Viernes, 08 de Mayo de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNAmerica y la llamada de George Martin
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Rafael García-Purriños

America y la llamada de George Martin

 

La historia de hoy comienza en una casa sencilla, en Inglaterra, en los años setenta del pasado siglo. Enfocamos la cámara y vemos a un chaval.

 

No hace tanto, estaba en un instituto, en Londres, compartiendo clases, guitarras y canciones con otros dos tipos que, como él, tampoco tenían muy claro hacia dónde iba todo aquello.

 

No son de allí del todo, pero tampoco estaban ya en casa. Los tres son hijos de militares americanos destinado en Inglaterra, creciendo entre dos mundos, entre dos acentos, entre dos maneras de entender la vida. Mientras sus padres estaban destinados en la base de South Ruislip, cerca de Londres, iban a la London Central High School, en Bushey Hall. Y en medio de todo eso, han formado un grupo de música.

 

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En su disco debut han tenido un éxito. Nada menos que un número uno. 'A Horse with No Name'. Una canción que, en un principio, se había titulado 'Desert Song'. Años después ganaría un disco de oro. Oro que, para el LP y en Estados Unidos, se convirtió en platino.

 

Una canción extraña, casi hipnótica, que sonaba en la radio y que a muchos les sonaba a Neil Young, con ese aire polvoriento, ese paisaje más mental que real. Pero eran ellos. America (sin tilde).

 

No eran The Beatles, claro que no. Ni lo pretendían. Tampoco eran unos desconocidos. Están en ese punto extraño, casi incómodo, en el que uno ya ha demostrado algo, pero todavía no sabe muy bien qué hacer con ello. Otra canción, 'I Need You' también había funcionado. Saben hacer canciones, buenas melodías, muy bonitas voces, guitarras acústicas, percusión, canciones sencillas, de esas que se cantan en los campamentos, a la luz y el calor de la hoguera.

 

El segundo disco, Homecoming empieza ya a definir un sonido, con éxitos como 'Ventura Highway' o 'Don’t Cross the River' y, a pesar de obtener también un disco de oro, seguía flotando la sensación de que todo podía ser pasajero. Que aquello podía desvanecerse igual de rápido que había llegado.

 

De hecho, el tercer disco, Hat Trick, no terminó de funcionar. No fue un desastre, pero sí una cierta frialdad en la acogida, una ligera caída, ese momento en el que uno empieza a preguntarse si lo que ha conseguido es de verdad sólido o solo un espejismo. Las canciones estaban ahí, pero algo ya no encajaba igual, algo se había enfriado.

 

Y es justo ahí, en ese pequeño bache, en ese momento de duda …cuando suena el teléfono. Y al otro lado está George Martin.

 

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No hace falta decir mucho más. El productor de los Beatles. El hombre que había estado detrás de algunos de los discos más importantes de la historia. Y ha aceptado trabajar con ellos.

 

Ahí es donde todo cambia. No de golpe, no como una sacudida, sino como cuando todo encaja poco a poco y te das cuenta de que lo que tenías necesitaba exactamente eso: No alguien que lo cambie todo, sino que, simplemente, coloque cada pieza en su sitio.

 

Aquellos tres chavales, Gerry Beckley, Dewey Bunnell y Dan Peek, que se habían conocido en Londres, durante un tiempo, se hicieron llamar Daze in London, hasta que decidieron cambiarlo por America, porque no querían sonar como impostores, No querían que nadie pensara que eran músicos británicos tratando de sonar como estadounidenses.

 

Y quizá por eso su música suena así. Abierta. Luminosa. Cálida, ligeramente americana, con armonías a tres voces tipo Crosby, Stills, Nash, canciones que parece que no te llaman la atención pero que, cuando te quieres dar cuenta, ya las estás tarareando.

 

La llegada de George Martin en Holiday (1974) no cambia esa esencia, la lleva un paso más allá. Suenan más claros. Como si alguien hubiera limpiado el cristal que no dejaba ver del todo el paisaje, con canciones como Lonely People

 

En su siguiente disco, Hearts (1975) vuelven al número uno con 'Sister Golden Hair'. Una canción que parece sencilla. De esas que escuchas por primera vez y es como si siempre hubiera estado ahí.

 

En 1975 aparece History: America’s Greatest Hits. George Martin selecciona canciones de sus tres primeros discos, remezcla todo, lo cuida, lo pone en su sitio, ofrece una nueva manera de escuchar las canciones, de dejar que vayan apareciendo una detrás de otra sin prisa, como si ese fuera el orden natural.

 

Canciones que suenan a carretera, a distancia, a algo que no termina de pertenecer a ningún sitio en concreto. Como ellos mismos.

 

Es casi una despedida porque, poco después, las cosas cambian. En 1977, Dan Peek decide abandonar, movido por sus convicciones religiosas. Obtendría cierto éxito en la música popular cristiana. Falleció el 24 de julio de 2011, a los 60 años.

 

En 1979 se cierra también la etapa con George Martin.

 

Gerry Beckley y Dewey Bunnell mantienen el nombre, siguen adelante durante los años siguientes, y vuelven a aparecer en los noventa, ya como dúo.

 

Sus canciones nunca se fueron. Siguen sonando, siguen apareciendo sin ruido. Como un eco lejano. Como si vinieran de otro sitio. Como si hubieran sido escritas desde fuera, mirando hacia un lugar en nuestros recuerdos.

 

Nacieron entre dos mundos y acabaron construyendo uno propio.

 

Linkedin: Rafael García-Purriños

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