El 'no pasa nada' vuelve a zarpar hacia Canarias
Hay frases que no envejecen, solo se pudren en el recuerdo. Y en España --por desgracia-- ya tenemos algunas archivadas y cuidadosamente conservadas en el mejor formol institucional. Una de ellas es y pertenece al dr. Fernando Simón, portavoz y coordinador sanitario del famoso equipo fantasma de expertos de la covid -que nunca existio- referente nacional en tiempos de mucha incertidumbre, y autor famoso de aquella nefasta sentencia que hoy debería figurar grabada en mármol a la entrada del ministerio de Sanidad:
"(...) España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado".
Era enero de 2020. El riesgo era “muy bajo”. Lo que vino después lo conocemos todos: pandemia, confinamiento, colapso sanitario y 121.000 fallecidos. La cruda realidad, como suele hacer, no pidió permiso.
Seis años después, el guión se repite con inquietante fidelidad. Cambia el virus, cambia el escenario, pero no el tono. Esta vez el protagonista remoto no es Wuhan, sino un crucero con nombre de novela marítima -el 'MV Hondius'-. Partió de Ushuaia (Argentina) rumbo a du destino final en Praia, en Cabo Verde, tras recorrer varias islas del Atlántico medio.
Hoy permanece fondeado frente a Cabo Verde, convertido en una cápsula flotante de miedo, de preocupación, de incertidumbre y, tal vez, de seria amenaza de muerte.
![[Img #12653]](https://elnuevodigitalmurcia.es/upload/images/05_2026/8882_barco.jpg)
A bordo viajan 147 personas de 23 nacionalidades, entre ellos 14 españoles. El balance provisional no es precisamente tranquilizador: siete casos confirmados de infección por 'hantavirus', tres fallecidos, un paciente grave -el médico del crucero- y varios más con síntomas leves. Un barco aislado, con enfermedad y muertos, esperando puerto. Bram Stoker habría reconocido el argumento sin necesidad de adaptar el guion de su particular 'Demeter', portando el ataúd del Conde Drácula cargado en su bodega.
Y entonces aparece de nuevo la voz de la calma. El dr. Simon comparece de nuevo, y dice:
"(...) Las personas que van en el barco no son de riesgo para nadie".
Podría parecer una frase muy razonable. Técnica. Prudente, e incluso, tranquilizadora. El hantavirus, efectivamente, no tiene la misma capacidad de transmisión de la covid; su contagio entre humanos es limitado y depende de condiciones muy concretas.
Hasta aquí...Todo correcto, incluso desde el punto de vista sanitario y epidemiológico. Y sin embargo, todo es muy frío e inquietante, porque el problema ya 'no es lo que se dice', sino 'quién lo dice'… y 'cuándo lo dice'.
La hemeroteca no es una mera opinión, es un antecedente real y fidedigno. Y cuando uno repasa el historial, el mensaje oficial empieza a traducirse solo: lo que en teoría era 'riesgo muy bajo', acabó siendo una mortal pandemia global; lo que solo era "algún caso aislado", produjo un grave colapso sanitario y lo de que los Hantavirus "no son de riesgo para nadie" ...
La ausencia de palabras tras los puntos suspensivos no es retórico, es pura memoria -ni histórica ni democratica- sino real, cruda y dura. Se dirá -con razón- que no todos los virus son iguales; que el hantavirus no es el SARS-CoV-2 y que no hay clara evidencia de transmisión sostenida entre humanos. Todo eso es muy cierto.
Pero no es menos cierto, que ya en el 2020 se hablaba con la 'misma seguridad' científica y epidemiológica del SARS-CoV-2 y acabó en una mortal y gravísima pandemia mundial.
El principal problema ya no reside solo en la confianza, sino también en la credibilidad acumulada experimentamente. Y esa credibilidad quedó muy seriamente erosionada cuando el "algún caso” terminó siendo una "tragedia nacional".
España ha aceptado ahora -a petición de la OMS- recibir el crucero en Canarias por razones humanitarias. Una decisión comprensible, incluso necesaria aunque muy polémica. Esta no es solo una decisión sanitaria, es además un acto político y, en cierto modo, casi un acto de fe.
Fe en que esta vez sí. Fe en que ahora sí se sabe. Fe en que, ahora sí, el que “no pasa nada” es verdad.
Pero la reciente y gravísima experiencia nos obliga a una prudencia nucho menos complaciente. Porque lo verdaderamente inquietante no es el hantavirus detectado, sino la repetición del mismo mensaje y por el mismo personaje responsable sanitario: el dr. Simón. La cadencia es la siguente: primero, minimizar; después, tranquilizar... y, si todo sale mal, después explicar y blá, blá, blá.
El problema es que los virus no dan ni escuchan ruedas de prensa. Ni tampoco atienden a argumentarios por muy serios y razonables que nos los quieran vender. No respeta ningún calendario sanitario ni político. Y cuando encuentran una minima oportunidad -sin preguntar si el riesgo era bajo, moderado o alto- la aprovechan y actúan sin ninguna compasión ni misericordia. Ellos solo actúan.
Tal vez esta vez no ocurra nada. Tal vez el neerlandés 'MV Hondius' no sea nada y se quede solamente en una simple anécdota sobredimensionada... y tal vez, el Dr. Simón, esta vez, tenga razón.
Pero hay una gran diferencia y fundamental respecto a 2020: ahora ya sabemos lo que puede esconderse trás de un mensaje, en apariencia, tranquilizador.
Y por eso, cuando nos dicen que “no hay riesgo para nadie”, una gran parte del país ya no se tranquiliza. Duda y se prepara. Porque la última vez que nos aseguraron que no pasaba nada… pasó TODO , de TODO y a TODOS.
Linkedin: Pedro Manuel Hernández López



