Viernes, 20 de Marzo de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNEl hombre que fue demandado por sonar como John Fogerty
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Rafael García-Purriños

El hombre que fue demandado por sonar como John Fogerty

 

La historia de hoy comienza con una escena casi surrealista: Un tribunal federal en California, jueces, abogados, personas con rostro asustado, alguaciles y, en el centro de la escena, un hombre con una guitarra colgada al hombro.

 

No era un concierto, era un juicio por plagio, y el acusado era John Fogerty. Fogerty estaba allí para defenderse de la acusación de haber plagiado a John Fogerty.

 

Tras la separación de Creedence Clearwater Revival, el músico descubrió que no era dueño de sus propias canciones. El contrato que firmó en su juventud le entregaba sus derechos, su música y prácticamente su alma a Saul Zaentz y su sello, Fantasy Records.

 

Durante años, Fogerty se negó a tocar sus clásicos en directo porque no soportaba que cada vez que sonaba Proud Mary, el dinero fuera a parar a los bolsillos de sus enemigos. Una especie de huelga creativa que duró más de una década.

 

Pero en 1985, Fogerty, tras empezar de cero, regresó con un éxito arrollador titulado The Old Man Down the Road. Y Fantasy Records lo demandó alegando que esa nueva canción era ‘demasiado parecida’ a Run Through the Jungle, un tema que él mismo había escrito para la Creedence años atrás. Como ellos eran dueños de la vieja canción, si Fogerty seguía sonando a Fogerty, les estaba ‘robando’ su propiedad.

 

Al principio, John intentó defenderse con palabras. Habló de estructuras, de tempos, de cómo funciona un riff en una tonalidad menor. Intentó traducir el lenguaje instintivo del rock al idioma jurídico. Pero solo veía caras de incomprensión.

 

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Así que desenfundó su guitarra. Convirtió el estrado en un escenario y desmenuzó ambas canciones ante el juez, nota por nota. Mostró dónde nacía el ritmo, cómo evolucionaba la melodía y cómo su estilo (ese sonido pantanoso y crudo) era su identidad, no una mercancía que se pudiera comprar o vender.

 

En ese momento, el tribunal escuchó a una leyenda viva explicando su proceso creativo; fue testigo de lo que significa tener una voz propia.

 

Aquella voz y aquella guitarra habían definido una era. Creedence Clearwater Revival no era solo una banda; era una fuerza de la naturaleza cuyo nombre era una declaración de intenciones: ‘Creedence’ por la fe (un tributo a un amigo), ‘Clearwater’ por la pureza (inspirado en un anuncio de cerveza) y ‘Revival’ por el renacimiento de las raíces del rock más primitivo.

 

Grabaron siete discos en apenas cinco años. Tres de ellos en 1969. Una productividad realmente salvaje. Y no eran discos de relleno: eran sólidos, directos, urgentes. Repletos de canciones legendarias, más allá de cualquier moda, como ‘Proud Mary’, ‘Bad Moon Rising’, ‘Lodi’, ‘Green River’, ‘Fortunate Son’ o ‘Have You Ever Seen the Rain?’.

 

John Fogerty fue, sin duda, uno de los grandes compositores de finales de los sesenta. Pero no solo eso. Tenía una voz llena de energía y garra, una voz que parecía salir de los pantanos del Mississippi, aunque él fuera de El Cerrito, California. Rasgada, potente, reconocible al primer segundo, como su estilo en la guitarra.

 

Y alrededor de él, una maquinaria rítmica impecable: su hermano Tom Fogerty en la guitarra, Stu Cook al bajo y Doug ‘Cosmo’ Clifford en la batería. La Creedence apostaba por lo esencial: guitarra, bajo, batería. Ritmo. Raíz americana. Country, rhythm & blues, un toque sureño y pantanoso.

 

Esa fue su marca de la casa: un rock clásico, rítmico, sencillo, que le llevó a un éxito inmediato y masivo. Green River y Cosmo’s Factory alcanzaron el platino. Las radios no dejaban de programarlos. Fogerty decía que quería hacer discos que siguieran sonando diez años después de grabarse. Lo consiguió. Han pasado más de cincuenta y siguen sonando como si acabaran de salir del estudio.

 

En 1969 fueron invitados a Woodstock. Tocaron a las tres de la mañana, después de Grateful Dead, cuando buena parte del público dormía. La actuación no fue memorable. Ellos mismos se sintieron incómodos y pidieron no aparecer en la película oficial. La banda más sólida del momento quedó fuera de la foto.

 

Y mientras fuera todo era éxito, dentro empezaban las grietas.

 

El liderazgo absoluto de John generaba tensiones. Tom, su propio hermano, acabó marchándose en 1971. Intentaron un experimento en Mardi Gras, repartiendo composiciones y voces. Pero la química ya no era la misma. Lo que había sido una máquina perfecta empezó a desajustarse. Y en 1972, se acabó.

 

Luego vinieron las guerras legales. El resentimiento. El silencio de Fogerty respecto de su propio repertorio. El hombre que escribió ‘Fortunate Son’, himno contra los privilegios y las injusticias, tuvo que enfrentarse a la industria para defender lo que era suyo.

 

El tiempo, sin embargo, termina colocando las cosas en su sitio.

 

En 2023, tras décadas de litigios y desencuentros, John Fogerty recuperó finalmente el control mayoritario de su catálogo de Creedence gracias a un acuerdo con Concord. Más de cincuenta años después, volvía a ser dueño de las canciones que había escrito, y que ya había recuperado en directo en la última década del siglo XX.

 

Un final feliz para la historia de alguien al que intentaron convencer de que no podía sonar como él mismo.

 

John Fogerty fue acusado de ser él. Y ganó, claro.

 

Linkedin: Rafael García-Purriños

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