Viernes, 27 de Marzo de 2026
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OPINIÓNMeat Loaf. Rock, teatro y épica
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Rafael García-Purriños

Meat Loaf. Rock, teatro y épica

 

Nacido Marvin Lee Aday el 27 de septiembre de 1947 en Dallas, Texas, el mundo le conoció con un apodo tan singular como inolvidable: Meat Loaf.

 

El origen tiene varias versiones. Una cuenta que en un entrenamiento de fútbol americano pisó al entrenador y éste, señalando al corpulento joven, lo llamó ‘pedazo de carne’.

 

Otra, la que él prefería, asegura que su padre empezó a decirle ‘Meat’ cuando era niño, y que en la escuela sus compañeros añadieron el ‘Loaf’. En cualquier caso, aquel mote quedó identificado para siempre con esa voz: poderosa, teatral, capaz de sonar como una tempestad desatada y, a la vez, volverse melódica y delicada.

 

Su carrera musical no comenzó en los escenarios del rock, sino en los del teatro. Muy joven, se trasladó a Los Ángeles y formó sus primeras bandas, como Meat Loaf Soul o Popcorn Blizzard. Sin embargo, fue en Nueva York donde encontró su verdadero camino, participando en obras musicales de gospel y más tarde en montajes como More Than You Deserve. Allí coincidió con un pianista, compositor y arreglista que se convertiría en su aliado artístico inseparable: Jim Steinman. Entre ambos comenzó a gestarse una de las colaboraciones más intensas y celebradas de la música rock.

 

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A la vez que desarrollaba su carrera en el teatro musical, Meat Loaf se asomó también al cine. En 1975 interpretó al desquiciado Eddie en la versión cinematográfica de The Rocky Horror Picture Show.

 

Steinman, por su parte, trabajaba en un musical futurista titulado Neverland, inspirado libremente en Peter Pan. Muchas de las canciones de aquel proyecto acabarían convirtiéndose en la base de Bat Out of Hell, que no era solo un álbum de rock, sino una ópera barroca, una fantasía sonora que parecía demasiado grande para caber en un vinilo.

 

El título mismo, Bat Out of Hell, es una expresión hecha en inglés que significa literalmente ‘como un murciélago salido del infierno’. Se utiliza para describir algo que ocurre a toda velocidad, de forma descontrolada, el equivalente a nuestro ‘como alma que lleva el diablo’. Esa imagen apocalíptica y acelerada encajaba a la perfección con la obra grandilocuente y dramática que Steinman y Meat Loaf estaban diseñando.

 

Publicado el 29 de octubre de 1977, Bat Out of Hell fue un derroche de ambición en cada detalle. Steinman firmó todas las composiciones; Todd Rundgren produjo; y entre los músicos estaban dos miembros de la E Street Band de Bruce Springsteen, Roy Bittan ante el piano y Max Weinberg en la batería. Juntos replicaron el muro de sonido de Phil Spector, pero llevado al límite, con orquestaciones exuberantes, coros monumentales y una intensidad dramática que se fundía con la voz de Meat Loaf y le iba como anillo al dedo.

 

Las canciones eran pequeñas epopeyas juveniles, excesivas y grandiosas, que hablaban de amor, deseo, coches, carreteras y noches sin final. ‘Paradise by the Dashboard Light’, cantada a dúo con Ellen Foley y con la narración del comentarista de béisbol Phil Rizzuto, era puro teatro rockero. ‘Two Out of Three Ain’t Bad’ se convirtió en una de las baladas más recordadas de la década, al igual que ‘Heaven Can Wait’. ‘You Took the Words Right Out of My Mouth’ abría con un monólogo recitado y se desataba en un estribillo irresistible. Y, por supuesto, la canción que daba título al álbum, ‘Bat Out of Hell’, una descarga épica que sonaba como el himno de una generación desenfrenada.

 

El disco tardó meses en despegar, pero una vez lo hizo no dejó de crecer. Con el tiempo superó los 34 millones de copias, convirtiéndose en uno de los álbumes debut más vendidos de todos los tiempos y en un clásico indiscutible de la historia del rock.

 

Y si la música era excesiva, la imagen lo era aún más. La portada creada por Richard Corben mostraba a un motociclista emergiendo de la tumba y lanzándose hacia el cielo bajo una luna sangrienta, mientras un murciélago gigantesco acechaba en lo alto. Pocas veces un disco se identificó tanto con su carátula.

 

Meat Loaf y Steinman habían creado una obra irrepetible. Y aunque durante los años siguientes su relación tuvo altibajos, volverían a encontrarse en los noventa para dar vida a Bat Out of Hell II. De aquel disco surgió la que probablemente sea su canción más conocida, ‘I’d Do Anything for Love (But I Won’t Do That)’, que alcanzó el número uno en más de veinte países y ganó un Grammy. En 2006 llegaría la tercera parte, completando la trilogía, aunque sin el impacto arrollador del original.

 

Más allá de Bat Out of Hell, publicó una docena de álbumes, y nunca abandonó del todo el cine, apareciendo en películas como El club de la lucha, hasta que falleció a los 74 años, el 20 de enero de 2022.

 

Meat Loaf fue un artista que vivió entre la música y el teatro, entre la ópera rock y el rock and roll más visceral. En sus conciertos no se limitaba a cantar: representaba cada canción como si fuese una obra dramática, gesticulando, interpretando, viviendo cada verso hasta el límite.

 

Esa entrega total, así como su carácter bondadoso, humilde y tímido, le valió la admiración de millones de fans y el respeto de músicos que reconocían en él a alguien distinto.

 

Desataba toda su furia en el escenario. En la vida, solo le quedaba bondad.

 

Linkedin: Rafael García-Purriños

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