Sábado, 10 de Enero de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNLa urbanidad
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Gabriel Vivancos

La urbanidad

 

Hoy quiero compartir con vosotros una reflexión, quizá más bien un recordatorio para algunos.

 

Recuerdo que cuando era un niño mi abuela Rai me enseñó un libro, que finalmente me regaló, que llevaba por título 'Urbanidad'. Este libro recogía las principales normas de educación y cortesía que los jóvenes debían guardar para ser personas educadas y respetuosas. Este manual, según me contaba ella, se estudiaba en la escuela así que entiendo que debió ser lo que hoy es la asignatura 'educación para la ciudadanía' pero sin tanto sesgo político.

 

Este libro, muestra una imagen de la sociedad española de los años Veinte del siglo pasado en la que, por ejemplo, no era de buena educación hablar durante las comidas o comer por la calle. 

 

Aquella sociedad paulatinamente se ha ido transformando y ha ido flexibilizando las normas de conducta hasta las que tenemos hoy. Todo forma parte de un proceso evolutivo normal de cualquier sociedad.

 

El problema, en mi opinión, es cuando la relajación llega hasta tal punto que se olvida el porqué es necesario ser educados. Parece que en esta sociedad actual, lo único que es trascendente es el individualismo y el estar cómodo con uno mismo, sin importar cómo se sienta el prójimo.

 

Cada vez más, observo que se están perdiendo las buenas maneras en la convivencia ciudadana, gestos simples como el dar los buenos días cuando se llega a cualquier sitio, pedir las cosas con amabilidad o respetar los turnos, parecen estar desapareciendo lentamente.

 

Por eso, creo que es importante resaltar que las normas de educación no son un corsé que atenta contra nuestra individualidad, sino que son una protección de la convivencia pacífica y respetuosa. Se trata de un arma de la que se ha dotado el ser humano para poder vivir en sociedad.

 

El tratar de no molestar a los demás es el fruto de muchos siglos de evolución que ha conseguido, entre otras cosas, que no vayamos matándonos por las calles.

 

Sin embargo, parece que a muchos se les olvida, o quizá nunca se lo hayan planteado. Quizá por eso, cada vez sea más común ver a personas por la calle que llevan la discoteca a cuestas y que te obligan a escuchar su música te guste o no porque a ellos les apetece o tener que observar torsos desnudos en pleno centro de la ciudad porque el muchachito tiene calor o desea enseñar sus fuertes abdominales, ignorando que la vestimenta también se usa en función del sitio y la ocasión, precisamente por educación.  

 

[Img #11429]

 

Ser educado no solo implica conocer las normas de cortesía, sino demostrar respeto hacia los demás. Cuando estas actitudes se pierden, las relaciones sociales se vuelven más frías, agresivas y sobre todo egoístas y ponen en riesgo la convivencia pacífica.

 

El problema es el de siempre, la ausencia de líderes en una sociedad en la que parece que reprender no es correcto. Nuestros políticos son los primeros que no dan ejemplo, todo lo contrario, parece que perdiendo las formas van a captar más votos o al menos algún titular en las noticias por lo que “París bien vale una misa”.

 

Por eso si de verdad queremos educar en esta sociedad tan acostumbrada a la exaltación del ego, además de las palabras grandilocuentes como inclusión, no discriminación o solidaridad de los pueblos hay que cuidar los pequeños detalles cotidianos, que al fin y a la postre son los que más se ven.

 

Linkedin: Gabriel Vivancos

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