La burocratización del caos: Justicia, la reforma que nadie pidió
La advertencia lanzada por los presidentes de los Tribunales de Instancia sobre la implantación de la Ley Orgánica 1/2025 debería preocupar seriamente a cualquier ciudadano. Cuando quienes dirigen los tribunales afirman que “la desorganización se ha trasladado a la generalidad de los tribunales”, ya no estamos ante una crítica corporativa. Estamos ante un fracaso organizativo de enormes dimensiones.
Muchos abogados llevamos meses percibiéndolo en el día a día. Y quienes tenemos años de ejercicio profesional sabemos distinguir perfectamente entre las dificultades habituales de la Justicia y el caos actual.
Mi compañero y amigo Miguel Pougel, abogado desde 1988, lo resumía de manera demoledora: “No he conocido un caos y una ineficiencia mayor que la actual en los tribunales”. Toda la razón.
La LO 1/2025 se presentó como una reforma destinada a modernizar y especializar la Justicia. La realidad está siendo justamente la contraria: desestructuración, confusión, dilaciones indebidas, inseguridad jurídica y pérdida de eficacia.
![[Img #12718]](https://elnuevodigitalmurcia.es/upload/images/05_2026/4499_casado.jpg)
La especialización ya existía. Jueces, Letrados de la Administración de Justicia y funcionarios llevaban años adquiriendo experiencia concreta en materias complejas. Lo único que faltaban eran medios. Pero en lugar de reforzar estructuras que funcionaban razonablemente bien pese a la escasez de recursos, se ha optado por convertir muchos órganos judiciales en enormes estructuras impersonales donde nadie sabe exactamente quién lleva determinado asunto.
Hoy uno llega a los juzgados y muchas veces ni siquiera sabe a qué planta debe dirigirse. Se llama por teléfono y nadie responde. Se deriva al profesional de una extensión a otra sin información clara. Nadie parece responsable de nada.
Eso no es modernización. Eso es desorganización. Y mientras tanto, se nos vende la reforma bajo el lenguaje burocrático de la “eficiencia”.
Tampoco puede ignorarse el enorme malestar que han generado los 'Medios Adecuados de Solución de Controversias' (MASC) convertidos en requisito previo para acudir a los tribunales. La abogacía siempre ha intentado evitar pleitos innecesarios. No hacía falta imponer nuevos obstáculos formales para acceder a la jurisdicción.
Todo ello coincide, además, con un evidente deterioro de la profesión jurídica. Muchos abogados jóvenes atraviesan situaciones de enorme precariedad económica y cada vez son más las voces que denuncian que el turno de oficio está contribuyendo a la progresiva proletarización de la abogacía.
Muchos juristas sospechamos que el verdadero objetivo de esta reforma no era mejorar la Justicia, sino reducir artificialmente la entrada de asuntos para ocultar el colapso organizativo ya existente.
Lo más preocupante es que la Justicia empieza a perder algo esencial: identidad, responsabilidad y cercanía. El ciudadano ya no percibe un juzgado reconocible, sino una maquinaria burocrática cada vez más opaca y despersonalizada. Y cuando la Justicia se convierte únicamente en burocracia, el Estado de Derecho se debilita.
Cuando una reforma judicial prioriza los objetivos políticos sobre la tutela judicial efectiva, el perjudicado final siempre es el ciudadano. Porque la Justicia no se destruye sólo por falta de medios. También se deteriora cuando se reforma desde los despachos políticos ignorando a quienes trabajan diariamente en tribunales y juzgados. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo.
Quizá por eso cobra hoy especial sentido aquella reflexión de Ernesto Sabato: “Nunca me gustaron los revolucionarios de salón, no creo en ellos”.
Porque las grandes reformas concebidas lejos de la realidad social y del funcionamiento cotidiano de los tribunales suelen terminar chocando violentamente contra ella.
Se nos olvida con demasiada frecuencia que el primer gran deseo del constituyente de 1978 fue precisamente “establecer la justicia”, tal y como solemnemente proclama el Preámbulo de nuestra Constitución: “La Nación española, deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad...”.
Linkedin: Antonio Casado Mena



