Viernes, 17 de Abril de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
ECONOMÍALa transformación económica silenciosa: entre la inercia y la ambición
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ECONOMÍA CON SENTIDO COMÚN

La transformación económica silenciosa: entre la inercia y la ambición

El autor analiza la evolución del modelo económico de la Región de Murcia

JAVIER CELDRÁN | COORDINADOR: JOSÉ LUIS REVERTE Viernes, 17 de Abril de 2026

 

La reciente noticia sobre el incierto futuro de la planta de Sabic en Cartagena, tras su venta al fondo alemán Mutares —especializado en la reestructuración de activos industriales en dificultades—, no es solo un episodio empresarial puntual. Leída con perspectiva, es una señal de que algo más profundo se está moviendo en la economía murciana.

 

No ocurre de forma aislada. Se inscribe en un contexto global mucho más amplio, marcado por el desplazamiento del centro de gravedad industrial hacia Asia, la irrupción de la digitalización y la IA, el cambio generacional, las tensiones geopolíticas y las nuevas dinámicas comerciales que afectan a las empresas de la Región. Un cambio de era que ya está influyendo en decisiones empresariales, flujos de inversión y modelos productivos.

 

[Img #12427]Sabic, además, no es una empresa cualquiera. Heredera de la inversión de General Electric a finales de los años ochenta, forma parte de una generación de grandes apuestas industriales que, junto al desarrollo del Valle de Escombreras y la consolidación del complejo de Repsol, marcaron el salto económico de la Región en la segunda mitad del siglo XX.

 

Aquella apuesta por industrializarse, atraer inversión y abrirse al exterior permitió construir un modelo que ha generado empleo y riqueza durante décadas. Sin embargo, los modelos económicos no son permanentes. Evolucionan y, con frecuencia, lo hacen de forma silenciosa, hasta que el cambio acaba aflorando en forma de tensión o de oportunidad.

 

Durante buena parte de ese recorrido, la economía regional se ha apoyado en tres grandes pilares: una agroindustria potente, un polo energético e industrial estratégico y un ecosistema de empresas familiares dinámicas. Un esquema que permitió crear compañías competitivas y posicionar a la Región en mercados internacionales.

 

Ese desarrollo se ha visto reforzado en las últimas décadas, además, por la mejora progresiva de las infraestructuras: la red de autovías, el crecimiento del puerto de Cartagena, el aeropuerto internacional y la llegada de la alta velocidad redujeron barreras históricas y mejoraron la conexión con los grandes ejes económicos.

 

En paralelo, la transformación del sistema financiero tras la crisis de 2008, con una mayor concentración bancaria y la desaparición de las cajas de ahorros, cambió las reglas del juego. La financiación, más exigente, menos local y más centralizada, ha empujado a muchas empresas a profesionalizar su gestión y diversificar sus fuentes de capital.

 

Hoy, el tejido empresarial murciano se encuentra en plena evolución. Muchas compañías han iniciado procesos de profesionalización y adopción de estructuras más complejas. Al mismo tiempo, el crecimiento inorgánico y la entrada de grupos internacionales o fondos de inversión han acelerado esta transición, aportando capital, escala y acceso a mercados, pero también nuevos criterios de exigencia.  Desde operaciones pioneras como la venta de Mivisa, Juver o Alvalle hasta transacciones más recientes en sectores clave como el transporte o la alimentación, se repite un patrón reconocible: empresas nacidas en la Región que alcanzan dimensión global y se integran en plataformas industriales internacionales para seguir creciendo.

 

Todo ello sucede, además, en un escenario de retos cada vez más intensos en esas tres palancas. El sector agroalimentario opera condicionado por la incertidumbre hídrica, la presión de costes y una competencia internacional creciente —Mercosur, Egipto, Marruecos— . La industria tradicional, por su parte, afronta procesos de adaptación profunda, tensionados por costes y competencia. El sector energético vira hacia la sostenibilidad, y buen ejemplo de ellos es la planta de Repsol en Cartagena, pivotando hacia combustibles renovables, hidrógeno verde y nuevas soluciones energéticas.

 

A pesar de ello, en los últimos años la economía regional ha crecido a ritmos sólidos, el empleo ha evolucionado favorablemente y la tasa de paro ha descendido. Se han puesto en marcha iniciativas relevantes para reforzar la base empresarial y productiva, como el reciente Plan Industrial o el programa 'Caetra' de impulso al sector defensa, que reflejan una voluntad política clara de anticiparse y dotar de un marco a esta etapa de cambio.

 

Sin embargo, conviene no confundir crecimiento con transformación. El verdadero análisis no está solo en cuánto crece el tejido industrial regional, sino cómo se está produciendo: si responde a una estrategia deliberada o si avanza, simplemente, arrastrado por la inercia del cambio global. Si el modelo productivo avanza como respuesta a una visión compartida o se produce de manera fragmentada y reactiva. Y, sobre todo, hacia qué dirección apunta.

 

El momento actual exige algo más que una adaptación gradual. Exige intencionalidad estratégica. Estos avances no serán suficientes si no se acelera el ritmo del cambio, pasando de la inercia a la ambición. El verdadero reto, más que crecer —porque lo hace—, es evolucionar hacia un modelo de mayor valor añadido. Competir en volumen ya no es suficiente; el nuevo entorno obliga a competir en margen, diferenciación, innovación y talento.

 

Porque hoy los cambios son más rápidos, más globales y más exigentes que en décadas anteriores. El futuro pasa por anticipar, por decidir dónde se quiere competir y por impulsar proyectos tractores en ámbitos donde tengamos fortalezas y oportunidades diferenciales. Pero, sobre todo, pasa por construir una mentalidad distinta: más estratégica, más selectiva y más orientada al valor.

 

La transformación no vendrá solo de grandes planes, del aterrizaje de nuevas grandes inversiones o de fondos adquiriendo empresas regionales. Vendrá también de decisiones estratégicas concretas en cada empresa, en cada directivo y en cada organización, pensando con ambición cómo dar un salto cualitativo hacia el futuro. Y para eso es necesario incorporar en nuestras agendas tiempo de calidad para pensar en lo estratégico.

 

La inercia es cómoda. La ambición, cuando se traduce en acción, es la que realmente transforma.

 

El autor:

 

Javier Celdrán Lorente es director de PwC en la Región de Murcia. Ingeniero Industrial por la Universidad Politécnica de Valencia, vicedecano del colegio de Ingenieros Industriales, cuenta con más de 20 años de experiencia en dirección estratégica, innovación, emprendimiento y transformación empresarial. Ha ocupado cargos de máxima responsabilidad en el ámbito público y privado, incluyendo consejero del Gobierno Regional de Murcia, director del Instituto de Fomento, director de la incubadora de startups Ceeim, y del Centro Tecnológico del Mueble Cetem. Mantiene una intensa actividad como conferenciante, mentor y promotor de iniciativas emprendedoras, siendo actualmente presidente de la Fundación de innovación y creatividad Innspire Foundation.

 

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