Sánchez pacifista y España irrelevante en seguridad
Gracias a Pedro Sánchez, España es irrelevante y aliado poco fiable porque no define una estrategia clara de defensa, mantiene un gasto militar bajo respecto a los compromisos de la OTAN, y ha protagonizado decisiones que generan desconfianza entre sus socios, como la autorización de infraestructura 5G de Huawei pese a las advertencias de seguridad transatlántica. Además, los aliados critican con frecuencia la inconsistencia en compromisos internacionales, la falta de liderazgo operativo y la retórica moral que no se traduce en acción concreta.
En un continente donde la supervivencia se construye con capacidad y credibilidad, España observa desde el púlpito mientras Europa se rearma y se organiza: Sánchez ha convertido a España en un aliado poco fiable y estratégicamente irrelevante.
Nuestros aliados observan con mezcla de paciencia y incredulidad: hablan de rearme, de paraguas nucleares europeos y de cooperación estratégica, mientras Pedro el Pacifista despliega discursos morales que no protegen a nadie. En el gran teatro de la supervivencia continental, España ocupa una butaca en el gallinero… para mirar y no actuar, y Sánchez se convierte en el predicador que ensalza la paz mientras la Europa real se rearma sin él.
En la Cumbre de Seguridad de Múnich 2026, Pedro Sánchez se elevó sobre el escenario con la solemnidad de un predicador universal, proclamando que el rearme nuclear global es “un error histórico”. Citó a Reagan: “una guerra nuclear no se puede ganar”, advirtió sobre los riesgos de la inteligencia artificial y abogó por un “rearme moral” europeo. Todo correcto… en el papel de un aula pacifista, pero peligrosamente ingenuo ante el tablero real del mundo.
Porque el rearme nuclear no es un capricho, ni una entelequia ética. Es consecuencia de la erosión del orden internacional y de la brutal realidad: Rusia amenaza con armas nucleares no por romanticismo soviético, sino por cálculo. Una frase de Moscú puede inmovilizar a toda Europa sin que un solo misil sea lanzado, y la respuesta no es recitar axiomas, sino articular credibilidad estratégica. Aquí Sánchez predica y Europa se rearma. Aquí España se limita a ser un espectador de lujo en el gran drama continental.
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Mientras Sánchez denunciaba el rearme como pecado, Alemania, el país más prudente ante todo lo nuclear, iniciaba conversaciones serias con Emmanuel Macron sobre una arquitectura europea de disuasión nuclear. No hablamos de bombas alemanas; hablamos de un paraguas europeo, un seguro estratégico que no dependa del humor electoral estadounidense. Macron propone abrir la “dimensión europea” de la fuerza nuclear francesa, y Berlín responde con interés y cautela histórica: Alemania quiere garantías políticas y estratégicas para toda Europa.
El debate ya no es cuánto gasta Europa en defensa. Es: ¿puede Europa sobrevivir si Estados Unidos se vuelve transaccional o distraído? Y la respuesta brutal: sin disuasión creíble, Europa está desarmada, no solo militarmente, sino política y económicamente. Polonia, los países bálticos y, hasta cierto punto, el Reino Unido, toman nota y participan activamente del debate. España, en cambio, se limita a decir que “el rearme nuclear es un error”, mientras el continente reconfigura su seguridad frente a Rusia.
Alemania actúa con prudencia, cumpliendo su encadenamiento legal: Tratado de No Proliferación Nuclear (1968), Tratado Dos más Cuatro (1990), Acuerdos de París (1954), Tratado de Bruselas modificado y la Ley Fundamental (Grundgesetz). Todo ello para explorar un paraguas nuclear europeo sin violar tratados ni la OTAN. España, en cambio, parece creer que la solemnidad verbal basta para reemplazar la estrategia.
Francia lidera, Alemania explora, Polonia y los bálticos empujan y el Reino Unido observa con interés. España… predica desde el púlpito de Múnich, con nobleza verbal, pero sin influencia, sin credibilidad y sin relevancia estratégica. Así, la historia registra que cuando Europa decidió moverse hacia la supervivencia, Sánchez eligió la retórica. Un ejemplo perfecto de la divergencia entre idealismo discursivo y necesidad geopolítica.
Las críticas implícitas de los Aliados a Sánchez
Los principales críticos de Sánchez en este contexto europeo y de seguridad son líderes y actores políticos que representan los intereses estratégicos y de defensa creíbles, y sus críticas se centran en la inconsistencia, la falta de compromiso operativo y la retórica vacía de Sánchez: Friedrich Merz (Alemania, Canciller). Implícitamente critica la falta de liderazgo y claridad española en defensa y disuasión. Señala que Europa necesita compromiso concreto, no discursos morales.
Manfred Weber (Presidente del PPE en el Parlamento Europeo). Critica la respuesta débil o inconsistente de gobiernos europeos, incluida España, ante amenazas estratégicas.
