Jueves, 16 de Abril de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓN38 años rompiendo monitores y estereotipos, O por qué ser informático no te convierte en imbécil directamente
  • Buscar
Aquilino García

38 años rompiendo monitores y estereotipos, O por qué ser informático no te convierte en imbécil directamente

 

[Img #12409]

 

Hoy no tengo grandes frases rescatadas de libros, solo quiero mostrar la foto de mi padre, segundo por la izquierda, desembarcando con otros pescadores en La Manga, verano de 1976. No se ven edificios, porque entonces en esa zona, solo había naturaleza. Murió en 1986 y creo que el resto tampoco vive, son hoy solo recuerdos. La foto original se tomó en blanco y negro, coloreada por mi hermano cuando no había IA para hacer estas cosas fácilmente.

 

Hay una frase que llevo décadas repitiendo:

 

Ser informático no significa saber más que nadie. Significa saber que no sabes nada… y aun así, resolver el problema.

 

Me llamo Aquilino García y llevo más de 38 años de vida profesional como Informático. Y sí, soy de los que cree que la tecnología existe para servir a las personas. No al revés. Hoy he querido mirar hacia adentro, desnudarme profesionalmente un poco, para que sepan cómo soy y porqué soy así.

 

El día que me pidieron descerrajar el ordenador de un directivo

 

Un hospital. Un gerente que disfruta teniendo a todo su equipo peleado entre sí. Y yo, en medio, como Responsable de Informática.

 

Un día, me llama a su despacho. Con esa sonrisa de tiburón.

 

—Aquilino, necesito que accedas al ordenador del director de Hostelería. Sin que lo sepa. Necesito sacar todo lo que tiene. No me fio de él.

 

Silencio.

 

—No se resuelve un delito con otro delito —le dije—. Es como si para demostrar que el vecino roba, le allanaras su vivienda para sacar todo lo que tiene en el garaje.

 

Se lo tomó muy mal. Esperó a mis vacaciones para contratar a una consultora para que auditara el "Departamento de Informática". Me encontré a un tipo a la puerta de mi despacho a mi vuelta de Estambul, que me empezó a pedir mucha información. Es curioso, que, teniéndo que tragarme un "enchufado" en el departamento, que me llamó hasta dos veces a mi teléfono de contacto en Estambul (me había marchado por dos semanas), no me dijera nada durante el viaje. Me lo encontré a mi vuelta.

 

Te lo puedes tomar mal , o bien, pero siempre fui profesional. "Lo que necesites pedirme, lo haces por escrito a través de Gerencia", o le indicas al gerente que lo que te haya contratado a ti o a tu empresa, me lo haga saber por escrito.

 

Unos meses después, me fui. Cinco minutos antes de que él me echara. Terminamos una reunión de dirección, gritándome: "he perdido la confianza en ti". Carlos (nombre supuesto, que luego todo se sabe), eso se resuelve rápido. Me lo notificas por escrito, te lo acepto, me pagas lo que dice mi contrato y no es necesario esperar ni un minuto más. Me puedo marchar ahora mismo. No tardó ni quince minutos, llamó al abogado, redactaron mi notificación de mi renuncia, me tendieron en la mano mi cheque y salí de allí ese mismo día. Solo quedó en tierra de nadie la entrega de claves de acceso de todos los sistemas, que quise entregar, pero el documento que me extendieron, no estaba dispuesto a firmarlo ya que me comprometía a volver en primera instancia durante doce meses en caso de que entendiese alguien de su equipo (podía ser el gerente, el informático o la última secretaria de Medicina Interna) que era un problema informático. Entregué las mismas por conducto notarial días después. Algo que me sorporendió entonces (tierna juventud), que desde que salí del despacho del gerente, hasta que llegué a la puerta de salida del Hospital, ya hubo compañeros que ni me dirigieron la palabra ni siquiera me dijeron un "lo siento" de compromiso.

 

No esperaba menos, ni más. Lo peor que unos días después el mismo gerente, el mismo, a través de su secretaria me llamase para decirme que querían hacerme una fiesta de despedida, como reconocimiento de mi trabajo y esfuerzos. Es curioso, y miserable. Mi respuesta: "Carlos, es que las despedidas me dan mucha tristeza, prefiero que no". El mismo miserable que me dio la patada, es el mismo que quería hacer una fiesta homenaje, supongo que para darme una placa, una medalla o cualquier mierda que limpiase su sucio espíritu.

 

Nunca me han despedido. Y no es por suerte. Es por principios. Si en un sitio no me quieren, me voy. No espero a que me empujen. Las cosas se hablan. He dejado de trabajar con clientes porque querían "probar otras cosas", del mismo modo volvieron a decirme. Me quejaba de tu equipo, pero he perdido tiempo y dinero. Al menos sé que tú no me engañas. Esa es el comodín de toda mi vida profesional. He procurado no engañar a nadie. Creo que lo he conseguido.

 

Me iba antes

 

Cuando sientes que en un sitio no pintas nada, tres opciones:

 

  1. Quedarte y quejarte. No me sale. Quejarme no me sale. Siempre he pensado que con los miles de millones de empresas que hay en el mundo, no es necesario irme a una donde no me quieren
  2. Quedarte y sabotear. Es que me sale mal hacer el mal. En caso de guerra, solo puedo ser prisionero.
  3. Irme. Es lo contrario de lo que todo el mundo siempre me dijo. Siempre he elegido hacer lo contrario de lo que me indica la manada. Creo que no me he equivocado, pero si lo he hecho alguna vez, aprendí

 

Yo elegí siempre la tres. Un empresario que se precie no deja a sus empleados colgados. Un empleado que se precie no deja a su empresa colgada. Eso debería ser el mínimo. Y a veces, es el máximo.

