Martes, 10 de Marzo de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNLos jóvenes y la pirámide de Maslow
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Gabriel Vivancos

Los jóvenes y la pirámide de Maslow

 

Hace una semana escuché en la radio que de nuevo ha vuelto a subir el porcentaje de jóvenes que presentan trastornos mentales relacionados con la ansiedad y la depresión. Al parecer, se ha incrementado en torno a un 30% en los últimos años. Este problema afecta más a las chicas que a los chicos, incluso ellas lo somatizan el doble que ellos.

 

Lo cierto es que el dato no me sorprende porque lo veo en mi día a día. Hace unos años, cuando escuchaba tantos nuevos diagnósticos a mi alrededor, pensaba que más se debía a que ahora se etiqueta con nombre y apellido cualquier trastorno que a un incremento real de los mismos. Ahora, sin embargo, pienso que aunque haya también parte de lo que digo, también hay un crecimiento real.

 

Me pregunto qué es lo que estará sucediendo para que la generación de jóvenes más preparada de la historia de la humanidad sufra esta lacra. ¿Qué hemos hecho mal los padres? ¿qué están haciendo mal los hijos?

 

Ciertamente si nos vamos a la famosa pirámide de Maslow de la jerarquía de las necesidades humanas, vemos que casi los cinco estadíos los cumplimos.

 

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En la base de la pirámide se encuentran las necesidades físicas (comida, agua y descanso). En los países occidentales esta necesidad está perfectamente cubierta.

 

A continuación, nos encontramos con la necesidad de seguridad (física, empleo, recursos) Esta necesidad, también está cubierta. Es cierto que hay dificultades para encontrar trabajo pero principalmente porque todos queremos el mismo tipo de empleos, pero trabajos hay, que se lo pregunten a los inmigrantes.

 

En la tercera fase se encuentran las necesidades de pertenencia (amistad, amor, relaciones). Supuestamente esta necesidad también está suficientemente cubierta; los jóvenes siguen perteneciendo a equipos deportivos, se relacionan en grupos y mantienen sus relaciones afectivas aunque quizá las redes sociales que evitan el contacto personal estén haciendo daño.

 

Ahora la pirámide empieza a complicarse, porque vienen las necesidades de reconocimiento (éxito, confianza y respeto). En verdad, en la generación de nuestros hijos hay muchísimos prodigios que deslumbran académicamente y esto debe darles confianza y ganarse el respeto de los demás y aunque haya también muchos que no despunten tampoco son muchos más que los de generaciones anteriores. Desde luego las voces de los jóvenes nunca se han escuchado tanto, nuestros padres no nos tenían tanto en cuenta para hacer sus planes o programar un viaje.

 

Por último en la cúspide de la pirámide se encuentran las necesidades de autorrealización (moralidad, aceptación de hechos, resolución de problemas). Aquí sí que pienso que es donde andan más justos. La moralidad que les hemos dado no se aferra a principios uniformes de la sociedad. Digamos que cada cual tiene la suya y exigimos respeto para todas. La aceptación de hechos tampoco la llevan muy allá, porque desde pequeños no les hemos enseñado suficientemente a tolerar la frustración. Cuando han querido algo, por todos los medios hemos tratado de dárselo. Y en cuanto a la resolución de problemas ahí hemos estado los padres (y seguimos estando) para enfrentar los problemas de los hijos y encontrarles una solución aunque ésta pase por el perjuicio propio.

 

Tal vez la jerarquía de las necesidades no sea una escalera rígida y estanca sino que cada necesidad influya en la otra de tal forma que cuando un peldaño se resquebraja, toda la estructura tiembla. Quizá el problema sea que los jóvenes actuales estando en la cúspide solo les quede la gran meta de la felicidad y no han tenido que escalar para llegar a la cima, porque directamente las generaciones anteriores la han subido por ellos.

 

Tendrán entonces que entender que la felicidad no nace de tener cubiertas las necesidades, sino de aceptar que siempre habrá alguna incompleta. Una felicidad que no exige perfección en la pirámide, sino reconciliación con la imperfección. Es la serenidad de comprender que la vida nunca estará del todo resuelta y que aun así puede ser profundamente valiosa.

 

Desde esta perspectiva de la pirámide la felicidad se parece más a la gratitud que a la conquista esperemos que lo entiendan.   

 

 Linkedin: Gabriel Vivancos          

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