Donald Tusk (Polonia, Primer ministro). Señala que los países que no participan activamente en seguridad europea, son menos confiables.
Países bálticos (Estonia, Letonia, Lituania). Respaldan la iniciativa de Macron y Alemania. Perciben a España como un socio que no contribuye de manera decisiva a la seguridad colectiva.
Estados Unidos (funcionarios de seguridad y diplomáticos) Observan con preocupación la dependencia excesiva de España en la retórica y su gasto limitado en defensa. Señalan que, frente a amenazas concretas como Rusia, la credibilidad y la acción son más importantes que la moralización.
Susi Dennison – European Council on Foreign Relations (ECFR, Bruselas) Ha señalado que España mantiene un enfoque demasiado discursivo, con retórica pacifista que no se traduce en capacidad militar ni liderazgo operativo. Critica la falta de contribución activa de España en operaciones europeas y de la OTAN.
Katrin Geyer – Stiftung Wissenschaft und Politik (SWP, Berlín) Experta en seguridad europea y OTAN. Advierte que la inconsistencia en gasto y prioridades de defensa de España limita su influencia frente a socios que toman decisiones estratégicas.
Rafael Bardají – Instituto Elcano (Madrid) Aunque español, analiza desde perspectiva europea. Subraya la desconexión entre discurso moral y capacidad militar, lo que hace a España un actor de menor peso en debates de seguridad.
Nato Defense College – Análisis de la OTAN (Roma) Los informes internos y publicaciones públicas del NDC destacan que España no ha mostrado liderazgo operativo en misiones conjuntas y que su gasto en defensa sigue siendo bajo respecto al 2% del PIB recomendado, limitando su voz en decisiones estratégicas.
Analistas de la Fundación Robert Schuman (París). Señalan que España carece de una estrategia clara de defensa propia, confiando demasiado en alianzas, y que su combinación de discurso pacifista y gasto limitado reduce su peso en la seguridad europea.
En conjunto, estos expertos coinciden en que España mezcla mensajes pacifistas con inversión insuficiente, no lidera operaciones y aporta fuerza limitada, lo que la hace irrelevante en decisiones estratégicas europeas, especialmente en debates sobre disuasión nuclear o autonomía de defensa frente a amenazas como Rusia.
En resumen, Sánchez es criticado por su retórica moral frente a la acción concreta de Europa, dejando a España como un aliado educado, pero poco fiable y estratégicamente irrelevante.
El giro histórico que Sánchez ignora: Alemania empieza a mirar el “tabú nuclear” europeo
Aquí aparece la gran contradicción, el punto que deja a Sánchez fuera del consenso realista emergente. Mientras Sánchez hablaba contra la carrera nuclear como si bastara un manifiesto para detenerla, Alemania empezaba a explorar precisamente lo que durante décadas fue impensable: una arquitectura europea de disuasión nuclear. Esto no es un rumor. Es un hecho político de primera magnitud: Berlín —el país más sensible del continente a todo lo nuclear por razones históricas y culturales— ha comenzado a considerar la posibilidad de dotar a Europa de un marco de disuasión menos dependiente de Estados Unidos. Y eso conecta directamente con la propuesta de Emmanuel Macron: abrir la “dimensión europea” de la fuerza nuclear francesa, la famosa force de frappe.
Alemania no quiere bombas alemanas. Alemania quiere algo más sofisticado e inquietante: garantías políticas y estratégicas europeas, un paraguas que no dependa del humor electoral de Washington. Esto es crucial. Porque significa que el debate ha cambiado de nivel.
Antes, la cuestión era: “¿gasta Europa más en defensa?”. Ahora, la cuestión es: “¿puede Europa garantizar su existencia si Estados Unidos se vuelve transaccional o distraído?”
Y cuando se formula así, la respuesta es brutal: sin disuasión creíble, Europa es vulnerable. Vulnerable no solo militarmente, sino políticamente, psicológicamente, económicamente.
Sánchez en Múnich hablaba como si la disuasión nuclear fuera un pecado. Los demás líderes empiezan a hablar como si la disuasión nuclear fuera un seguro. La diferencia no es moral. Es de supervivencia.
Emmanuel Macron: un paraguas nuclear europeo
El presidente francés Emmanuel Macron ha planteado públicamente que Europa debe “rediseñar su seguridad” y que esto puede requerir una “disuasión nuclear holística” compartida por aliados europeos, no solo por Francia.
En la Cumbre de Seguridad de Múnich 2026, Macron explicó que la arquitectura de seguridad actual “no funcionará en el futuro” y que Europa deberá definir sus propios parámetros estratégicos, incluyendo una cooperación más estrecha en defensa nuclear con socios europeos. El núcleo de su propuesta no es la proliferación de armas nucleares nuevas en Europa, sino un debate estratégico y técnico sobre cómo utilizar o articular la fuerza nuclear francesa en beneficio de toda Europa ante amenazas de alto nivel, especialmente la de Rusia.
