimos, la responsabilidad se diluye y la empatía se evapora. Por eso nos propone algo tan retro como tener un sitio web propio y firmar nuestras opiniones. Si eres capaz de firmar tus comentarios, quizás están listos para ser publicados.

 

También defiende que la remuneración por los datos sería un freno a la explotación: en un mercado donde la información es propiedad, venderíamos conscientemente nuestros datos en vez de regalarlos y exigiríamos respeto. Y reclama rediseñar la tecnología para servir a las personas, no para encajarlas en esquemas predeterminados.

 

Mirando alrededor en 2026, uno podría pensar que predica en el desierto. Las cifras de aceptación automática de cookies y de políticas ignoradas son un homenaje involuntario al rebaño digital.

 

No obstante, la historia de Facebook Beacon nos recuerda que la indignación colectiva puede frenar ciertas prácticas: la reacción pública obligó a la empresa a cancelar ese programa intrusivo. La moraleja lanieriana es sencilla: mientras seamos conscientes de nuestra humanidad y exijamos dignidad, todavía podemos moldear la red, al menos la que vemos en nuestro muro.

 

Conclusión – Recuperar la privacidad (si queremos)

 

Nuestro abandono de la privacidad no es inevitable; es una elección cómoda.

 

Dejar las redes sociales o leer un aviso legal no hará que la civilización colapse.

 

Lanier nos ofrece un camino: recuperar la curiosidad, la autoría y la remuneración por lo que aportamos; exigir plataformas que respeten la identidad y la intimidad; convertirnos en usuarios exigentes en lugar de corderos hipnotizados.

 

Quizá entonces deje de ser irónico que, en pleno siglo XXI, la propuesta más revolucionaria sea cerrar sesión.

 

Linkedin: Aquilino García

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