Viernes, 27 de Marzo de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNEl Golfo Pérsico en llamas: el conflicto con Irán está asfixiando al sur de Asia y proyecta una crisis alimentaria global
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Aquilino García

El Golfo Pérsico en llamas: el conflicto con Irán está asfixiando al sur de Asia y proyecta una crisis alimentaria global

 

El Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial, se ha convertido en el epicentro de una crisis geopolítica sin precedentes, que amenaza fuertemente con otras crisis incluso de hambrunas.

 

El Estrecho de Ormuz, amenaza el suministro global de combustibles, alimentos y medicinas

 

En el mapa del mundo hay un punto que parece insignificante: un estrecho de apenas 54 kilómetros entre la costa de Omán y la de Irán, donde el océano se estrecha hasta dejar apenas 30 kilómetros de paso navegable. Pero de ese hilo de agua depende, literalmente, la supervivencia económica de medio planeta.

 

El Estrecho de Ormuz no es solo una ruta comercial: es la arteria por donde fluía hasta el momento del ataque Israelí, el 20% del petróleo mundial, aproximadamente 20 millones de barriles diarios. Y ahora, tras los ataques del 28 de febrero de 2026, esa arteria se ha trombosado. El tráfico marítimo ha caído un 70% en apenas 48 horas. Mientras escribo estas líneas, solo cuatro buques han cruzado el estrecho el 7 de marzo, cuando la media diaria de febrero superaba los 129, hasta hoy 24 de Marzo, menos de 80 buques cruzaron, con las condiciones que ahora exigen los iraníes.

 

Más de 150 buques permanecen fondeados en aguas adyacentes, sus capitanes esperando instrucciones, sus tripulaciones atrapadas entre el miedo y la incertidumbre. Las tres principales navieras del mundo —MSC, Maersk y CMA CGM— han suspendido formalmente sus operaciones en la zona. Nadie quiere arriesgar un petrolero de 300 metros en aguas donde cualquier escaramuza podría desencadenar una catástrofe ecológica y económica de proporciones bíblicas, incluso podría afectar a la navegabilidad del Estrecho.

 

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El sur de Asia asfixiado

 

India es el país que mejor ilustra la vulnerabilidad. El subcontinente importa aproximadamente el 55% de su crudo de Oriente Medio y cerca del 50% de su gas natural licuado (GNL) atraviesa obligatoriamente el Estrecho de Ormuz. Hasta hace unos meses India compraba y destilaba la mayor cantidad de los combustibles de Europa, procedente de Rusia. Ahora, vuelve a Rusia, pero no a precios de Rusia sancionada, sino a precios actuales, superiores a 100$.

 

India no está sola. PakistánBangladesh y Sri Lanka dependen igualmente —y en algunos casos incluso más— del petróleo del Golfo. Sus economías, construidas sobre la promesa de un crecimiento sostenible, se enfrentan ahora a una crisis existencial.

 

+45-60% Subida del petróleo brent

 

El precio del Brent alcanzó picos de 126$ por barril en las primeras horas tras los ataques. El Gas Natural TTF subió un 60%, el combustible para aviones un 76%, y la gasolina en Estados Unidos un 27%. En mi gasolinera, pasamos de 1,29€ a 1,68€ el litro. Una burrada.

 

Las consecuencias son inmediatas y visibles. En Nueva Delhi, los hospitales han comenzado a racionar el uso de generadores diesel. En Karachi, las fábricas de textiles —segundo sector exportador del país— operan al 40% de su capacidad por falta de energía asequible. En Daca, la capital de Bangladesh, los autobuses públicos han reducido sus rutas a la mitad, los primeros días se racionó la gasolina, aunque tuvieron que levantar el pie del pedal de freno, por los problemas inminentes en el país.

 

IMPACTO INMEDIATO: Los gobiernos del Sur de Asia se enfrentan a decisiones imposibles: subsidiar combustibles y agotar sus reservas de divisas, o dejar que los precios suban libre y la calle proteste.

 

Pakistán, ya asediado por una crisis de deuda, ha visto cómo su factura de importaciones energéticas se disparaba 3.000 millones de dólares adicionales solo en marzo. Bangladesh, cuya moneda ya estaba bajo presión, ha tenido que pedir ayuda urgente al FMI. Y Sri Lanka, todavía recuperándose del colapso de 2022, observa con horror cómo se repite la pesadilla.

 

Los productos en peligro

 

La escasez de crudo es solo el primer dominó. Detrás del petróleo vienen una cascada de productos que utilizan derivados del mismo —o que dependen del mismo transporte— y cuya escasez começará a sentirse antes de que termine el primer trimestre de 2026, incluso productos que se fabrican en estos países como plásticos en Arabia Saudí, o productos que necesitan materias primas que se generan en esos países. Un desastre que augura una ruptura de las cadenas de suministros de gran parte de la industria global.

