Martes, 20 de Enero de 2026
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Ernest Berkhout

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Yakarta, capital de IndonesiaYakarta, capital de Indonesia

 

Durante siete décadas, Tokio fue considerada la ciudad más poblada del mundo. Ahora, la ONU ha cambiado su forma de contar. Ya no usa las definiciones de los gobiernos nacionales sobre dónde comienzan y terminan sus ciudades; su último informe acepta la realidad de la expansión urbana. O al menos eso dicen.

 

Según sus nuevas mediciones, Yakarta (en la imagen), la capital de Indonesia se sitúa a la cabeza con 42 millones de habitantes. Esto representa casi la misma cantidad de humanos que la población de Canadá entero. Dacca, la capital de Bangladesh, sigue de cerca con 37 millones, y también supera a Tokio, con sólo 33 millones. Según la ONU, Delhi y Shanghái, con alrededor de 30 millones de habitantes cada una, completan los cinco primeros puestos.

 

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El número de megaciudades, definido como áreas urbanas con 10 millones o más de habitantes, se ha cuadruplicado, pasando de ocho en 1975 a 33 en 2025. Más de la mitad de ellas, concretamente 19, están en Asia.

 

Las últimas cifras de la ONU ponen de relieve una tremendísima urbanización. Hoy en día, el 45% de la humanidad vive en ciudades con al menos cincuenta mil habitantes mientras que otro 36% habita en pueblos con al menos cinco mil habitantes. Solo siete de las 33 'megaciudades' del mundo se encuentran en países ricos.

 

Para 2050, se espera que el número de megaciudades aumente a 37, y se prevé que ciudades como Addis Abeba (Etiopía), Dar es Salaam (República Unida de Tanzania), Hajipur (India) y Kuala Lumpur (Malasia) superen también la marca de los 10 millones.

 

Entre las excepciones notables se incluyen la Ciudad de México, donde la población disminuyó de 19 millones en 2015 a 17,7 millones en 2025. Parece ser debido a la migración hacia otras áreas metropolitanas por la inseguridad, y desafíos de infraestructura como la escasez de agua. También influye el envejecimiento demográfico y una disminución general de la fecundidad.

 

Lo malo de las ciudades inmensas es que parece haber una correlación bastante significativa, y negativa, entre tamaño y calidad de vida. Según Economist Intelligence Unit, que evalúa estabilidad, atención sanitaria, cultura/medio ambiente, educación e infraestructura, las peores ciudades para vivir son: Damasco, Trípoli, Argel, Lagos, Karachi, Daca, y Harare. Le siguen muy de cerca Kiev (principalmente por el conflicto) y Caracas, que no sabemos cómo va a evolucionar en el futuro próximo.

 

En el puesto 26 de población encontramos a Lagos, capital comercial de Nigeria, ciudad que por necesidades del trabajo visito a menudo. Según las estadísticas nuevas, su población es de 12.792.000. ¡Menos de trece millones!

 

En la realidad, su población, aunque difícil de medir, es de alrededor del doble. Pero las vicisitudes de la política nacional, que reparte los escaños en la Asamblea Nacional según población, hacen que se contabilice poca población en el sur cristiano, y mucha en el norte musulmán. Se ve que la ONU se deja influir por estos detalles. Lagos tiene hoy en día 22 millones, y en el año 2050 irá por los 50 millones, aunque la ONU sostiene que serán 16.

 

Mientras que lo vibrante de una ciudad MEGA (es que, al lado de Lagos, Londres parece un pueblo) tiene su atractivo, y es un lugar muy interesante para hacer negocios como forastero o incluso como guiri, la realidad para la gente de a pie es muy distinta. La falta de planificación, la llegada de 3.000 nuevos individuos a la ciudad cada día, la imposibilidad de ordenar aquello en cuanto a vivienda, saneamiento, transporte, polución y salud, hace que estas ciudades asiáticas y africanas sean sitios muy difíciles de ganarse el pan diario, y vivir más allá de los 50 años.

 

La entropía máxima sin embargo proporciona oportunidades de cambios radicales, profundos y rápidos. El caos tiene su lado positivo.

 

Pero ¿cómo lo logran las ciudades supuestamente exitosas? Un modelo es Shanghái, que está gobernada por el gobierno central como provincia en lugar de ciudad, con Planes Quinquenales. Ejerce una autoridad fuerte y centralizada sobre todas las funciones urbanas principales, desde la planificación hasta el transporte, con el enfoque en un modelo de desarrollo sostenible. Pero el modelo de gobernanza de China es único: la presión sobre los líderes no proviene de los votantes, sino de los jefes en Pekín. Los líderes del partido no pueden permitirse que zonas de la ciudad se vuelvan descontroladas.

 

En Europa, la Agenda 2030 tiene sus detractores. En estos tiempos de individualismo, parece que la gente se resiste a objetivos comunes destinados a obtener la igualdad. De hecho, la palabra en sí está muy devaluada recientemente. Pero la única manera de ordenar ciudades que crecen más allá de lo posible será controlar estrictamente su desarrollo, como lo hace la Agenda 2030 a través de Bruselas.

 

Linkedin: Ernest Berkhout

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