Viernes, 09 de Enero de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNNúcleo estratégico de vigilancia y la defensa del Mediterráneo
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Rubén Darío Torres Kumbrián

Núcleo estratégico de vigilancia y la defensa del Mediterráneo

 

El Centro de Operaciones y Vigilancia de Acción Marítima (COVAM) con sede en Cartagena no es un simple centro logístico, sino la pieza operativa central del Estado Mayor de la Defensa (EMAD).

 

Ni alarma ni ingenuidad ante la Presencia Rusa. Cartagena y el COVAM son relevantes para evitar sorpresas estratégicas dado el incremento la necesidad de vigilancia y seguimiento, de la actividad marítima rusa. especialmente, de submarinos en tránsito, buques auxiliares y cargueros asociados a la “flota fantasma”.

 

El marco analítico de este análisis es claro, preciso e ineludible para garantizar la credibilidad de todo el diagnóstico. España no es un objetivo de ataque militar ruso, ni directo ni indirecto. Ni la Estrategia de Seguridad Nacional española, ni los documentos doctrinales de la OTAN identifican un escenario plausible de agresión rusa cinética contra territorio español derivado del eje Libia–Mediterráneo central (DSN, 2021; NATO Strategic Concept, 2022).

 

Esto no es una omisión, sino una constatación estratégica: el sur de la OTAN no es un teatro de guerra caliente para Rusia. No lo es hoy, ni lo es en su doctrina operativa conocida. Y precisamente por eso, el análisis debe desplazarse del terreno del enfrentamiento militar al de la presión estratégica sostenida.

 

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La cuestión, por tanto, no es si Rusia se dispone a atacar, sino qué pretende Moscú en el Mediterráneo, qué función estratégica cumplen las bases navales grises en Libia y por qué la actividad recurrente del COVAN Cartagena en la detección de submarinos rusos frente a España debe interpretarse como un indicador relevante, pero no alarmante.

 

En un periodo reciente, la Armada Española ha controlado —dentro de sus labores de vigilancia marítima— unidades rusas que incluyen fragatas, submarinos, remolcadores y mercantes en tránsito por áreas marítimas de interés español. Este seguimiento se realiza tanto por unidades de la Armada como por Buques de Acción Marítima (BAM) y fragatas que operan bajo mandos del Mando Operativo Marítimo (MOM).

 

Las operaciones se enmarcan en las tareas de vigilancia de la OTAN para proteger espacios marítimos aliados y conocer los movimientos de unidades rusas en la región. No se trata de confrontación, sino de actividades de monitorización en colaboración aliada y respeto al derecho marítimo internacional.

 

Bases Rusas Grises en Libia: Estrategia Funcional

 

Rusia no ataca desde Libia, pero tampoco navega a ciegas. Rusia no dispone hoy de bases navales plenamente establecidas en Libia, comparables a Sebastopol en Crimea o Tartus en Siria. Sin embargo, sí cuenta con algo estratégicamente suficiente: acceso portuario funcional y uso logístico intermitente, que le permite sostener presencia naval, actividades de inteligencia y presión estratégica en el Mediterráneo central sin cruzar el umbral de la confrontación directa con la OTAN.

 

La diferencia es clave. Desde el punto de vista doctrinal, una base naval implica acuerdos estatales formales, infraestructuras permanentes y capacidad de despliegue ofensivo sostenido. El acceso portuario funcional, en cambio, se traduce en escalas técnicas, reabastecimiento limitado, descanso de tripulaciones y una deliberada ambigüedad jurídica y política. Rusia opera en Libia bajo este segundo modelo.

 

Según fuentes abiertas coincidentes —US AFRICOM, IISS y la Jamestown Foundation—, Moscú dispone de acceso no exclusivo ni permanente a varios puertos e instalaciones costeras. Tobruk destaca como el principal punto de apoyo, por su calado y su posición frente al Mediterráneo oriental, permitiendo apoyo a buques auxiliares sin albergar submarinos de forma estable. Bengasi cumple funciones logísticas y de conexión con redes aéreas, mientras que Sirte, por su posición central, actúa como punto de influencia litoral más que como instalación militar.

 

Conviene ser precisos: los submarinos rusos no tienen base en Libia, no realizan allí mantenimiento mayor ni despliegan armamento. Operan desde el Mar Negro, con apoyo principal en Tartus (Siria). Los puertos libios solo contribuyen de forma indirecta, a través de remolcadores, buques auxiliares y logística asociada a despliegues prolongados.

