Viernes, 01 de Mayo de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNThe Worker: la dignidad de lo cotidiano
  • Buscar
Rafael García-Purriños

The Worker: la dignidad de lo cotidiano

 

Aunque la mayoría tuvo una vida artística efímera, las bandas de lo que se conoció como 'New Wave', la nueva ola del pop británico, entendida como una evolución musical lógica tras el movimiento punk, tuvieron su momento de mayor éxito a finales de la década de los años 70 y principios de los 80 del pasado siglo XX.

 

Un momento de gran convulsión social, con la grave crisis que asoló a los países europeos, y una importante contestación canalizada a través de los movimientos obreros y sindicales. Un tiempo en el que la incertidumbre no era una idea abstracta, sino una presencia diaria.

 

Las bandas británicas de la época reflejan esa realidad. Buen ejemplo de ello son Fischer-Z, un proyecto liderado por el cantante, guitarrista y poeta John Watts, hoy quizá un tanto olvidado, pero que en su momento fue capaz de vender más de dos millones de discos. The Worker, de 1979, supuso uno de sus mayores éxitos en toda Europa.

 

[Img #12592]

 

La canción, un medio tiempo con ritmos de influencia jamaicana, nos puede servir hoy, Primero de Mayo, para ponernos el traje de profesor de derecho del trabajo e ilustrar la importancia que, ya desde hace más de dos siglos, tienen las relaciones laborales en la cultura occidental. Pero también, si se escucha con calma, nos permite algo más sencillo y más importante: mirar de frente a quien madruga cada día sin hacer ruido.

 

La figura de la persona que trabaja por cuenta ajena adquiere una enorme importancia social y cultural, con unas características típicas, procedentes de su extracción humilde, de manera especial en la época en la que la canción fue escrita y publicada, donde el paro y las escasas oportunidades de desarrollo abocaban a los trabajadores a un estatus social bajo y prácticamente inamovible. Una vida muchas veces marcada por la repetición, por la falta de horizonte, por la sensación de estar siempre un paso por detrás.

 

Este es el fenómeno conocido como proletarización (más modernamente conocido como 'precariado') en la canción, reflejado en frases como 'second class and second best' o 'the hated journey on a train, always been the same'. No es solo una descripción económica: es un estado de ánimo.

 

La concepción que entiende al trabajador como aquella persona que no tiene otra cosa, para mantenerse a sí mismo y a su familia, que su propia fuerza de trabajo, tiene sus orígenes en la Primera Revolución Industrial, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, y culmina con el nacimiento del llamado 'Estado del bienestar', a partir de los años 50 del siglo pasado, momento en el que el trabajo se convierte en factor socializador dominante. Pero el trabajo, en realidad, siempre ha estado ahí, acompañando a la humanidad, aunque no siempre haya tenido el mismo valor, ni la misma protección.

 

Como actividad humana, el trabajo implica siempre una doble dimensión: la de la transformación de la naturaleza y la de la construcción de la propia realidad social. En las sociedades modernas, el trabajo se configura como la actividad central del ser humano, y su valor va mucho más allá de lo puramente económico. Es, también, una forma de estar en el mundo.

 

Así, la OIT, en su documento 'El empleo como objetivo de desarrollo económico' (1961), establece que 'una oportunidad de trabajo productivo no es meramente un medio para conseguir ingresos (…) es un modo de autoestima, para el desarrollo de las potencialidades del ser humano y para alcanzar un sentimiento de participación en los objetivos de la sociedad'.

 

En las modernas sociedades, el trabajo asalariado pasa a ser la actividad socioeconómica por excelencia, convirtiéndose en el centro de la vida social. Y el trabajador, muchas veces, alguien condenado a lo 'segundo mejor', a los coches de segunda mano como intento de prosperar. Intento que, en el personaje de la canción, no fructifica: el coche que se podía permitir no pasó la ITV. Cualquier intento de mejorar el estatus, viene a decir la canción, acaba siendo una pérdida de tiempo.

 

En el siglo XXI, formar parte de la población trabajadora sigue siendo la principal vía de acceso a los derechos sociales y de ciudadanía. Su pérdida, en consecuencia, lleva a estados de desorientación, deteriorando gravemente la capacidad de socialización y, en definitiva, afectando a la posibilidad de desarrollar una vida digna.

 

El trabajo, por humilde que sea, si es honrado y se hace bien, siempre es digno, porque detrás hay una persona. Otra cosa, bien distinta, son las condiciones en las que a veces se desempeña.

 

Al derecho laboral corresponde, precisamente, la tarea de dignificar esas condiciones y de hacer posible que los trabajadores puedan mejorar sus vidas. Porque detrás de cada norma, de cada convenio, de cada derecho conquistado, hay historias concretas, vidas que no salen en los libros, pero sostienen todo lo demás.

 

Como en la canción, millones de personas se levantan cada día, besan a los suyos y salen a un mundo que no siempre les devuelve lo que dan. Por eso The Worker sigue sonando vigente.

 

Porque, en el fondo, todos sabemos que, sin esos trabajadores anónimos, discretos, persistentes, el mundo, sencillamente, no funcionaría.

 

Linkedin: Rafael García-Purriños

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.