Viernes, 24 de Abril de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNLa guerra preventiva (III). La crisis silenciosa del sistema internacional
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Pedro Manuel Hernández López

La guerra preventiva (III). La crisis silenciosa del sistema internacional

 

El sistema internacional contemporáneo se construyó sobre una aspiración muy ambiciosa: evitar que las guerras entre grandes potencias volvieran a devastar el mundo como ocurrió en la primera mitad del siglo XX. Tras la Segunda Guerra Mundial surgió una arquitectura jurídica e institucional destinada a limitar el uso de la fuerza y a establecer mecanismos de resolución pacífica de los conflictos. La Organización de las Naciones Unidas, la prohibición general de la guerra y el equilibrio entre las principales potencias constituyeron los pilares de ese nuevo orden mundial.


Durante décadas, ese sistema consiguió mantener una cierta estabilidad global. Aunque la Guerra Fría estuvo marcada por tensiones permanentes, la existencia de normas internacionales y de instituciones multilaterales contribuyó a contener, parcialmente, el riesgo de confrontaciones directas entre las grandes potencias. Sin embargo, el mundo que dio origen a ese sistema ya no existe.

 

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Las transformaciones  estratégicas de las últimas décadas han alterado muy profundamente el contexto en el que opera el derecho internacional.


Hoy las amenazas a la seguridad internacional adoptan formas mucho más complejas. Los conflictos ya no siempre enfrentan directamente a Estados soberanos en campos de batalla convencionales, sino que se desarrollan a menudo en zonas grises donde la responsabilidad y la directa atribución resultan difíciles de establecer.


A esta transformación se añade otro problema fundamental: el creciente bloqueo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El sistema de veto que poseen las grandes potencias fue concebido para garantizar que ninguna decisión fundamental se adoptara sin el consentimiento de los principales actores del sistema internacional. Sin embargo, en la práctica ese mecanismo ha terminado paralizando muchas de las iniciativas destinadas a  gestionar las grandes crisis internacionales.


Cuando los intereses estratégicos de las potencias entran en conflicto, el Consejo de Seguridad se convierte con frecuencia en un escenario de bloqueo diplomático. Como consecuencia, numerosos conflictos quedan sin una respuesta clara dentro del marco institucional previsto "por" y "en" la legalidad internacional. Este fenómeno ha generado una paradoja cada vez más visible.


El derecho internacional continúa proclamando la prohibición del uso de la fuerza, pero la incapacidad de las instituciones internacionales para gestionar determinadas crisis empuja a algunos Estados a actuar al margen del sistema.


No se trata necesariamente de un rechazo explícito de la legalidad internacional, sino más bien de una manifestación de sus limitaciones prácticas. Cuando las instituciones no ofrecen soluciones eficaces, los Estados tienden a recurrir a sus propios instrumentos de poder para defender lo que consideran sus intereses vitales.


El resultado es una erosión progresiva del orden internacional surgido en 1945. No se trata de un colapso abrupto, sino de un proceso gradual en el que las normas jurídicas siguen existiendo formalmente, pero su capacidad para regular la conducta de los Estados se vuelve cada vez más frágil.


En este contexto, la cuestión fundamental no es si el sistema internacional desaparecerá, sino cómo se adaptará a las nuevas realidades estratégicas. Mantener intactas unas estructuras concebidas hace años para aplicarlas a un mundo actual tan diferente, puede resultar tan inútil y peligroso como intentar abandonarlas por completo.

 

Linkedin: Pedro Manuel Hernández López

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