Liderazgo coherente
El pasado jueves 5 marzo tuve la suerte de poder presentar mi segundo libro que lleva por título 'Liderazgo coherente'.
Fue un acto pequeño, íntimo, donde estuve rodeado de familia y amigos que, a lo largo de mi vida profesional, me han acompañado. Un acto pequeño, pero con un objetivo muy grande: aportar mi granito de arena a Fundación Aladina para que pueda llevar a cabo el proyecto de construcción de un gimnasio en la planta de oncología infantil del hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia.
Liderazgo coherente es mi pequeña aportación. El 100% del beneficio del libro va para este proyecto.
Liderar ya es un verbo con mucho peso. No todo el mundo es capaz de llevarlo a cabo, ni todo el mundo es consciente de cómo debe hacerlo y, en ocasiones que no son pocas, hacemos lo contrario a lo que se debe.
Si al líder lo acompañamos con el adjetivo coherente la cosa se vuelve más complicada aún.
En mi opinión, nos encontramos en uno de los momentos de la historia donde el liderazgo global: empresarial, cultural, político, social,... está en mínimos. Tenemos influencers, pero carecemos de referentes. Tenemos miles de dirigentes de toda índole expuestos continuamente a las redes, pero con mensajes vacíos. Tenemos directivos que se llenan la boca diciendo que “su mayor valor son sus empleados” y resulta que anteponen los resultados al bienestar de estos.
Hablamos bien porque queda bien, pero llevarlo a la práctica ya es otro cantar.
Un líder debe tener claro que lo importante no es el qué sino el cómo. Debe tener claro que su objetivo principal es conseguir que las personas que lo rodean crezcan y desarrollen su máximo potencial. Que el verbo influir sobrepase al verbo mandar. Y que todo esto forma parte de un camino largo, duro, solitario y con un final que va a merecer la pena.
Metafóricamente hablando, el líder debe 'morir' al final de ese trayecto.
Un ejemplo lo encontramos en la naturaleza. Los salmones realizan un largo viaje de vuelta a su lugar de origen para crear vida y seguir avanzando en el maravilloso mundo de la creación. Ese viaje es el último que harán y, conscientes, lo inician con el objetivo claro y con toda su energía aún sabiendo que, una vez conseguido el objetivo, morirán.
La coherencia es esto, saber que hay cosas que no te van a gustar, situaciones que van a suponer un esfuerzo inmenso y, sin embargo, llevarlas a cabo.
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El líder debe hacer tres cosas: pensar, diseñar y ejecutar. Tres palabras que deben tener un nexo de unión tan fuerte que en ningún momento se pueda romper, ya que si ocurre esto estaremos fallando en nuestro objetivo.
Lo primero es fácil: pensar. Es un ejercicio que en muchas ocasiones lo hacemos de manera inconsciente y otras no. El ser humano es capaz de poder imaginar cualquier cosa por muy difícil que sea. En todo proceso de creatividad el primer paso es imaginar dónde quieres llegar y lo que quieres conseguir.
El siguiente paso es un poco más complicado. diseñar. Escribir con sentido aquello que hemos pensado requiere de un esfuerzo extra por nuestra parte. Hacemos funcionar más partes del cerebro, al que no le gusta trabajar mucho, y nos lo hace pagar con consumo extra de energía. Sin embargo, este proceso de diseño nos permite focalizar aquellas cosas importantes, discriminar aquellas que no lo son y establecer objetivos claros y cómo los vamos a trabajar para conseguirlos. Además, tenemos que ponernos en el lugar de las personas que tienen que ejecutarlos para conseguir su máxima implicación. Nuestro éxito depende de ello.
Y llega la parte más complicada, donde tenemos que demostrar nuestra coherencia: ejecutar. En esta fase es donde encontramos las máximas resistencias. Ya no depende de nuestra imaginación y capacidad de síntesis, sino que toca llevarlo al terreno y donde surgen las complicaciones. Tenemos que tomar decisiones difíciles que no van a gustar a determinadas personas, el cansancio llega por el alto consumo de energía, nos entran dudas sobre lo necesario o conveniente de alguna decisión, tenemos que cuestionar muchas decisiones. Pero, si nuestro objetivo es claro, está correctamente analizado y diseñado, la coherencia debe ser el impulso que nos lleve a seguir hasta el final.
Liderar con coherencia es una respuesta honesta y necesaria para evitar la deriva actual.
Debemos cuestionar modelos obsoletos y construir organizaciones más humanas, sostenibles y rentables. No desde la perfección, sino desde la coherencia. No desde el ego, sino desde el impacto.
Liderar no es ocupar un cargo, es asumir una responsabilidad. Y hacerlo con coherencia puede cambiarlo todo.
“Un líder no se mide por lo que sabe, sino por lo que está dispuesto a cuestionar”.
Linkedin: Lucio Fernández