 

Este modelo 'gris' encaja con la estrategia rusa en el Mediterráneo: evita acuerdos formales que provoquen reacción aliada, reduce costes políticos y mantiene una ambigüedad estratégica funcional. No busca el enfrentamiento militar directo, sino acceso, presencia, inteligencia e influencia.

 

Cartagena, COVAM sinónimo de Vigilancia Estratégica:

 

Integrado en la estructura operativa del Estado Mayor de la Defensa y con sede en Cartagena, el COVAM constituye un instrumento central de mando y control marítimo, encargado de integrar inteligencia, vigilancia y respuesta en el espacio marítimo de interés nacional. Su función no se limita a la coordinación logística ni al seguimiento rutinario del tráfico naval, sino que se orienta a la detección temprana de amenazas, la conciencia situacional marítima y la articulación de la respuesta operativa conjunta, en estrecha coordinación con la Armada y con los aliados de la OTAN. En este contexto, su actividad refleja una lógica de prevención y disuasión activa, propia de un entorno estratégico cada vez más contestado, sin que ello implique una escalada ni una lectura alarmista de la presencia naval rusa en el Mediterráneo occidental.

 

Su función principal es supervisar en tiempo real las actividades de patrulla y seguimiento en espacios que no siempre son aguas territoriales, pero sí zonas de interés y responsabilidad de España, tales como la zona económica exclusiva (ZEE), pasos estratégicos y corredores marítimos clave en el Mediterráneo.

 

El COVAM en Cartagena, por tanto, no es sólo una base logística: es el corazón operativo que coordina las misiones de vigilancia que emprende constantemente la Armada Española bajo el mando conjunto del EMAD y la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte).

 

El COVAM es esencial en la supervisión del espacio marítimo de interés nacional, un concepto utilizado explícitamente por el EMAD, que no equivale a las aguas territoriales —limitadas a 12 millas náuticas desde la línea de base—, sino que se refiere a los espacios marítimos sobre los que España asume responsabilidades de vigilancia, control e información por razones de seguridad marítima y defensa, con independencia de su soberanía formal.

 

La noción de “interés español” surge de doctrinas de vigilancia donde la Armada, coordinada desde COVAM, sigue el tránsito de unidades extranjeras que se aproximan a zonas estratégicas —como la ZEE o rutas comerciales críticas— para garantizar que no se vulneren los espacios de soberanía ni se produzcan sorpresas estratégicas.

 

Capacidad Española Reforzada Antisubmarina desde Cartagena

 

La detección y seguimiento de unidades submarinas en el Mediterráneo occidental no se limita a episodios puntuales. En paralelo al control del tránsito de buques rusos, la Armada Española ha intensificado ejercicios avanzados de guerra antisubmarina (ASW) frente a las costas de Cartagena, integrando fragatas, submarinos y helicópteros embarcados en escenarios de alta exigencia operativa.

 

Estos ejercicios, desarrollados en aguas del sureste peninsular, buscan perfeccionar las capacidades de detección, clasificación y seguimiento de amenazas submarinas, así como la coordinación entre plataformas de superficie, medios aéreos y unidades subacuáticas. Su objetivo no es responder a una amenaza concreta, sino mantener un nivel óptimo de preparación en un entorno marítimo cada vez más transitado y estratégico. El seguimiento del tránsito ruso se ve así complementado por adiestramiento defensivo específico, reforzando el conocimiento del entorno y la capacidad de respuesta de la Armada.

 

La Aportación de España a la Seguridad Marítima Aliada

 

La vigilancia marítima española no se circunscribe al ámbito nacional. Un ejemplo significativo es el submarino Galerna (S-71) que ha acumulado más de 500 horas de inmersión en el Mediterráneo como parte de la operación Sea Guardian de la OTAN, una misión orientada a garantizar la seguridad marítima, el control de rutas estratégicas y la recopilación de inteligencia naval.

 

Su despliegue coincide con un periodo de incremento del tránsito de unidades rusas en el Mediterráneo, y su función principal ha sido precisamente aportar conocimiento del entorno marítimo compartido, una de las capacidades más valoradas en los marcos aliados. Este esfuerzo evidencia que España no se limita a monitorizar su entorno inmediato, sino que contribuye activamente a la seguridad colectiva euroatlántica, aportando capacidades discretas pero esenciales.

