Martes, 12 de Mayo de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNEl encanto de la ignorancia
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Mariano Galián Tudela

El encanto de la ignorancia


 

Con buen agrado he vuelto a ver el óleo de Jacques–Louis David referente a 'La muerte de Sócrates'. Los aromas del pasado no se han resistido a fluir de nuevo y cuestionar al progresismo educativo del hoy, vacío de esperanza en unos jóvenes con ganas de comerse el mundo. ¡Menudo legado! Cuando más necesitamos cabezas bien amuebladas hacia una industria y mundo empresarial global, en vez de soñar alto deseamos empequeñecer ese mundo que tanto ansían los que llevarán las riendas del mañana. Una pedagogía sin fundamento filosófico simplemente declina en pura ingeniería social.

 

¿Cuántas veces nos acordaremos de los buenos profesores universitarios al comentarnos aquello de que, el conocimiento, propiamente hablando, "no se transmite"?: lo que un buen docente hace al enseñar es ayudar a otros a que conozcan ellos con su inteligencia. “No puedo transmitirle a otro mi propio conocimiento, pues conocer es una acción inmanente, dice Aristóteles. A saber, una operación que revierte o repercute en el sujeto que la realiza, no fuera de él”. Un docente no debe inculcar saber en otra persona. Lo que puede es “dar aliento, soplar para que prenda la llama”, debería “ayudar a que se desenvuelva sin obstáculos, o venciendo los que surjan, sobre todo la pereza mental o la resistencia a realizar un esfuerzo intelectual.

 

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Pero no todo queda aquí, en el que vuelen por sí mismos, en enseñarles las teclas precisas para aspirar en grande. Más aún, al sistema educativo español más le valdría remodelarlo echándole un vistazo al británico, americano y con entusiamo hacia los países asiáticos, donde la ideología no tiene espacio alguno. Donde los profesores no viven del cuento por ser funcionarios. Mejor nos iría a todos, como país, que cada cierto tiempo tuviesen de nuevo que dar la cara por sus últimos años. 

 

Frente a estos caldos de cultivo inoperantes me he alegrado volver a leer a Marx Lilla, ensayista americano y becado por sus prestigiosos estudios tanto en Columbia, Paris y Nueva York. Levantar los ojos por encima del Pirineo nunca viene mal, todo lo contrario. Me alegra mucho más cuando Marx, políticamente incorrecto y muy respetado crítico de The New York, publicaba en español su libro 'El regreso libera', muy aplaudido por la crítica. En España no hubiese sido así.

 

Si con anterioridad hablábamos del sistema educativo español, de dejar que nuestros jóvenes alcen el vuelo descontaminado, ahora, esta vez volvemos a Aristóteles, también muy amigo de Marx Lilla. El New York Times, sacaba a la luz un articulazo llamado 'El sorprendente encanto de la ignorancia', donde en definitiva, venía a comentar que son muchos, bastantes, los que no desean saber. Tenemos por cierto que existen periodos históricos en los que la negación de las verdades evidentes parece imponerse. En España los tenemos “a mares”.

 

Estamos ante un bacilo psicológico que se propaga por medios desconocidos y el antídoto se vuelve repentinamente impotente. 'Brotes de lo irracional', 'multitudes hipnotizadas' o 'rumores irracionales' son algunos de los síntomas para defender eso que llama Lilla, su teoría de que la busqueda del bienestar a toda costa nos ha llevado a acomodarnos en la pura ignorancia.

 

La pérdida de lectores es un hecho, no se desea informarse. Dicen…¿para qué? Nunca dicen la verdad y sirven con ahínco a la “voz de su amo”. Vivimos un tiempo en el que se ansía la ignorancia, donde “la verdad evidente” se deja de lado en favor de imaginaciones absurdas. Las multitudes hipnotizadas siguen a profetas absurdos, los rumores irracionales desencadenan actos fanáticos y el pensamiento mágico desplaza al sentido común y la experiencia.

 

George Eliot, es decir, Mary Ann Evans, en su Daniel Deronda, nos dejaría como tributo "Es una frase común que el conocimiento es poder; pero ¿quién ha considerado o expuesto debidamente el poder de la ignorancia?”  Bambille, en su Ignorancia y Felicidad, también clamaba ante “ un antídoto espléndidamente vigorizante contra las panaceas insulsas y las piedades insensatas, de derecha e izquierda, que nos rodean como una niebla venenosa.

 

Tiempos difíciles siempre nos acompañarán, para eso estamos nosotros, ya nos encargamos de ello. Necesitamos a más de uno para que nos ayuden a enfrentarnos, y si es posible a vencer, a las hordas de “santos necios y eternos niños”, cuyo desagrado por el presente los impulsa, en vano, a restaurar un pasado imaginario.

 

Estos meses de abril y mayo, con su frescor y lluvias, lo mismo no hemos mirado lo suficiente hacia arriba. Los que sí, se habrán dado cuenta que nuestras aves, en tales circunstancias vuelan bajo por temor. Lo mismo nos puede pasar a nosotros y, por ello, ante estos envites hemos de estar dispuestos a cruzar las nubes y dejar los miedos para aquellos que más bien, sus aspiraciones, dejen que desear. Apostar por lo bueno lleva consigo sacrificio y altura de miras.

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