 

Fertilizantes: La crisis silenciosa

 

Este es, sin exageración, el producto más crítico de todos. India importa 18.000 millones de dólares en fertilizantes, un 76% más que el año anterior. Dentro del Golfo Pérsico hay 16 millones de toneladas de capacidad anual de producción de fertilizantes —aproximadamente el 35% del comercio mundial— atrapadas. La falta de los mismos, augura una subida brutal de precios (entre un 40-60%) pero la falta en la siguiente campaña, puede arruinar siquiera la capacidad de producir. Sin fertilizantes no hay cosecha posible.

 

Por Ormuz transita: 43% de la urea mundial, 44% del azufre, y 27% del amoniaco.

 

En la última semana, la urea ha subido un 32%. El azufre —fundamental para la producción de fertilizantes fosfatados— ha alcanzado un máximo histórico superando los 500$ por tonelada, un incremento del 115%.

 

Las dependencias son críticas: India necesita un 40% de sus fertilizantes del Golfo; Tailandia, un 70%; Brasil, el granero del mundo, un 35%.

 

Helio: El gas invisible que mantiene el mundo moderno

 

Qatar produce aproximadamente un tercio del helio mundial, y todo —absolutamente todo— sale por el Estrecho de Ormuz. Los precios spot del helio ya han subido un 40%, y la tendencia es imparable.

 

¿Por qué importa tanto?: El helio es imprescindible para la fabricación de semiconductores (cada chip de última generación requiere helio en su proceso), para los equipos de resonancia magnética de los hospitales, y para los cohetes espaciales que lanzan satélites. Corea del Sur depende en un 64,7% de las importaciones de helio del Golfo para su industria tecnológica. Un producto crítico puede ser el que tumbe la carrera de la IA, curioso.

 

Medicamentos genéricos: India en la encrucijada

 

India es la fábrica de medicamentos del mundo en desarrollo: produce el 20% del suministro global de genéricos, el 50% de las vacunas, y el 40% de los genéricos que se consumen en Estados Unidos. Su industria farmacéutica, valorada en 66.660 millones de dólares en 2025, proyecta alcanzar los 88.860 millones de dólares en 2030. Sin insumos, los medicamentos como amoxicilina (antibióticos), estatinas (colesterol), antihipertensivos, insulina pueden verse escasos, caros o incluso desaparecidos.

 

Toda esta industria depende de insumos petroquímicos. Los precursores químicos —metanol, benceno, tolueno— provienen en gran medida de refinerías del Golfo. Con los precios del petróleo disparados, los costos de producción farmacéutica han estallado. Varias fábricas indias han tenido que reducir producción o cerrar temporalmente.

 

Gas Natural Licuado (GNL)

 

Para calefacción, para la industria, para la generación eléctrica. El GNL que no pueda pasar por Ormuz tendrá que dar la vuelta por el Cabo de Buena Esperanza, añadiendo 14 días de viaje y un costo de millones de dólares adicionales por trayecto a cada embarque.

 

Azufre para fertilizantes. El elemento olvidado

 

Apenas se habla de él, pero el azufre es fundamental para la producción de fertilizantes (especialmente superfosfato) y de productos químicos industriales. Con un incremento del 115% y existencias ya cortas en todo el mundo, su escasez começará a sentirse en la cadena alimentaria antes de que termine el año.

 

Productos petroquímicos

 

Plásticos, envases, resinas, pinturas, textiles sintéticos. Todo lo que derive del petróleo —que es prácticamente todo lo que no es orgánico— se encarece. Las fábricas de packaging en Asia ya han subido precios un 20%. En Europa, los productores de tuberías PVC aseguran que no podrán cumplir pedidos para el segundo semestre si la situación continúa.

 

La segunda vuelta: el efecto dominó

 

Lo que ocurre en el Golfo Pérsico no se queda en el Golfo Pérsico. La globalización, que nos trajo productos baratos y variedad infinita, tiene su reverso oscuro: cuando se rompe un eslabón, la rotura reverbera por toda la cadena hasta alcanzar los estantes de los supermercados en MadridChicago o Sídney.

 

Estados Unidos: el granero en riesgo

 

Parece mentira, pero Estados Unidos —el mayor productor agrícola del mundo— importa cantidades masivas de fertilizantes. El país enfrenta un déficit del 25% en fertilizantes para la primavera de 2026. Importa aproximadamente el 50% de su urea, y esa urea viene, en buena parte, del Golfo.

 

Sin esos fertilizantes, las cosechas de maíz, soja y trigo se resentirán gravemente. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos ya ha advertído que espera una caída del 15-20% en la producción de maíz para 2026 si la situación no se resuelve antes de abril.

 

Europa: La crisis de todo. La tormenta perfecta

 

Europa, mientras personajes como Von der Layen vomitan estupideces contra Rusia (se va a tragar sus palabras), se enfrenta a una triple crisis: Ormuz por un lado, los aranceles a los productos rusos por otro, y el nuevo mecanismo CBAM (Carbon Border Adjustment Mechanism) complicandolo todo.

