El meeting point
Cuenta la historia que en tiempos del Rey Herodes tres personas llegadas de Oriente, tres personas sabias, emprendieron un largo viaje a Jerusalén. Estos sabios, además, eran astrónomos, sacerdotes y algunas cosas más. Pero lo más importante, parece ser, es que eran magos. Los famosos Reyes Magos que cada año nos visitan en la Noche que lleva su nombre para traernos regalos, si hemos sido buenos, claro está. Aquí este año, más de uno se ha llevado una sorpresa.
El asunto es que Melchor, Gaspar y Baltasar, siempre por ese orden, debían de saber que se avecinaba la fecha en la que debía de nacer Jesús, hijo de José y de María, para hacerle llevar sus cofres con oro, incienso y mirra. Que no es que fueran regalos para resolverle la vida. Lo importante era lo que simbolizaban: la realeza, la divinidad y el sufrimiento humano, respectivamente. Yo me imagino a los tres Reyes en sus jaimas, con los camellos bien enjaezados, como en las fiestas del Caballo del Vino de la ciudad santa de Caravaca de la Cruz, esperando a ver cómo se podrían enterar del instante en que iba a tener lugar el nacimiento más famoso en la historia de la humanidad y, lo que es más importante, la dirección exacta. El 'meeting point'. Recuerde el lector que wassap, GPS, Starlink y 5G surgieron muchos siglos después. Complicado el tema.
![[Img #11431]](https://elnuevodigitalmurcia.es/upload/images/01_2026/596_reyes.jpg)
Entonces, apareció una señal. Una señal en forma de estrella en el cielo, que se movía para indicarles un camino a seguir. En realidad, sigue contando la historia, no se sabe bien qué era realmente esa estrella. Podría ser un fenómeno astronómico, pero también un signo divino enviado por Dios. Eso es lo de menos ahora. Lo importante es que los Reyes Magos siguieron a esa estrella, que debió parar en un punto concreto de la pobre ciudad de Belén y, en efecto, allí encontraron lo que esperaban encontrar. Al niño Jesús.
El caso es que, analizando un poco la escena, estos tres atrevidos sabios comenzaron a seguir algo que no sabían qué era, ni habían visto en su vida, esperando que les dirigiese hacia la solución esperada. Así, a lo loco. Afortunadamente el resultado fue válido, pero podrían haber terminado en cualquier otro punto del planeta guiados por una tecnología desconocida y, claro está, habría cambiado mucho el rumbo de la historia. Veintiún siglos después, los humanos vemos una tecnología que es totalmente nueva, nunca vista, inentendible para la gran mayoría, pero hacia la que nos tiramos de cabeza para que nos proporcione la solución que esperamos. Es que me suena tan parecido a la Inteligencia Artificial. La diferencia es que, en aquella ocasión, la solución no dio error, pero con la IA, el asunto es otro. Ojalá fuera tan fácil guiarnos por la IA a ojos cerrados para que nos diga, sin error, qué acciones debemos comprar en la bolsa, qué tratamiento adoptar para curarnos, en qué empresas tenemos que invertir, qué apuestas deportivas debemos hacer sin perder o qué negocio tenemos que montar para forrarnos. A mí, como a los Reyes Magos, la estrella me sigue pareciendo una tecnología más fiable. Pero este nuevo año será el año de la Inteligencia Artificial. Sin duda. Feliz 2026.
Linkedin: Juan Luis Pedreño



