Martes, 10 de Febrero de 2026
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Gabriel Vivancos

Nuestro perihelio

 

El pasado 3 de enero de 2026 escuché por la radio que estábamos en el perihelio del año. Fue una mención fugaz en la que simplemente se detuvieron para dar la noticia y explicar que el perihelio es el momento del año en el que la Tierra está más cerca del Sol.

 

No tengo ni idea del porqué, pero decidí ponerme a investigar un poco sobre este fenómeno que, tengo que reconocer, no conocía.

 

Descubrí que durante el perihelio estuvimos a “tan sólo” 147 millones de kilómetros del Sol. El afelio, por contra, que tendrá lugar el próximo 6 de julio, es el momento en el que la Tierra estará en el punto más lejano de su órbita elíptica. Este año nos situaremos a 152 millones de kilómetros de nuestra estrella.

 

Lo primero que pensé cuando escuché la noticia es que no entendía cómo estando la Tierra en el punto más cercano al Sol, sin embargo, hacía frío puesto que estábamos en invierno. Obviamente, este pensamiento refleja mi ignorancia astronómica, puesto que al leer sobre el asunto, aprendí que las estaciones de nuestro planeta nada tienen que ver con la cercanía al sol, sino con la inclinación del eje de la Tierra combinado con su movimiento de traslación alrededor del Sol; recordando que cuando un hemisferio (por ejemplo, el norte) se inclina hacia el Sol, recibe los rayos solares de manera más directa y durante más tiempo, resultando en días más largos y cálidos (verano). Al mismo tiempo, el hemisferio opuesto (el sur) se inclina lejos del Sol, recibiendo los rayos de forma más oblicua y por menos horas, lo que causa el invierno.

 

[Img #11725]

 

 

 

Una vez satisfecha mi curiosidad por el perihelio, archivé la información en mi cabeza hasta que el otro día, tomando café en la barra de una cafetería fuera de nuestra región, dos hombres se situaron a mi lado y pidieron su desayuno. En ese momento tomé conciencia de que probablemente estaba en mi particular perihelio respecto de ambos, puesto que posiblemente no los volvería a ver nunca. Estábamos justo en el punto más cercano de nuestras diferentes vidas y sin embargo en nada nos afectaba, tal y como pasa en el perihelio que no nos enteramos ni cuando ocurre.

 

Pocas personas en comparación con las que en algún momento tenemos contacto, influyen verdaderamente en nosotros. Nos cruzamos con miles de seres humanos a lo largo de nuestra existencia y tan sólo una mínima parte de los mismos tienen alguna repercusión en nuestras vidas, podríamos decir que son las elegidas, nuestras elegidas.

 

Esto no es ni bueno ni malo, simplemente es.

 

Ciertamente que a buen seguro, entre todas esas miles de personas que se cruzan en algún momento en nuestra vida habrá algunas que podrían aportarnos mucho y que es una pena que no podamos conocer. Pero también, con certeza nos hemos tenido que cruzar con malas gentes, incluso peligrosas y que sólo el azar ha querido que no intervengan en nuestra órbita desestabilizándonos, quién sabe si para siempre.

 

Por ello, me considero un hombre privilegiado, porque la suerte (junto con mi intuición y mi capacidad de elección) me ha rodeado de personas bondadosas e interesantes que me aportan la fuerza necesaria para sentirme bien. Son esas personas que hacen el camino contigo y lo convierten en un viaje maravilloso o al menos entretenido. Son esas personas a las que de verdad merece la pena cuidar.

 

De aquellas a las que no voy a conocer, aunque hayan estado muy muy cerca de mí, como aquellos hombres de la barra, poco puedo decir salvo que nunca sabré lo que me perdí y por tanto no me dolerá, pero por si acaso eran almas gemelas, cuando aboné mi consumición, les dediqué un consciente “hasta luego” ¡que menos!

 

Linkedin: Gabriel Vivancos

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