Martes, 24 de Marzo de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNAnte un Viernes de Dolores
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Mariano Galián Tudela

Ante un Viernes de Dolores

 

España atraviesa uno de esos momentos en los que el ánimo colectivo parece suspendido en una mezcla de cansancio, desconfianza y melancolía. No es una tristeza estruendosa ni una indignación organizada, es algo más profundo y silencioso. Una sensación de desgaste institucional, de falta de referencias sólidas, de palabras vacías que ya no logran sostener la credibilidad de quienes deberían encarnarlas. En este contexto, nos sentimos huérfanos de liderazgo, atrapados entre discursos grandilocuentes y realidades que no mejoran.

 

La política que debería ser un instrumento de servicio público se percibe cada vez más como un escenario de confrontación permanente. Las promesas se repiten, los errores se diluyen entre acusaciones cruzadas, y la responsabilidad se convierte en un concepto difuso.

 

Mientras tanto, Europa, ese proyecto que nació como símbolo de unidad y esperanza parece hoy tambalearse bajo el peso de sus propias contradicciones. Europa ya no proyecta con claridad la fortaleza que antaño representaba; más bien parece medio avanzar ladeada.

 

Y en este escenario global convulso, los conflictos de Oriente Medio actúan como un espejo incómodo de la fragilidad internacional. Las tensiones entre Irán y sus vecinos, la inestabilidad persistente en el Líbano, la que fue el vergel del norte de África, y la importancia estratégica del estrecho de Ormuz configuran un tablero complejo y altamente volátil. Sus repercusiones afectan al comercio mundial, a la seguridad energética y al equilibrio de poder global. Cada movimiento, cada escalada, resuena más allá de sus fronteras inmediatas.

 

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El estrecho de Ormuz se convierte así en un punto neurálgico donde confluyen intereses económicos y militares. Ante ello, en un mundo interconectado, la distancia geográfica ya no garantiza la distancia emocional ni económica por mucho “no a la guerra que voceen cuatro colegas”. La sensación de vulnerabilidad desde España se intensifica cuando lo externo y lo interno convergen en un mismo sentimiento de descontrol y el resultado ahí lo tenemos: una ciudadanía que percibe que nadie está realmente al timón.

 

Y todo esto sucede alrededor del marco simbólico de un próximo Viernes de Dolores. Una fecha que, en la tradición cultural y religiosa, invita a la reflexión, al recogimiento y a la contemplación del sufrimiento. No es casual que este contexto encuentre eco en el estado de ánimo colectivo. La metáfora resulta casi inevitable: un país que mira hacia dentro con preocupación, un continente que duda de sí mismo y un mundo que parece avanzar hacia nuevas tensiones sin haber resuelto las anteriores.

 

La credibilidad no se decreta ni se improvisa. Se construye con hechos, con decisiones coherentes, con la capacidad de reconocer errores y de actuar con transparencia. Requiere líderes que comprendan que su función no es dividir, sino unir, no es imponerse, sino servir. Y exige también una ciudadanía activa, crítica y comprometida, dispuesta a no conformarse con lo superficial.

 

En este próximo Viernes de Dolores, los amigos de camino de la tristeza no deberían ser solo un estado de ánimo, sino también un punto de partida. Pues reconocer “ese posible dolor” es el primer paso para transformarnos. Y quizás, en medio de esta sensación de pérdida, se encuentre también la oportunidad de reconstruir, con más honestidad y más verdad, el futuro que hoy parece desdibujado. Un buen escritor, más que centenario, nos decía en su momento: “¿Deseamos que el mundo mejore? Pues … empecemos por nosotros mismos.

 

 

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