La banca no necesita más comerciales, necesita más asesores
Voy a decir algo que quizá incomode a algunos dentro del sector financiero: no todo buen asesor cierra operaciones. Y, sin embargo, precisamente ahí empieza el verdadero valor del asesoramiento.
Hace unos días recibí una reseña tras una llamada gratuita con un cliente. No hubo firma. No hubo comisión. No hubo producto contratado. Solo hubo análisis, criterio y honestidad profesional.
La conclusión que le trasladé fue clara: “No necesitas cambiar nada. Lo que tienes ya es una muy buena opción.”
Hoy en día, decir eso casi parece revolucionario.
El modelo dominante en buena parte de la banca y la intermediación financiera se ha ido transformando con el tiempo. Muchas veces, la conversación ya no empieza con la pregunta correcta -¿qué necesita realmente este cliente?- sino con otras muy distintas: qué más podemos colocarle?, ¿qué producto adicional puede contratar?, ¿cómo evitamos que se marche sin firmar?
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La gestión comercial ha ido sustituyendo, poco a poco, al asesoramiento real. La venta ha desplazado al criterio. Y el cliente, en muchas ocasiones, ya no tiene claro si le están ayudando… o redirigiendo hacia un producto concreto.
Asesorar no es convencer. No es forzar decisiones. No consiste en generar necesidades donde no existen. Asesorar implica escuchar, analizar y, sobre todo, tener la capacidad de decir “no” cuando es lo más adecuado para el cliente.
Eso significa que, en ocasiones, se pierde una operación a corto plazo. No se firma nada, no se genera comisión y el resultado inmediato puede parecer poco rentable desde un punto de vista estrictamente comercial.
Sin embargo, a largo plazo ocurre algo mucho más valioso: se construye confianza.
Y la confianza, en el mundo financiero, es un activo que vale mucho más que cualquier comisión puntual. Un cliente que percibe honestidad vuelve cuando realmente necesita ayuda, recomienda el servicio y construye relaciones duraderas que sostienen cualquier negocio financiero en el tiempo.
La banca siempre ha tenido una función esencial en la economía: acompañar a las personas en decisiones que afectan a su patrimonio, a sus proyectos y, muchas veces, a su tranquilidad personal. Pero esa función pierde sentido cuando el foco se desplaza exclusivamente hacia la venta y los objetivos comerciales.
Quizá no falten comerciales en el sector financiero. Lo que empieza a escasear, en algunos casos, es el asesoramiento con criterio, independencia y honestidad.
Y eso, también es banca. Aunque a veces, desde arriba, parezca que se haya olvidado.
Linkedin: Ricardo Martínez Fernández-Bravo



