Viernes, 06 de Marzo de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNSuzi Quatro: la bajista que derribó las puertas del rock
  • Buscar
Rafael García-Purriños

Suzi Quatro: la bajista que derribó las puertas del rock

 

En Detroit, a comienzos de los sesenta, había fábricas, humo, coches saliendo de las cadenas de montaje, clubes, música… y una niña mirando cómo su padre afinaba instrumentos en el salón de casa.

 

Se llamaba Susan Kay Quatro y todavía no sabía que iba a dinamitar el imaginario del rock, rompiendo todos los techos de cristal a golpes de bajo.

 

Había nacido en 1950, en una familia italoamericana donde la música se llevaba en la sangre. Su padre tocaba en bandas de jazz; en casa había ensayos, risas, canciones. Suzi empezó con el piano, probó la percusión… hasta que un día se colgó un bajo casi más grande que ella. Un instrumento pesado, eléctrico, territorial.

 

[Img #11968]

 

En 1964, con apenas catorce años, formó junto a sus hermanas The Pleasure Seekers. Eran chicas jóvenes tocando rock en una ciudad industrial dominada por hombres. No eran de adorno. Tocaban de verdad. Ensayaban de verdad. Se subían a escenarios donde los promotores no sabían si reírse o aplaudir. A veces hacían ambas cosas.

 

En Detroit aprendió dos cosas: que el talento no siempre basta y que el prejuicio es un enemigo silencioso. En los clubes, las presentaban como una curiosidad. 'Las chicas que tocan'. No 'la banda'. No 'los músicos'. Las chicas. Suzi ya empezaba a entender que si quería respeto tendría que imponerse con carácter, y con volumen.

 

En una de sus actuaciones, el productor Mickie Most la ve y detecta algo más que actitud. Le propone marcharse a Inglaterra. 1971. Tiene 21 años. Cruza el Atlántico sola.

 

Londres en los primeros setenta hervía. Glam, lentejuelas, maquillaje, Bowie, T. Rex… y en medio de ese carnaval aparece una mujer bajista, líder, vestida de cuero negro de pies a cabeza. No era una fantasía andrógina decorativa. Era poderosa, desafiante. Su imagen, con su mono de cuero ajustado, su bajo colgado a la altura de la cadera, su postura abierta, un poco a lo Johnny Ramone, no pedía permiso. Marcaba el territorio.

 

En 1973 publica 'Can the Can'. Número uno en Reino Unido. Luego '48 Crash'. Después 'Devil Gate Drive'. En Australia arrasa. En Europa arrasa. Suzi canta desde el frente, marcando el ritmo con el bajo como si estuviera clavando una bandera en el escenario. El público no sabe muy bien qué hacer al principio, pero termina rindiéndose.

 

En directo era un auténtico cañonazo. Plantaba las botas, bajaba el bajo hasta la cadera y clavaba la mirada en el público con una mezcla de desafío y dominio absoluto del escenario. Tocaba con el cuerpo entero. Cada golpe de púa tenía intención. Era pura electricidad.  Pequeña de estatura, gigantesca en presencia. Cuanto más intentaban reducirla a 'una chica que toca', más evidente resultaba que estaban ante una líder rockera, carismática.

 

En un mundo donde el rock duro era territorio masculino, ella no era la novia del guitarrista, ni la vocalista florero. Era el motor. Años después, mujeres como Joan Jett reconocerían que verla fue entender que era posible.

 

Pero el éxito tiene trampas. En 1978 publica 'Stumblin’ In', con Chris Norman, de Smokie. La canción es melódica, romántica, luminosa. Y funciona: top 5 en Estados Unidos, éxito mundial. De pronto, Suzi suena en radios que jamás habrían programado sus riffs más duros. Gana un público nuevo. Y pierde parte del antiguo.

 

Algunos seguidores rockeros la miran con desconfianza. Demasiado dulce. Demasiado accesible. Como si una mujer fuerte no pudiera permitirse una canción tierna. Como si el éxito popular fuese traición. Ella aguanta. Porque sabe que se puede ser rockera, ser eléctrica y emocionar. Vuelve al cuero negro, y publica una declaración de principios, un cañonazo: Rock Hard.

 

En paralelo, su papel como Leather Tuscadero en la serie Happy Days amplía todavía más su fama. Pero también alimenta las burlas. La encasillan. La reducen. Se ríen de su estatura, de su acento, de su imagen. La ridiculización es una forma traicionera de intentar domesticar lo que incomoda.

 

Y lo que incomodaba de Suzi no era su música. Era su fuerza, su presencia.

 

Mientras otros ídolos caían víctimas de excesos o modas, ella seguía girando. Grabando. Resurgiendo cuando muchos la daban por amortizada. Recuperando al público rockero sin pedir disculpas por haber sido romántica.

 

Pasaron las décadas. El glam murió y resucitó varias veces. Llegaron el punk, el grunge, el britpop. Y ella seguía ahí, a veces lejos del foco mediático, pero siempre activa. Más de cincuenta millones de discos vendidos en el mundo.

 

Y ahora, a sus 75 años, Suzi Quatro está a punto de publicar nuevo disco.

 

No fue solo una pionera. Fue una mujer joven que se atrevió a ocupar un lugar que no estaba reservado para ellas. Fue una artista que soportó risas, condescendencia y etiquetas. Fue una estrella que probó el éxito masivo y pagó el precio.

 

Cuando hoy vemos a una mujer liderando una banda de rock sin que nadie lo considere extraño, hay una línea invisible que nos lleva hasta aquella chica de Detroit enfundada en cuero, clavando los pies en el escenario y diciendo, sin palabras: aquí estoy.

 

Linkedin: Rafael García-Purriños

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.