
La llegada de la inteligencia artificial (IA) a las oficinas prometía revolucionar la forma en la que trabajamos. En teoría, estas herramientas deberían quitarnos peso de encima y dejar espacio para centrarnos en lo importante. De hecho, últimamente se repite mucho eso de que la IA “te ahorra ocho horas de trabajo a la semana”, pero ese ahorro parece notarse más si eres jefe que si eres quien utiliza la herramienta a diario. Esta idea está dando bastante que hablar, porque la percepción sobre la IA no es la misma dependiendo del rol que ocupes dentro de la empresa. Y entender esas diferencias es fundamental para saber cómo se está usando realmente y si de verdad está cumpliendo lo que promete.
La visión de los directivos
Para muchos directivos, la IA es casi como un pequeño superpoder laboral. Según una encuesta a 5.000 trabajadores y responsables de equipo, un tercio de los ejecutivos asegura que la IA les libera entre 4 y 8 horas de trabajo por semana, y otro tercio dice que incluso les ahorra más de 8 horas. No está nada mal si lo comparamos con la percepción general de los empleados.
Pero esta mejora en productividad no solo se nota en entornos corporativos. En actividades de ocio digital como el casino online, donde la tecnología automatiza procesos y hace que todo vaya más fluido, también se aprecia cómo estas herramientas agilizan la experiencia, aunque en este caso el fin sea más lúdico que laboral.
Para los líderes, la IA ayuda con tareas de organización, redacción de documentos o análisis rápido de información. Cosas que antes podían llevar una mañana entera, ahora se resuelven en minutos, o al menos esa es la sensación que ellos transmiten.
El punto de vista de los empleados
En cambio, cuando preguntas a los empleados, el entusiasmo baja bastante. Dos de cada tres trabajadores dicen que la IA apenas les ahorra tiempo, si es que lo hace. Para muchos, lo que se “gana” con la velocidad de generación se pierde luego revisando, corrigiendo o directamente rehaciendo lo que la herramienta ha producido. Esto deja claro que, en el día a día, la IA puede ser tan útil como exigente. No siempre acierta, y los trabajadores acaban dedicando bastante tiempo a comprobar que el resultado encaja con lo que realmente necesitan.
¿Por qué tienen visiones tan diferentes?
La brecha entre lo que opinan jefes y empleados no es casualidad. Hay varios motivos que explican por qué cada grupo ve el impacto de la IA de forma distinta:
1.- Los directivos miran la IA desde arriba, aplicándola a tareas más globales o estratégicas, donde sus limitaciones pasan más desapercibidas.
2.- Los empleados la usan en tareas cotidianas, donde los fallos o imprecisiones se notan más y exigen más supervisión.
3.- La formación muchas veces brilla por su ausencia, y sin una guía clara, dichas herramientas no funcionan tan bien como podrían.
4.- Las expectativas son muy altas, y la realidad todavía está poniéndose al día.
El impacto real y hacia dónde vamos
Aunque el ahorro de tiempo no sea tan espectacular como se vende, los estudios muestran que la IA sí es capaz de aliviar ciertas tareas concretas como leer correos más rápido, redactar borradores o crear documentos base en cuestión de segundos. En este sentido, la tecnología va avanzando, y cada vez es más útil si se integra de manera correcta.
A medida que las herramientas evolucionen y las empresas adapten mejor su uso, es probable que el impacto sea mayor. Y esto no solo está ocurriendo en entornos profesionales. Incluso en experiencias interactivas de ocio, como cuando alguien juega a blackjack online y la IA participa en generar ambientes más inmersivos, se ve cómo esta tecnología se hace camino en múltiples ámbitos.
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