Viernes, 20 de Febrero de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNTráeme una canción que me devuelva a mi infancia. La historia de Nightnoise
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Rafael García-Purriños

Tráeme una canción que me devuelva a mi infancia. La historia de Nightnoise

 

La historia de hoy comienza en dos lugares separados por un océano de agua y de tradiciones: Portland, Oregon, y la cultura musical de inspiración céltica.

 

A comienzos de los años ochenta, Mícheál Ó Domhnaill, guitarrista irlandés con raíces profundas en la música tradicional, miembro de bandas legendarias como The Bothy Band, estaba buscando un nuevo camino después de la disolución de ese grupo, uno de los renovadores de la música celta en los setenta.

 

En Portland conoció a Billy Oskay, estadounidense nacido en Kingston (Nueva York) violinista de sólida formación clásica y una sensibilidad especial para la melodía y la improvisación.

 

Virtuoso, con una técnica impecable y especializado en música de cámara, representaba un mundo musical que parecía muy lejano al de Ó Domhnaill. Uno venía del folk irlandés, el otro, del conservatorio. Lo lógico habría sido que no encajaran. Pero encajaron.

 

Se pusieron a tocar, a improvisar, a dejar que las melodías volaran entre guitarra y violín, y pronto se dieron cuenta de que habían encontrado algo único: una música que unía la tradición irlandesa con el jazz suave, la sensibilidad y la elegancia clásica y una atmósfera tranquila, llena de espacio, aire y reflexión.

 

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Esas sesiones, grabadas en casa de Billy llegaron a oídos de William Ackerman, fundador del sello Windham Hill Records, que vio en ese sonido algo diferente, algo nuevo.

 

Todo cristalizó en el álbum Nightnoise, de 1984, considerado el precursor de ese estilo musical llamado New Age.  Música sin prisa, delicada, intimista, cargada de nostalgia y belleza.

 

Lo que empezó como una colaboración entre dos talentos no tardó en convertirse en algo más. Se unieron al grupo Tríona Ní Dhomhnaill, hermana de Mícheál, pianista, vocalista y multiinstrumentista, con historial en bandas como Skara Brae, Relativity y también The Bothy Band; y el virtuoso de la flauta Brian Dunning, que también era un notable clarinetista, con una sensibilidad jazzística que encajó a la perfección en el sonido que estaban construyendo. El cuarteto desprendía una química muy especial.

 

Nightnoise no hacía música de inspiración celta para turistas. No hacía new age para el escaparate de la típica tienda esotérica, de velitas y amuletos. No hacía jazz suave para subir y bajar en un ascensor, ni para la sala de espera de un dentista. Creaba música que invita a dejarse llevar por mundos sonoros surgidos de la niebla, de la lluvia, del verde de los paisajes atlánticos, de las melodías clásicas, elegantes y evocadoras. Música concebida para acompañar, para no invadir, para dejar pensar.

 

Esta formación publicó su primer álbum conjunto, Something of Time, en 1987, seguido por At the End of the Evening (1988) y The Parting Tide (1990), la trilogía clásica, maestra, que se completa a lo largo de casi dos décadas, con otros títulos notables como Shadow of Time (1993), A Different Shore (1995) o The White Horse Sessions (1997), un álbum que mezcla grabaciones en vivo con material de estudio, en el que la banda logra un equilibrio impresionante entre precisión técnica, elegancia, belleza y emoción.

 

Tras el recopilatorio de cierre de época A Windham Hill Retrospective (1992), que resumía el debut y esa magistral trilogía, Oskay decidió dejar la banda. En su lugar entró el violinista Johnny Cunningham, ex integrante del influyente grupo escocés Silly Wizard, que aportó una sensibilidad más tradicional sin perder la esencia melódica que caracterizaba al sonido Nightnoise.

 

The White Horse Sessions marcó el cierre de la etapa principal, aunque la banda grabó material adicional para compilaciones y proyectos paralelos hasta 2003. Al poco tiempo de su disolución, la vida les fue arrebatando a algunos de sus protagonistas: Johnny Cunningham falleció en 2003, Mícheál Ó Dhomhnaill en 2006, y otros miembros en años posteriores.

 

Lo que quedó es un repertorio de enorme belleza: piezas donde el violín flota, el piano acompaña, la flauta susurra y la guitarra se despliega como una brisa suave. La música de Nightnoise no busca impresionar con virtuosismo técnico. Invita a escuchar casi con los cinco sentidos, con la respiración, con el silencio.

 

Y quizá por eso, pese a que nunca alcanzaron la popularidad masiva de otros géneros, inspiraron a toda una generación de músicos, conectando tradición con experimentación, y acercando a muchos oyentes a un mundo donde la música tradicional puede coexistir con el jazz y la música de cámara sin dejar de sonar a mar, a brisa, a niebla, a verde, a océano atlántico.

 

Les define el título de su canción 'Toys Not Ties'. Juguetes, no corbatas. Toda una declaración de resistencia. Negarse a que la música se convierta en obligación, en negocio, en rutina adulta. Defender el derecho a seguir jugando. A seguir siendo sorprendidos. A seguir mostrándose vulnerables.

 

Como Brian Dunning, no quiero que los Reyes Magos me traigan corbatas envueltas en papel serio. Quiero que me sigan dejando melodías. Canciones que pueda desmontar y volver a montar como los juguetes cuando era niño. Como Nightnoise, quiero jugar con la música.

 

Y que, de vez en cuando, alguien me traiga una melodía que me recuerde quién soy.

 

Y de dónde vengo.

 

Y que, como las canciones bonitas, estamos hechos para la eternidad.

 

Linkedin: Rafael García-Purriños

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