Los mitos fundacionales del sanchismo (IV). Del 36 al lawfare: cómo se fabrica el enemigo permanente
Todo proyecto de poder que aspire a durar necesita un enemigo. El sanchismo lo ha encontrado en una construcción eficaz: la continuidad moral del 36 apoyada en las vengativas y sectarias leyes de la "Memoria Histórica y Democrática". Una España reaccionaria, autoritaria y conspiradora que, según el relato oficial, muta de forma pero no de esencia.
Hoy ya no hace falta un golpe militar. Basta con el concepto comodín: 'lawfare'. Jueces que investigan, fiscales que acusan, periodistas que publican o partidos que discrepan pasan a ser parte de una conspiración sistémica contra la democracia. El adversario político es degradado a enemigo del pueblo por decisión del Gobierno.
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El mecanismo es viejo y peligroso: deslegitimar cualquier límite al poder presentándolo como ataque antidemocrático. Igual que en el relato del 36, la complejidad desaparece y solo queda la moralización extrema.
Así se justifica la colonización institucional, el desprecio al Parlamento y a la Monarquia, la presión sobre la justicia y el señalamiento del disidente. Todo en nombre de una democracia que, de modo paradójico, necesita cada vez menos controles.
El pasado ya no se estudia: se usa y se crea a gusto y conveniencia del Ejecutivo. Y se usa para fabricar un presente sin alternancia real, donde la crítica es sospechosa y la oposición, ilegítima.
La lección final es clara: los mitos no sirven para entender la historia, sino para manipular el poder. Y cuando un Gobierno necesita reescribir el pasado para justificar el presente, es que algo profundamente falla en su proyecto.
Linkedin: Pedro Manuel Hernández López



