Martes, 05 de Mayo de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNEl mito de Casandra en la sociedad actual
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Gabriel Vivancos

El mito de Casandra en la sociedad actual

 

Nos cuenta el maravilloso mito de Casandra que ella era hija única y muy bella. A diario visitaba el templo de Apolo para pedirle que le concediera un don. Apolo se enamoró de la joven y le ofreció un pacto.

 

Le concedería el don de la profecía si a cambio Casandra accedía a casarse con él. Casandra aceptó pero una vez obtenido el poder rechazó cumplir su parte del trato.

 

Apolo, que era el dios de la música, la poesía y la adivinación y castigaba con dureza la soberbia y la desmesura, entró en cólera y una noche visitó en sueños a Casandra escupiéndole en la boca y provocando que, si bien Casandra mantendría el regalo de ver el futuro, perdería toda credibilidad al exponerlo.

 

De esta forma, Apolo convirtió un don en una maldición ya que aunque Casandra veía el futuro le era imposible hacer algo para cambiarlo.

 

Así, Casandra predijo la destrucción de Troya con la entrada del famoso caballo y su propia muerte sin que pudiera hacer nada para cambiar algo.

 

Hoy me pregunto si habrá alguna Casandra entre tantas voces que se oyen en nuestra sociedad. Vivimos en el mundo con más información de la historia y sin embargo, también es la sociedad más golpeada por la desinformación. Es difícil identificar la verdad y la mentira en la red, también en los propios medios de comunicación donde según el que elijas, la misma noticia es tratada (o incluso silenciada) de formas prácticamente antagónicas.

 

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Pero quizá, entre tanto ruido haya alguna voz que anticipe el futuro pero que no seamos capaces de escuchar.

 

Esto ya ocurrió con Michael Burry, quien antes de la crisis financiera de 2008 anticipó el colapso del mercado inmobiliario por las hipotecas subprime.

 

Hay predicciones que dan miedo por ser catastróficas. Un ejemplo lo tenemos en los avisos que alertan de los peligros de la Inteligencia Artificial (IA).

 

Ciertamente el avance de la IA es prodigioso y tiene pinta de ser imparable. Estamos viviendo la victoria del avance tecnológico más rápido de la historia de la humanidad, lo que sin duda, como siempre ocurre con cualquier revolución industrial, va a dejar a muchos atrás incapaces de seguir el ritmo.

 

Varios 'padres' o fundadores de la inteligencia artificial moderna, han expresado serias preocupaciones sobre los riesgos que esta nueva tecnología podría representar para la humanidad. Tal es el caso de Geoffrey Hinton, quien renunció a su puesto en Google para poder hablar libremente de los riesgos de la IA, realizando unas declaraciones muy conocidas tras ganar el premio Nobel de física en 2024, en las que alertaba del peligro de que la IA desarrolle sus propias metas y se vuelva incontrolable.

 

Hay muchas otras voces en este sentido como la de Sam Altman (CEO de OpenAI, creador de chatGPT) o Yoshua Bengio considerado también como uno de los 'padres' de la IA.

 

Todos avisan de la necesidad de regular esta importante innovación para que, algo que el ser humano ha creado como herramienta, no le sustituya en el futuro, o si lo hace sea de una forma controlada por él.

 

Más allá de estos augurios tan inquietantes lo cierto es que cada vez más (y seguro que irá en aumento) y especialmente entre los jóvenes, se le está dando a la IA una credibilidad superior a la opinión de auténticos especialistas en una materia y lo que cabe preguntarse es quién está detrás de esa selección de información que realiza la IA y si la misma tiene o no algún tipo de sesgo adulterante.

 

Entre los profesionales también se vislumbra un problema futuro de conocimiento. Ante un asunto real los profesionales buscan las distintas opciones y tras un proceso de reflexión y conocimiento se adopta la solución que se cree más adecuada, de tal forma que en el camino se adquiere el “saber” que luego será utilizado ante supuestos similares.

 

En el futuro, ¿quién sabe? quizá no se busque la solución y sea la IA la que nos brinde la respuesta con inapelable credibilidad.

 

El ruido nos impide escuchar a las Casandras que a buen seguro nos advierten de eventos futuros, pero así fue en la mitología y así será porque si algo enseña la historia -y el mito- es que el problema rara vez es la falta de señales.

 

Es la dificultad de reconocerlas a tiempo. 

 

Linkedin: Gabriel Vivancos

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