 

La producción de amoniaco —base de los fertilizantes nitrogenados— está ya un 19% por debajo de los niveles de 2019. Los aranceles a los fertilizantes nitrogenados rusos se han cuadruplicado: de 40 a 315 euros por tonelada, vigentes hasta 2028.

 

EL PEOR ESCENARIO POSIBLE: Si el conflicto se prolonga más de 6 meses, la desaparición de una gran parte de la agricultura occidental dejará de ser una posibilidad para convertirse en una realidad comprovada. ¿Esperan esto en Bruselas?. Sin fertilizantes, los rendimientos caen entre un 30% y un 50%. Eso no es una crisis agrícola: es una crisis civilizatoria global.

 

Inflación global: el impuesto de la guerra

 

Las proyecciones sobre inflación son sombrías. Cada 20$ que sube el barril de petróleo supone entre un 0,4-0,8% de inflación si solo es el petróleo (llevamos 50$ de incremento acumulado), que ya vemos que va mucho más allá:

 

  • Precios de alimentos: +30-50% globalmente

  • Precios de la energía: +45-60%

  • Inflación general en países importadores: 2-4 puntos porcentuales adicionales

 

Los bancos centrales se enfrentan a una disyuntiva imposible: subir tipos de interés para controlar la inflación —lo que podría causar una recesión— o mantenerlos bajos y ver cómo la inflación corroe el poder adquisitivo de todos, pero principalmente de la clase media y trabajadora. Repito la pregunta: ¿buscaban esto?

 

30-50% de Encarecimiento de Alimentos. Los alimentos básicos podrían duplicar su precio en 18 meses si el conflicto continúa. Pan, pasta, carne, lácteos —todo subirá, y subirá mucho.

 

África en la mirilla

 

Hay una frase que define perfectamente la injusticia de esta crisis: el continente que menos contribuye al conflicto sufre las peores consecuencias. África, que apenas produce el 3% de las emisiones globales de CO2, se enfrenta ahora a la posibilidad real de hambrunas a gran escala.

 

En 2024, 307 millones de personas ya padecían hambre aguda en el continente africano. Esas personas no han podido —ni pueden— competir en los mercados internacionales por los fertilizantes que quedan. Con precios que podrían subir un 30-40% adicional, simplemente quedarán fuera y probablemente enfrentemos a finales de 2026 la mayor hambruna en África por la escasez de alimentos.

 

PAÍSES EN RIESGO CRÍTICO: KeniaSomalia son los más vulnerables. Ambos dependen enormemente de los fertilizantes del Golfo Pérsico para sus sectores agrícolas. Sin ellos, la producción de maíz y sorgo —alimentos básicos de millones de personas— caerá dramáticamente. Kenia importa más del 80% de sus fertilizantes, y Somalia —con su agricultura de subsistencia ya debilitada por la sequía— tiene una capacidad de absorción de shocks casi nula. Los disturbios sociales por el aumento de precios de alimentos no son una posibilidad lejana: en Nairobi ya ha habido protestas este mismo mes.

 

El Sahel, el Cuerno de África, partes de África austral —todas estas regiones están en el punto de mira de una hambruna que no tiene nada que ver con su capacidad de producir alimentos, sino con su incapacidad de comprarlos cuando los precios se disparan.

 

La comunidad internacional —los mismos países que imponen sanciones, que venden armas, que litigan por el control de las rutas petroleras— tiene una palabra que repetir hasta la saciedad: responsabilidad. Pero la responsabilidad, cuando se mide en niños muertos por malnutrición, es una palabra vacía, casi soez.

 

La fragilidad que no vemos

 

La conclusión más importante —y más incómoda— es esta: las cadenas de suministro globales son más frágiles de lo que nadie quiere admitir. Dependemos de un solo punto geográfico para el 20% del petróleo mundial, de unos pocos puntos de rutas marítimas como Malaca, Gibraltar, El Mar Rojo, Ormuz, Cabo norte. Confiemos en que las navieras sigan operando aunque haya conflictos.

 

Fabricar todo en el lugar más barato tiene un precio que, eventualmente, se paga. Y ese precio —ahora lo estamos viendo— la logística, puede ser devastador.

 

La segunda conclusión es sobre la justicia global. Quienes deciden sobre la guerra del Golfo Pérsico —sea cual sea el bando— no van a pasar hambre. Sus hijos no quedarán sin resonancia magnética cuando la necesiten. Sus cosechas no dejarán de crecer por falta de urea. Pero los millones de personas en el Sur de Asia, en África, Europa, Hispanoamérica, Estados Unidos en cualquier rincón dependiente del comercio global —ellos sí lo pagarán. Nosotros lo vamos a pagar caro, otros, con su propia vida.

 

La próxima vez que alguien le diga que la globalización es irreversible, que las cadenas de suministro son resilientes, que todo está bajo control —recuerde este artículo.

 

Linkedin: Aquilino García

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