Miércoles, 08 de Abril de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNTrabajo y prestigio: algo está cambiando
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Andrés Nieto Morote

Trabajo y prestigio: algo está cambiando

 

Hace algún tiempo que muchos amigos míos me dicen que les resulta cada vez más difícil encontrar un carpintero, un fontanero o alguien para reformar su casa. Y si encima quieren que sea alguien formal, todavía resulta más complicado. No parece un problema puntual. Más bien refleja algo que se ha ido asentando con el tiempo: una menor valoración del esfuerzo, de la responsabilidad y del trabajo bien hecho. Mientras ese marco no cambie es difícil que la situación mejore.

 

Los que trabajamos en la enseñanza vemos todos los días que las leyes educativas no dan ninguna importancia al esfuerzo o al trabajo bien hecho. Más allá de cuál sea la intención, lo cierto es que el sistema educativo tiende a reducir la exigencia y a diluir las diferencias de rendimiento.

 

El ataque al concepto de trabajo no es casual. La vicepresidenta segunda del Gobierno de España, Yolanda Diaz, ministra de Trabajo realiza continuas declaraciones indicando que el tiempo de trabajo debe reducirse de forma sustancial sin afectar al salario y sin mencionar en ningún momento la productividad, E incluso alguien tan ideológicamente alejado de ella, como Elon Musk, también dice que el trabajo en el futuro con la IA, pasará de ser una necesidad a ser opcional.

 

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Esta acelerada metamorfosis que ha supuesto el desarrollo tecnológico actual lleva a nuestros dirigentes a proponer que no es necesario trabajar y que con un subsidio del Estado es suficiente para vivir. Este cambio supondría una transformación radical de nuestra cultura con unas consecuencias imprevisibles. Entre otras, la perpetuación de unas élites dirigentes al estilo de lo que ocurre en las dictaduras del Tercer Mundo.

 

Sin embargo, el trabajo, en nuestra cultura occidental, es lo que ha hecho que nuestro mundo haya alcanzado las mayores cotas de desarrollo de la Historia y que todas las culturas que intentan alcanzar un desarrollo similar al nuestro intentan imitarlo. De esta manera ha ocurrido en los últimos tiempos en las culturas asiáticas, por ejemplo.

 

El concepto de trabajo está firmemente asentado en nuestra cultura. Ya en el Génesis 2.15 está escrito que Dios nos puso en la Tierra para trabajar, es decir para transformar este mundo. El problema siempre ha sido los que han intentado vivir de los demás sin dar un palo al agua, pero nuevamente San Pablo nos da la solución en la Segunda Carta a los Tesalonicenses 3,10 con una dureza que asusta: “El que no trabaje que no coma”.

 

Ya fuera del contexto religioso, el trabajo ha sido visto de diferentes maneras. Desde Aristóteles, que lo veía como algo para satisfacer una necesidad, hasta los filósofos liberales, como Adam Smith, que defienden que el trabajo es la fuente de la riqueza de las naciones. O Max Weber que lo ve como una vocación.

 

Hay cierto consenso en nuestra cultura de que el trabajo es por una parte algo necesario como servicio a la sociedad y por otra parte es algo intrínseco a la naturaleza humana, tanto que le proporciona una enorme dignidad a la existencia.

 

Es cierto que, en la época actual, con la introducción de la tecnología hay una transformación evidente del trabajo. Pero ese cambio no es mayor que el que ha habido en otras épocas. En el siglo XIX surgió en Inglaterra el ludismo, que consistía en la destrucción de máquinas por parte de los obreros al considerar estos que les quitaban el empleo. Nada diferente a lo que actualmente ocurre con la IA. El trabajo simplemente se transforma con el paso del tiempo. Aparecen otros empleos diferentes.

 

En definitiva, la dificultad creciente para encontrar determinados perfiles no es un problema puntual. Tiene que ver con cómo se ha ido perdiendo valor al trabajo bien hecho en muchos ámbitos.

 

Y mientras eso no cambie, no sólo será cada vez más difícil encontrar ciertos oficios, sino que acabará notándose en cosas muy básicas: en cómo funcionan las empresas, en los servicios que recibimos y en la vida cotidiana.

 

Linkedin: Andrés Nieto Morote

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