Viernes, 13 de Marzo de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNCuando Vinicius de Moraes bailó bajo la lluvia
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Rafael García-Purriños

Cuando Vinicius de Moraes bailó bajo la lluvia

 

Brasil acaba de ganar su tercer Mundial. 1970. Pelé levanta los brazos, la Jules Rimet se queda para siempre en casa. Y en Mar del Plata, en un club pequeño, un poeta brasileño sale al escenario, sonríe y dice que gracias, que le consta que los argentinos iban con Brasil. La sala estalla en risas. Ríe porque la rivalidad futbolística entre ambos países es feroz, casi sagrada. Ríe porque sabe que es una exageración deliciosa.

 

El poeta es Vinicius de Moraes. El lugar es La Fusa. Y lo que está ocurriendo allí, en 1970, es mucho más que un par de conciertos.

 

Brasil vive bajo dictadura militar desde 1964. A Vinicius lo apartaron del cuerpo diplomático en 1969. Oficialmente por indisciplina. En realidad, por incómodo, por libre, por poeta. El hombre que había escrito junto a Antônio Carlos Jobim algunas de las canciones más universales del siglo XX, ahora canta lejos de su país.

 

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Argentina aún no ha sido campeona del mundo (lo será por primera vez en 1978) y todavía no ha sufrido el golpe militar del 24 de marzo de 1976. La ciudad respira cultura nocturna, mesas apretadas, humo, público atento.

 

A su lado, concentrado, con esa mezcla de rigor clásico y sensibilidad popular, está Toquinho. Joven. Tan joven que Vinicius bromea desde el escenario con que la artista Josephine Baker quiso adoptarlo durante una reciente gira por Italia. Pero su formación es sólida, su técnica impecable. Cuando el poeta se adelanta en un verso o decide recitar más que cantar, la guitarra lo sostiene con elegancia.

 

El repertorio es un mapa emocional de Brasil. 'Garota de Ipanema' sin ir más lejos, no es solo una canción famosa. Es el himno que internacionalizó la bossa nova, la pieza que convirtió una playa carioca en símbolo universal. En La Fusa, sin orquestaciones exuberantes ni artificios, la canción vuelve a su esencia: de pronto ya no es un éxito mundial. Es una historia pequeña contada al oído.

 

Luego están 'Tomara' y 'Samba da Bênção', donde la nostalgia y la celebración se entrelazan. Está 'Berimbau', que trae el pulso afrobrasileño, la raíz negra que sostiene toda la sofisticación armónica de la bossa. Y está 'A felicidade'.

 

'Tristeza não tem fim, felicidade sim'. El fin del carnaval como metáfora. La fiesta se acaba. La alegría es breve. Cantada lejos de Río, esa frase pesa más. Ya no es solo poesía. Es biografía. Es la conciencia de que la felicidad hay que vivirla mientras dura, porque siempre llega el miércoles y hay que desmontar la comparsa.

 

Las voces femeninas completan el paisaje. Maria Creuza tiene una voz ligeramente rota, dulce, envolvente. Maria Bethânia es mucho más que la hermana de Caetano Veloso, pura intensidad. Fuego contenido. Su manera de interpretar tiene algo de afirmación existencial, de carácter. Y ese contraste amplía el universo emocional de aquellas noches.

 

Los discos que nacen de La Fusa —publicados en 1970 y 1971— se presentan como grabaciones en vivo, aunque tengan retoques de estudio. Más allá de la etiqueta, su importancia es enorme. Para muchos oyentes en Argentina, en España, en el mundo hispanohablante, fueron la puerta de entrada real a la MPB y a la bossa nova en toda su profundidad. No la versión de postal, sino la que mezcla raíz africana, sofisticación armónica y poesía de altura.

 

Vinicius no canta perfecto. Su voz puede quebrarse. A veces habla más que entona. Pero cada palabra tiene peso específico. Hay vida. Entre canción y canción bromea, bebe, celebra, ríe. Es un hombre vivo, consciente de su fragilidad y de su fortuna momentánea.

 

Después, cada cual seguiría su camino. Toquinho consolidó una carrera extensa y respetada, colaborando con innumerables artistas y manteniendo siempre ese equilibrio entre técnica y emoción. Bethânia se convertiría en una de las voces más influyentes de Brasil. Creuza conservaría esa elegancia dulce que marcó aquellas grabaciones. Y Vinicius moriría en 1980, dejando un legado que trasciende modas o ideas políticas.

 

Lo que quedó fijado en La Fusa no fue solo un repertorio brillante. Fue un instante de comunión. Un brasileño celebrando su país en tierra argentina, un público riendo con la rivalidad futbolística y emocionándose con la saudade, un joven guitarrista sosteniendo a un poeta herido, dos voces femeninas mostrando dulzura y fuego.

 

Como cuenta la canción 'Que Maravilha', afuera está lloviendo. Pero aun así alguien sale corriendo solo para ver a su amor. Ella llega toda de blanco, empapada, despeinada. Entre bancos, automóviles, calles y avenidas, entre millones de bocinas sonando sin cesar, el mundo sigue girando con su ruido. Y, en medio de la lluvia, dos cuerpos se abrazan y dan vueltas, bailando.

 

Afuera, América Latina crujía entre dictaduras y tensiones. Afuera había ruido, botas militares, incertidumbre. Pero dentro, en medio de esa lluvia, bailaba la poesía, la guitarra, la dulzura de Creuza, el fuego de Bethânia, la risa cómplice del público argentino escuchando a un brasileño celebrar su país.

 

Porque eso son los discos de La Fusa. La imagen de un poeta corriendo bajo la lluvia para abrazar lo único que no podían quitarle: la música.

 

¡Qué maravilla!

 

Linkedin: Rafael García-Purriños

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