 

Práctica habitual de la Armada Española: Seguimiento de Submarinos Rusos

 

El seguimiento de submarinos rusos por parte de la Armada Española no constituye una novedad ni una anomalía operativa. En años recientes, fragatas como la Blas de Lezo, la Canarias o la Álvaro de Bazán han monitorizado en distintas ocasiones la navegación de submarinos rusos como el Novorossiysk o el Krasnodar durante su tránsito por el Mediterráneo.

 

Estos precedentes confirman que este tipo de actuaciones forman parte de la rutina de despliegue marítimo en un contexto internacional marcado por tensiones globales, y responden a una lógica de vigilancia preventiva y profesional, no a escenarios de escalada militar.

 

OTAN/COVAM/Cartagena/Núcleo Estratégico

 

La OTAN, como alianza defensiva, mantiene grupos navales permanentes que operan en aguas europeas y mediterráneas. Por ejemplo, la fragata Álvaro de Bazán, integrada en la SNMG-2 (Standing NATO Maritime Group 2), ha monitorizado en repetidas ocasiones submarinos rusos de la clase KILO II y buques de apoyo mientras transitaban por el Mediterráneo oriental, continuando una vigilancia constante que refuerza la presencia aliada en la región.

 

Estas operaciones no son incidentes aislados, sino parte de un patrón de actividad marítima que combina vigilancia activa, intercambio de inteligencia y patrullas compartidas bajo los marcos operativos de la OTAN, donde España aporta capacidades navales avanzadas.

 

La detección y seguimiento de submarinos rusos plantea varias reflexiones esenciales:

 

a) Defensa marítima en el corazón del Mediterráneo

 

Murcia, y en particular Cartagena, no son sólo puntos geográficos, sino centros estratégicos de vigilancia martítim. La presencia de instituciones como COVAM y la frecuencia de operaciones coordinadas con la OTAN reafirman a Cartagena como uno de los pilares de la defensa marítima en el Mediterráneo occidental.

 

b) Capacidades nacionales y europeas

 

Debido a la complejidad de detectar submarinos avanzados —como los KILO II rusos—, programas de vigilancia y seguimiento combinan tecnología satelital, sonares remotos, buques de superficie y aeronaves patrulleras. Además, aparición de ejercicios de seguridad marítima organizados por la Unión Europea, como MARSEC EU 25, muestran un esfuerzo conjunto por fortalecer la protección de infraestructuras críticas y rutas marítimas.

 

c) Riesgos geopolíticos y mensajes de disuasión

 

La actividad naval rusa en el Mediterráneo, aunque no entra en aguas territoriales españolas, funciona como prueba tangible de que las grandes potencias proyectan presencia en espacios vecinos. La vigilancia y el seguimiento por parte de España envía un mensaje claro de capacidad de respuesta, cooperación aliada y control estratégico.

 

La importancia de campañas de vigilancia, coordinación interinstitucional y transparencia comunicativa, claves para entender por qué instalaciones como COVAM no son solo centros de mando militares, sino símbolos de soberanía y garantías de seguridad para toda la región.

 

Ni alarma ni ingenuidad ante la Presencia Rusa

 

El consenso entre analistas de defensa y mandos militares es claro: estas actividades rusas no implican una amenaza de agresión directa contra España. Se trata de operaciones de presencia, reconocimiento y proyección de interés en un espacio marítimo clave, compatibles con el derecho internacional y habituales en escenarios de competencia estratégica.

 

Integrar esta lectura resulta esencial para evitar interpretaciones alarmistas. España no actúa desde el miedo, sino desde la anticipación y el control del entorno, combinando vigilancia, adiestramiento y cooperación aliada. En ese equilibrio entre firmeza y prudencia se sostiene hoy la seguridad marítima del Mediterráneo occidental.

 

España no es objetivo militar ruso. Pero el Mediterráneo sí es un espacio de competencia estratégica. En ese contexto, vigilar no es escalar, y detectar no es provocar.

 

El episodio del Novorossiysk, seguido desde el corazón operativo de Cartagena, confirma una realidad fundamental: la seguridad marítima del siglo XXI se juega menos en el choque de fuerzas y más en el control silencioso del entorno. Y en ese terreno, Cartagena es hoy una pieza clave de la defensa europea.

 

Rubén Darío Torres Kumbrián, Political Scientist

European Warder

Shield Aloft, Chains Broken — For European Liberty

 

Nota del editor: Si lo desea, en el siguiente documento puede acceder a la versión del artículo en inglés

 

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