 

El Escorpión y la rana

 

Ya como empresario siempre he querido ser legal con mis empleados. Si alguno me decía que quería marcharse, siempre le decía (porque siempre venían con miedo), que solo es un contrato laboral. He seleccionado a lo largo de mi carrera más de 300 candidatos de más de 5000 entrevistas de trabajo. Durante unos años trabajamos para proyectos de implantación de software sanitario y, es lo que hay.

 

Hubo un candidato. Digamos que se llamaba Alfonso.

 

Antes de contratarle, me dijo:

— Puedo incorporarme en 24 horas. Yo sabía que eso era dejar tirada a su anterior empresa.

 

Sabía lo que eso significaba. Lo contraté igual porque el cliente lo pidió. Sabía que sería un error. Mi error.

 

Menos de seis meses después, Alfonso me dio 24 horas de preaviso. Palabra por palabra. Porque le había salido "la oportunidad de su vida".

 

Antes de irse, le dije: "Nuestro sector no es tan grande en Murcia. Elige si quieres tenerme enfrente el resto de tu vida profesional. No olvidaré esto".

 

El escorpión siempre mata a la rana. Está en su naturaleza. Mejor identificarlo a tiempo.

 

Años después, me volví a cruzar con Alfonso. No fue necesario decir nada. Su equipo pasó a nuestra empresa en un proyecto de soporte de aplicaciones hospitalarias (sin más detalles). No fue necesario decir nada porque renunció un día antes que tener que enfrentarse a que mi empresa le rechazase, como iba a pasar.

 

Lo que de verdad valoro en un equipo

 

He visto auténticos genios ser unos auténticos cabrones. Creerse dioses porque sabían programar o tenían conocimientos que el resto del equipo no.

 

Y he visto a gente normal, con buena actitud, solucionar en dos horas lo que el "genio" no pudo en dos semanas porque estaba demasiado ocupado demostrando lo listo que era, jodiendo al resto de sus compañeros.

 

Esto es lo que busco, por este orden:

  1. Autonomía. Que no necesite que le diga cada paso.
  2. Empatía. Que pueda ponerse en el lugar del otro.
  3. Educación y buenas formas. No es floritura. Es la base de todo.
  4. Conocimientos técnicos. Al final. Porque se aprenden. Las otras tres, o las tienes o no.
  5.  

He montado equipos varios. Una vez ofrecí a dos de mis técnicos, buenos técnicos, hacer un máster de sistemas. Unos 30.000 euros de coste con un único propósito, firmado incluso: No marcharse de la empresa ni reclamar incremento salarial durante dos años, ya que el proyecto duraría mucho más tiempo. Dos jóvenes, menos de treinta años, casi los veinticinco. Terminaron el máster un año y medio después (tiempo en el que dejamos de facturar sus servicios a la empresa que prestaban el servicio). Ingresos cero, coste: su salario durante quice meses y 30.000 euros de máster. Pues al día siguiente ambos me piden hablar juntos, pidiéndome que doblara su sueldo, que si no se marcharían. "Teneis un compromiso firmado conmigo y con la empresa. Haced lo que queráis pero es lo que hay". El mismo día me entregaron su renuncia, con un preaviso de quice días. No esperé ni cinco minutos. Salieron de mi despacho con el finiquito.

 

Realicé proyectos para las mayores empresas multinacionales de este país, trabajé y trabajo para los servicios de salud españoles y de otros países. Diseñé centros de datos, redes de todo tipo. ¿Sabéis qué tienen en común todos esos proyectos? Ninguno de ellos los hice solo. Los hice con gente que se llevaba bien. Que confiaba entre sí.

 

Nunca miro el reloj

 

Cuando un cliente tiene un problema, no mira el reloj. Se angustia. Pierde el sueño. Mi trabajo es dar tranquilidad. La informática, en servicios que son críticos, no es "un trabajo". Es la diferencia entre que un médico tenga los datos del paciente a tiempo o no. Que una fábrica tenga los equipos operativos o no. Si tu trabajo es para estar mirando el reloj contínuamente, no te quiero a mi lado. Pídeme flexibilidad, para cuando tengas un hijo, para cuando un familiar enferme, para todo lo que es importante en la vida, pero no mires el reloj, porque a un cliente o a un compañero, no se le deja tirado.

 

Lo que nadie te cuenta

 

"Sé el más listo de la habitación". Mentira.

 

La habitación donde está el más listo suele estar vacía. Porque nadie quiere estar cerca de alguien que humilla para sentirse superior.

 

Hablar desde el púlpito hace que uno pierda feligreses. Por un tubo.

 

Yo prefiero sentarme en el suelo con el equipo. Y resolver el problema. Juntos.

 

38 años después

 

Mientras esté, voy a seguir haciendo lo mismo:

 

  • Resolver problemas.
  • Formar equipos que se respeten.
  • Dejar huella. Haciendo las cosas fáciles. Accesibles.
  •  

No me importa si no salgo en ningún ranking de influyentes. Me importa que el sistema funcione. Que el cliente duerma tranquilo. Que mi equipo se sienta orgulloso.

 

Eso es ser informático. Así me siento cada día, así disfruto con mi trabajo. Ah, por cierto, la IA me ha dado nuevas rutas, nuevos caminos profesionales que estoy disfrutando.

 

Epitafio: Aquilino García. Treinta y ocho años dejando huella.

 

Linkedin: Aquilino García

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.