Martes, 17 de Febrero de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNHasta los mismísimos
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José Antonio Onsurbe

Hasta los mismísimos

 Carta abierta de un pequeño empresario cabreado (pero todavía en pie)

 

No, emprender no es una aventura romántica. No es levantarte tarde, trabajar desde una terraza con vistas al mar, con un ¨Lambo” en el garaje y facturar mientras sonríes a la cámara. Emprender, al menos para la mayoría de pequeños empresarios, es mirar el calendario fiscal con más respeto que al cumpleaños de tu suegra y aprender que el verdadero plan estratégico consiste en llegar vivo al siguiente trimestre. Parece más bien una prueba de resistencia diseñada por alguien que jamás ha tenido que pagar una nómina. El cabreo es monumental y general, no es postureo. Es la consecuencia lógica de un sistema que parece diseñado por alguien que confunde “apoyo al emprendimiento” con organizar eventos con café gratis.

 

Hay diez razones bastante claras detrás del encabronamiento colectivo. Y no, no tienen nada que ver con “no saber gestionar”, esa es la explicación simplista de aquellos que nunca han gestionado nada.

 

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 Ahí van…

 

1.- La burocracia infinita. Formularios, certificados, trámites redundantes… La sensación es que el sistema no busca ayudarte a crecer, sino comprobar cuánto estás dispuesto a sufrir antes de rendirte. ¿Queremos crear valor o completar un escape room administrativo?

 

2.- Impuestos: el éxito fiscal es sobrevivir. Se repite mucho aquello de “si ganas, pagas”. Lo curioso es que también pagas si no ganas. Hemos interiorizado que nuestra relación con la Administración es como una suscripción premium: la cuota nunca falla, aunque el servicio sí lo haga. Da igual si facturas mucho, poco o directamente estás intentando no cerrar: siempre hay un modelo trimestral esperándote. *Por cierto, la cuota de la seguridad social se ha convertido en un impuesto al trabajo.

 

3.- La legislación. Cuando por fin entiendes una norma, aparece una modificación urgente, un cambio interpretativo o una nueva obligación digital. Hay políticos que parece que se aburren y tienen que estar cambiando las normas para “dejar su meadita”, dictan y cambian normas sin ningún sentido.

 

4.- ¿Necesitas financiación? Perfecto, trae garantías que demuestren que no la necesitas. En teoría, hay ayudas, líneas de crédito y apoyo institucional. En la práctica, te piden garantías que solo tendrías si ya fueras grande. Es como pedirle a alguien que demuestre que sabe nadar antes de dejarle acercarse al agua.

 

5.- Competir con gigantes que juegan con otras reglas. Mientras la pyme calcula el IVA al céntimo, las multinacionales juegan en otra liga. El pequeño empresario compite contra estructuras optimizadas al milímetro por despachos internacionales, mientras él intenta entender la última notificación de Hacienda sin perder los nervios.

 

6.- Talento difícil de atraer y más difícil de retener. Atraer profesionales cualificados con recursos limitados es casi un milagro. Las grandes empresas ofrecen estabilidad; las pequeñas ofrecen pasión… y facturas que pagar. ¡Intenta fichar a una estrella del fútbol con presupuesto de equipo regional!

 

7.- Digitalización obligatoria. Factura electrónica, automatización, redes sociales, inteligencia artificial. Todo suena fantástico hasta que descubres que nadie te explica cómo hacerlo sin convertirte en informático nocturno y betatester involuntario. La transformación digital es fantástica… sobre todo para quienes tienen departamentos enteros para ello.

 

8.- Clientes que quieren precio de saldo y servicio premium. El cliente moderno quiere rapidez, personalización, calidad premium y precio mínimo. El empresario sonríe, ajusta márgenes y cruza los dedos para que el esfuerzo se traduzca en fidelidad… o al menos en una reseña positiva.

 

9.- Conciliación. Esa palabra que luce tan bien en conferencias y suena fantástica en LinkedIn. La realidad del emprendedor es otra: mensajes fuera de horario, urgencias en festivos y la sensación constante de que el negocio depende de que nunca desconectes del todo.**Nota aparte requeriría la situación del trabajador autónomo respecto al por cuenta ajena.

 

10.- El relato público del empresario como sospechoso habitual. Un villano de serie B, un privilegiado. Si le va bien, algo raro -o peor- habrá hecho. Si le va mal, es culpa suya por “no adaptarse”. Una narrativa simplista que ignora la complejidad de crear y mantener una empresa en un entorno cambiante.

 

 

Aun así, cada mañana alguien levanta la persiana. No porque el sistema lo aliente ni lo facilite, quizá porque emprender tiene algo de vocación, algo de locura… y bastante de resiliencia. Porque detrás de cada negocio hay una historia personal, un riesgo real y una voluntad de construir algo propio.

 

Yo me pregunto y os pregunto: ¿cuántos proyectos se dejarán de intentar antes de que alguien entienda que el problema no es la falta de espíritu emprendedor, sino el exceso de obstáculos innecesarios?

 

Esta no es una carta para pedir privilegios. Es una llamada a la coherencia. A entender que apoyar al pequeño empresario no significa aplaudirle en eventos, sino crear un entorno donde el esfuerzo tenga sentido y las reglas sean claras.

 

Mientras tanto, los pequeños empresarios seguiremos haciendo lo que llevamos años haciendo: resistir, adaptarnos y seguir adelante. No porque sea fácil, ni porque esté de moda, sino porque, a pesar de todo, todavía creemos que merece la pena intentarlo una vez más.

 

Linkedin: José Antonio Onsurbe

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