Martes, 03 de Marzo de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNLo que nadie te explica de tu primer trabajo
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María López Martínez

Lo que nadie te explica de tu primer trabajo

 

Cuando empiezas tu primer trabajo no te suelen advertir de lo que se espera de ti. Sales de la universidad con conocimientos, con teoría, incluso con buenas notas y todo. Pero fuera del aula se siente distinto.

 

Recuerdo llegar a la oficina con mi ordenador personal bajo el brazo. Me enseñaron las instalaciones, me asignaron un responsable y pasé horas leyendo repositorios de GitHub, una plataforma donde los desarrolladores compartimos código, para entender el contexto del proyecto. La primera semana fue así: observar, absorber e intentar conectar piezas. Y, en medio de todo eso, preguntarme en silencio si realmente estaba preparada para esto.

 

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Esa sensación no era nueva. Al terminar la carrera, el síndrome del impostor fue tan grande que, en lugar de lanzarme directamente al mercado laboral, decidí cursar otro máster porque sentía que todavía no era suficiente.

 

En la universidad casi todo sigue un guion: temarios, fechas cerradas, criterios claros... En el trabajo no siempre es así. Las tareas pueden ser abstractas, los plazos ajustados y muchas decisiones hay que tomarlas sin disponer de toda la información. Aprendes pronto que la certeza absoluta casi nunca existe.

 

En mi caso, además, me contrataron como 'experta en IA'. Suena muy bien hasta que recuerdas que en la carrera nunca habíamos desplegado un modelo en producción. Sabíamos crearlos y entrenarlos, pero no convertirlos en servicios reales ni integrarlos en aplicaciones web reales. Eso lo aprendí allí, sobre la marcha.

 

A las pocas semanas empecé también a coordinar a personas en prácticas. Sin apenas darme cuenta, asumí un rol de responsabilidad. Tenía que organizar tareas, tomar decisiones y ofrecer seguridad cuando yo misma estaba aprendiendo. Fue ahí cuando entendí que liderar no es tener todas las respuestas, sino saber acompañar procesos, incluso mientras tú atraviesas el tuyo.

 

Hubo momentos de duda. Pedía consejo a compañeros con más experiencia. Aprendí a gestionar la frustración, a convivir con errores y a dejar de lado el perfeccionismo. En entornos reales, el cliente cambia requisitos, surgen imprevistos y la incertidumbre no desaparece. Se aprende a trabajar con ella. A veces recordaba lo que un compañero me contó sobre la película Trece días: las decisiones importantes rara vez vienen acompañadas de certezas. Aún tengo pendiente verla.

 

Y quizá esa fue la mayor lección.

 

Más allá de lo técnico, el aprendizaje ha sido personal: paciencia, resiliencia, responsabilidad y la capacidad de decidir incluso con inseguridad. Entender que no saberlo todo no te invalida, te obliga a crecer.

 

No creo que la universidad nos prepare mal; simplemente nos prepara para una etapa distinta.  El trabajo es otra escuela, una donde el examen es continuo y el aprendizaje también.

 

Si pudiera hablar con la María de hace dos años, la que dudaba de todo, le diría que confíe. Que el camino no siempre será fácil ni lineal, pero que cada paso la está acercando a un lugar donde se sentirá más segura, más serena y orgullosa de lo que ha construido.

 

El primer trabajo no es el lugar donde demuestras quién eres, sino el lugar donde empiezas a construirlo.

 

Linkedin: María López Martínez

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