Alemania ha iniciado conversaciones
El rol de Alemania es central en este debate por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial. Friedrich Merz, canciller de Alemania, dijo en Múnich que ha iniciado conversaciones con Macron sobre una posible disuasión nuclear europea.
Merz dijo que estas conversaciones son preliminares y no implican decisiones inmediatas, pero marcan un cambio estratégico: Alemania quiere explorar cómo Europa podría tener un paraguas nuclear compartido, complementario al existente dentro de la OTAN.
Merz fue aún más explícito semanas antes (enero 2026) cuando dijo que Alemania está “explorando un paraguas nuclear compartido con aliados europeos” como respuesta al contexto de tensión transatlántica y la percepción de menor fiabilidad futura del compromiso estadounidense.
Alemania legalmente no puede producir armas nucleares
Alemania no pretende (y legalmente no puede) producir armas nucleares propias debido a tratados internacionales y acuerdos de posguerra. La discusión es sobre cómo articular la protección proporcionada por Francia (y potencialmente el Reino Unido) para fortalecer el marco europeo de seguridad sin erosionar la OTAN.
Alemania está jurídicamente encadenada por varios compromisos internacionales y constitucionales: el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP, 1968), que le prohíbe adquirir o fabricar armas atómicas como Estado no nuclear; el Tratado sobre el Arreglo Definitivo respecto a Alemania (“Tratado Dos más Cuatro”, 1990), que selló la reunificación reafirmando la renuncia alemana a armas nucleares; los acuerdos de posguerra que estructuraron su rearme bajo control occidental, en particular los Acuerdos de París (1954) y el Tratado de Bruselas modificado, marco de la Unión Europea Occidental; y la propia Ley Fundamental de Alemania (Grundgesetz), que limita la militarización ofensiva y refuerza el compromiso del país con la paz y el derecho internacional. Por eso Berlín no habla de una bomba alemana, sino de explorar la propuesta de Macron: articular la disuasión francesa —y eventualmente británica— como paraguas europeo complementario, reforzando la seguridad continental sin romper ni la OTAN ni los marcos legales y constitucionales que delimitan su acción.
Además de Merz, figuras como Manfred Weber, presidente del Partido Popular Europeo (EPP) en el Parlamento Europeo, apoyaron explícitamente la idea de Macron de debatir una disuasión nuclear europea, criticando al gobierno anterior de Olaf Scholz por no responder con urgencia. Weber señaló que la oferta de Macron debe ser discutida abiertamente y que la seguridad de Europa está en juego.
Polonia, Países bálticos y Reino Unido expresan interés por el paraguas nuclear europeo
Polonia. El primer ministro de Polonia, Donald Tusk, ha dicho que se debe “tomar muy en serio” la idea de Macron sobre usar la disuasión francesa para proteger a Europa en su conjunto. Polonia, debido a su ubicación geográfica y amenaza directa de Rusia, ve este debate como parte de fortalecer la disuasión “más allá de la OTAN tradicional”.
Países bálticos (Estonia, Letonia, Lituania). Aunque no siempre hay declaraciones individuales de cada líder báltico, estos países han mostrado apoyo político a iniciativas que refuercen la protección colectiva europea y la disuasión contra Rusia. Este respaldo se alinea con la posición polaca y con la propuesta de Macron cuando fue presentada antes de Múnich.
Reino Unido. Si bien el Reino Unido no es un miembro de la UE, también ha mostrado interés en cooperaciones nucleares occidentales más amplias, y existen informes de acercamientos entre Francia y el Reino Unido sobre cooperación nuclear para la defensa europea.
La idea de un “paraguas nuclear europeo” ya no es un discurso marginal o simplemente teórico: está siendo discutida por principales líderes europeos, con Francia como motor, Alemania como socio explorador y países del este como interesados clave. Esta conversación refleja un cambio estratégico profundo en Europa: pasar de la dependencia exclusiva de Estados Unidos a una arquitectura de seguridad donde Europa asuma más responsabilidad real y tangible, incluyendo la disuasión nuclear compartida.
Sánchez Predicador de la Paz y responsable de la irrelevancia de España
Y así termina la era de la retórica inoperante. Sánchez, predicador de la paz, deja a España en el palco de observadores, con nobleza verbal, pero sin músculo ni influencia, mientras Europa se rearma, se organiza y asegura su supervivencia. Se despide un liderazgo que confundió el discurso con la estrategia, la solemnidad con la eficacia y la moral con la credibilidad. Que se recuerde: en la historia de la seguridad europea, España bajo Sánchez no será un actor, sino un testigo; un aliado que prometía palabras y entregaba irrelevancia; un socio que enseñó cómo se predica la paz mientras se evade la responsabilidad de defenderla. La deriva sanchista queda así sepultada entre las decisiones audaces de Macron, Merz, Tusk y otros líderes de los países nórdicos y bálticos, dejando un obituario claro: el idealismo sin acción se convierte, inevitablemente, en irrelevancia.



