Miércoles, 11 de Marzo de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNÉtica protestante y fuga de capitales en un pasaje de El Quijote
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Alberto Hernández Moreno

Ética protestante y fuga de capitales en un pasaje de El Quijote

 

Pocos libros tan fáciles de refutar han perdurado tanto en la mentalidad colectiva como La ética protestante y el espíritu del capitalismo del politólogo  alemán Max Weber. Escrito entre 1904 y 1905, se considera la obra fundacional de la sociología económica, y su tesis, demasiado simplista, sigue sonando hoy como un eco incuestionable: el capitalismo de la Europa septentrional se desarrolló más que en la meridional porque la ética protestante del trabajo lo dignificó como un imperativo de Dios, y dignificó a cualquiera que lo ejerciese. El mundo católico, por el contrario, despreció la laboriosidad individual, y prácticas como el ejercicio de la caridad o el mecenazgo artístico y literario contribuyeron a que en él no se generase riqueza.

 

Un pasaje de la segunda parte de El Quijote pone en entredicho prolépticamente la tesis de Weber mediante un episodio que tradicionalmente se ha interpretado en clave social y no económica. Se trata del encuentro entre Sancho y su antiguo vecino, el morisco Ricote, en el capítulo LV. Ricote es uno de los trescientos mil moriscos que fueron expulsados de España entre 1609 y 1613 debido a causas diversas: la difícil asimilación de un colectivo que solía vivir de forma cristiana sólo en apariencia, la sublevación de las Alpujarras o su actitud quintacolumnista en pleno apogeo de los otomanos en el Mediterráneo. Sancho se topa con Ricote y le cuesta reconocerlo porque va disfrazado de peregrino mendicante junto a cinco alemanes. El morisco, en efecto, marchó a Alemania incluso antes del decreto de expulsión en busca de un nuevo hogar para su familia: "llegué a Alemania, y allí me pareció que se podía vivir con más libertad, porque sus habitadores no miran en muchas delicadezas: cada uno vive como quiere, porque en la mayor parte della se vive con libertad de conciencia".

 

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Ahora bien, en la España del siglo XVII tal libertad de conciencia era algo peyorativo, ya que se asociaba a permisividad y falta de rectitud. Es la libertad protestante que permitía hacer lo que cada uno quiera dentro de su cabeza, pero fuera, lo que le ordenasen los príncipes luteranos, los clérigos calvinistas o el rey anglicano. Ricote cuenta que ha vuelto clandestinamente a España para desenterrar un tesoro que dejó oculto en su aldea antes de salir al destierro. Y es que a los moriscos se les prohibió sacar de España moneda, y llevarse oro y joyas únicamente si depositaban la mitad de su valor al fisco. Ricote propone a Sancho ayudarle a sacar sus bienes del país, pero éste último se niega. Sancho, pese a su simplicidad, sabe que estaría ayudando a la comisión de un [Img #11996]delito de fuga de capitales, cuyas consecuencias eran y siguen siendo las mismas que en el presente: devaluación de la moneda, reducción de las reservas del país, disminución de la inversión y aumento de la pobreza. Los falsos peregrinos que acompañan a Ricote hacen lo mismo: las limosnas que reciben en España las pasan de contrabando a Alemania. Y en este punto uno se pregunta en qué queda la tesis de Weber sobre la prosperidad del mundo protestante y la pobreza del mundo católico, si son los alemanes los que vienen a España a esquilmar sus riquezas. Y cómo salen de una comparación la España de Felipe II, la Venecia de los dux o la Francia de Luis XIV, con los estados escandinavos o alemanes, que seguían viviendo en una Edad Media feudal en pleno siglo XVII. Por tanto, leamos más a nuestros clásicos literarios, y menos a autores cargados de prejuicios tan difíciles de eliminar.

 

 

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