El general Antonio Budiño
Antonio Budiño no es un exmilitante cualquiera. General de División del Ejército de Tierra en la reserva y exdirector de Asuntos Económicos de la institución militar, llegó a Vox en 2019 seducido por un proyecto que prometía defender a España bajo los incuestionables valores de lealtad y servicio. Santiago Abascal lo reclutó personalmente como uno de sus mediáticos "generales", encabezando la lista al Congreso por Pontevedra y logrando unos resultados históricos para la formación en la provincia. Sin embargo, aquel idilio duró poco. Castigado y apartado por la cúpula tras exigir democracia interna y transparencia a través de cartas que jamás obtuvieron respuesta, Budiño se ha convertido hoy en una de las voces críticas más autorizadas para diseccionar la profunda crisis estructural, ética e ideológica que atraviesa el partido.
En un momento en el que la formación afronta turbulencias sin precedentes —con la reciente maniobra contra fundadores como Iván Espinosa de los Monteros y el "terremoto" político en la Región de Murcia tras la polémica destitución de José Ángel Antelo y la fuga de concejales en Cartagena—, el General Budiño atiende a El Nuevo Digital para ofrecer un diagnóstico demoledor. Sin morderse la lengua, acusa a la actual dirección de instaurar la cultura del "ordeno y mando", de utilizar a militares y de abandonar los verdaderos problemas de los españoles para enrocarse en un "guiñol mercantilista". Un testimonio crudo, valiente y directo de quien advierte que, "para conseguir votos, Vox ha dejado solos a la Constitución, al Rey y a España".
- General, tras tildar a Vox de "chiringuito" que castiga la lealtad, ¿cree que la cúpula utilizó el prestigio y los valores militares como mero atrezo electoral para luego traicionarlos?
- No es que lo sienta yo, es que fue el propio señor Abascal quien me lo puso de manifiesto cuando en el año 2019 me llamó por teléfono para proponerme formar parte del elenco de candidatos de Vox al Congreso, en mi caso por la provincia de Pontevedra. En aquella conversación, Abascal utilizó el término “los generales de Vox” a los que se refería como ejemplos, acreditados a lo largo de nuestras dilatadas, densas e intensas carreras profesionales, de lo que se ha de entender por amor a España, disciplina, sacrificio, lealtad y servicio a los españoles, según sus propias palabras. En mi caso, yo le creí y me uní a su ilusionante proyecto.
Al finalizar la campaña electoral de noviembre del 2019, en la que la candidatura que encabecé no logró obtener escaño, pero consiguió más de 38.000 votos (resultado que no se ha vuelto a cosechar en Pontevedra, en ninguna de las elecciones celebradas desde entonces) di por cumplido y finalizado mi compromiso con Vox y con Abascal, pues no me gustó en absoluto como la Dirección Nacional se comportó con el personal de la Coordinadora Provincial que me apoyó durante las campañas electorales de mayo (menos de 26.000 votos) y Noviembre (menos de 38.000). Ahí empezaron mis discrepancias con la cúpula del partido.
En resumidas cuentas, mi sensación personal es que se me trató como un mero objeto de oportunidad, válido para rellenar y dar la cara en las candidaturas, porque ello fue útil propagandísticamente para el partido.
- Sobre el expediente de expulsión abierto esta semana a Espinosa de los Monteros: ¿interpreta esta maniobra como una demostración de autoridad de Abascal o como el síntoma de una cúpula en pánico?
- Creo que de todo un poco. Por un lado, la demostración, una vez más, del autoritarismo -que no autoridad- del Sr. Abascal, fruto tal vez de un silente complejo de inferioridad ante personajes relevantes y cofundadores del partido, que han demostrado una competencia y una formación personal y política de la que carece el señor Abascal.
Por otro lado, la constatación de que la actual cúpula de Vox quiere seguir imponiendo el estilo torticero, que ya aplicó antes con otros afiliados, del “ordeno y mando”, en lugar de optar por el diálogo y la aceptación de la libertad de expresión que preconiza el manifiesto fundacional del partido.
- Tras la destitución de Antelo en Murcia y su denuncia por usurpación de firma digital, ¿cree que la dirección nacional está dispuesta a bordear la legalidad penal para aplastar a la disidencia?
- Como comprenderá, lo de enjuiciar si la cúpula de Vox está dispuesta o no a bordear la legalidad es algo que no me compete ni vaticinar, ni mucho menos juzgar. Respecto a los estatutos, es obvio que de alguna manera y en determinadas circunstancias sí que se han acomodado e interpretado a favor de intereses partidistas o coyunturalmente personales.
Mi experiencia es que en Vox siempre han primado más los intereses de la cúpula dirigente y adláteres que los intereses de los afiliados o simpatizantes. Ese, a mi parecer, indeseable modo de operar lo puse de manifiesto a miembros importantes y cuadros de mando del partido hace más de 6 años y, por desgracia, actualmente percibo que lejos de haberse corregido se ha agudizado con el Vox actual.
- Usted contó que llegó a enviarle dos cartas a Santiago Abascal que jamás obtuvieron respuesta. Viendo las últimas purgas, ¿es el líder de Vox un rehén secuestrado por sus asesores en la sombra, o el autor intelectual de esta deriva autoritaria?
- Lisa y llanamente, si Abascal fuese el líder que presume ser, no debería consentir estar “secuestrado” por nadie. Si no se ha dignado contestar a las dos cartas que le envié el año pasado; por cierto, ambas con carácter urgente, certificadas y con acuse de recibo, y en las que solamente se le solicitaba diálogo y transparencia, es porque él no ha querido hacerlo y ha preferido dar la callada por la respuesta.
- El exvicealcalde de Cartagena, Diego Salinas, ha abandonado Vox por el trato que ha recibido Antelo, reteniendo su acta. ¿Demuestra esto que los concejales están hartos de ser tratados como meros peones por la dirección de Madrid?
- No es que lo crea, es que la realidad es muy tozuda y la realidad es que desde hace más de un año llevamos asistiendo a una sangría constante de representantes municipales, tanto de modestos como de importantes municipios, que han abandonado la representación de Vox por discrepancias profundas con la actitud y modo de actuar, tanto en el fondo como en la forma, de la dirección nacional de Madrid para con ellos personalmente y para con su loable actividad de entrega diaria en pos de los intereses de los ciudadanos a los que representan y sirven.
- Con la vivienda asfixiando a las familias y la crisis migratoria en las calles, ¿siente que Vox ha abandonado la trinchera de los «problemas reales» para librar una guerra civil interna por cargos y nóminas?
- Pues lamento estar de acuerdo, pero es que siento como percepción y siento como estado de ánimo, no sólo que la deriva ideológica de este Vox le ha llevado a desertar de “la trinchera”, como usted la define, de los problemas sociales, sino que este desnortado Vox ha desertado del frente mismo de los problemas de los españoles para centrarse únicamente en los intereses de partido y si me apura, en los intereses de los cuatro que manejan los hilos del guiñol mercantilista en este, para mi, irreconocible Vox.
Los 'voxeros' más recalcitrantes gustan de repetir aún ese lema obsoleto del 'Sólo queda Vox', cuando en realidad, lo que percibimos y lamentamos muchos españoles desencantados con este Vox populista y cerril, es que para conseguir votos, vengan éstos de donde vengan, Vox ha dejado solos a la Constitución, al Rey, y a España.
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