Fernando Reinlein, un periodista de raza
In memoriam
A Fernando Reinlein lo conocí una noche de aquellas de las de la relajación nocturna con un ‘chispín’ de whisky, incluido, después de un día intenso de calle y de redacción de la calle Cartagena, en Murcia. En aquel bar bohemio y de nocturnidad para gente del sector, en ese callejón junto a la Catedral.
Al día siguiente tomaba posesión de la nueva dirección de Diario 16 Murcia, después de la salida del primer responsable del mismo tabloide, Paco Sancho.
Un ‘personaje’ alto, muy alto, robusto, cigarro puro permanente entre sus labios y esa barba canosa pero perfecta, era la figura clásica y prototipo del periodista de las películas americanas, al menos era la descripción física de su persona.
Su más que típica intervención en su entrada a la redacción todos los días, sobre media mañana, era todo un clásico. Sin detenerse ni un segundo en ese paso más que marcial (por lo militar que fue), pero sí ojeando alrededor de lo que le permitía la vista, decía: “señores, señoras, al periódico se viene ‘cagao’, ‘meao’, con el café ‘tomao’ y leída la competencia” y sin acabar su breve y diaria arenga, terminaba, mientras accedía a su despacho: ¡¡Reuuuniooón!!
![[Img #11635]](https://elnuevodigitalmurcia.es/upload/images/01_2026/5526_reinlein.jpg)
Se trataba como en todos los periódicos del mundo, de esa reunión diaria de arranque para concretar los temas y asuntos que cada redactor llevaba y/o proponía para ser aprobado por el mismo o incluso, como director que era, encargar otros proyectos o trabajos de actualidad y distribuirlos a los distintos compañeros (o compañeras, que hay que ser preciso). En esas reuniones también surgió otra frase que quedó grabada como una lápida en las mentes de aquellos curritos que éramos muchos de nosotros: ¡Anda, no me vendas esa moto, que no cuela! Se trataba de esas propuestas que le hacíamos de reportaje, entrevista o artículo con el propósito de poder pasar el día un poco más relajado por parte de nosotros, los curritos. Con lo que por mucho énfasis y argumentos que le ‘vendiéramos’ a Reinlein, si éste no estaba convencido o no le parecía de interés regional, soltaba esa bendita frase de losa marmólea.
Que duda cabe que en mis 33 años de profesión, que no de oficio, con la persona que más aprendí este bendito trabajo fue con Fernando Reinlein. Militar que fue antes que periodista y de aquellos que hablaban de libertad y democracia en tiempos más que difíciles de los últimos años de la dictadura. Parte de su carácter procedía de esa fase de su vida anterior.
Pero de libertad, honradez, pura realidad y denunciar cualquier tipo de abusos sociales, políticos o propios por desempeñar un cargo público, era un fiel defensor, más que de la venta en sí en los quioscos. Y puedo dar fe de la ayuda y el apoyo que recibíamos de él, cuando redactores (el que suscribe, entre ellos) sacábamos a la luz pública y difundíamos a través del periódico esos abusos de poder que se producían en la Región de Murcia, durante esa media docena de años en los que permaneció Diario 16 Murcia en la calle.
A la memoria de este pedazo de periodista de raza que dignificó la profesión y nos convenció de que en este trabajo o se tiene pasión y profunda vocación o hay que dedicarse a otra distinta. D.E.P. Don Fernando Reinlein.
Linkedin: Tomás Guillén Luna


