A través del espejo
La otra noche cuando estaba leyendo el magnífico libro de Juan Luis Arsuaga y Manuel Martín-Loeches, ‘El sello indeleble’ apareció la frase que la Reina Roja le dice a Alicia (en ‘A través del Espejo’ secuela de ‘Alicia en el País de las Maravillas’): "Lo que es aquí, como ves, hace falta correr todo cuanto uno pueda para permanecer en el mismo sitio. Si se quiere llegar a otra parte hay que correr por lo menos dos veces más rápido".
Aunque la frase en el libro de divulgación científica que estoy leyendo ‘venía a cuento’ de la necesidad que tienen las especies de adaptarse constantemente para no ser eliminadas por la selección natural, tuve que detener la lectura y reflexionar sobre la misma en otras facetas de esta vida tan compleja que llevamos.
Vivimos convencidos de que avanzar significa no detenerse nunca. Desde pequeños nos han enseñado (o llevamos en nuestros genes) que la competencia social implica que parar es perder y que descansar es quedar atrás, porque siempre existe alguien más rápido o más brillante dispuesto a ocupar nuestro lugar.
A veces ni siquiera somos conscientes de que estamos moviendo los pies y tampoco sabemos muy bien a dónde vamos, simplemente seguimos avanzando por inercia.
Esto ocurre en las grandes ciudades donde pocos miran a su alrededor porque hay demasiada prisa, pero también ocurre en las relaciones humanas donde algunas continúan por inercia, como trenes que olvidaron su destino pero siguen avanzando porque detenerse sería aún más aterrador.
Por supuesto ocurre siempre en el mundo de la empresa, donde las compañías ya no compiten únicamente por crecer; compiten para no quedarse atrás. Innovar dejó hace mucho tiempo de ser una ventaja para convertirse en una obligación. El mercado dicta su ley y el detenerse equivale, casi siempre, a desaparecer.
Es un ‘tornillo sin fin’ porque cuanto más rápido vayas, más rápido irá tu competidor y al final ocurre que la velocidad es endiablada y ¿quien sabe? sin control.
La velocidad siempre tiene un coste, aunque no aparezca en los informes financieros: el de profesionales brillantes que viven conectados incluso cuando descansan.
Fuera del mundo empresarial, quizá nos movemos agitadamente por esperanza, porque seguimos creyendo que en algún momento alcanzaremos una versión de la vida donde el aire no falte tanto y el tiempo no se escurra de las manos. Quizá estemos buscando ‘el sitio de mi recreo’ de Antonio Vega.
Lo que sería bueno preguntarse es si ese lugar al que queremos llegar a toda costa merece realmente el agotamiento y si ese sitio, en verdad existe o forma parte de la ilusión que necesitamos para continuar, porque mientras tanto la vida se pasa y nunca vuelve.
Quizá esa sea la esperanza, la de entender que no estamos obligados a vivir corriendo, que incluso inmersos en la velocidad todavía podemos encontrar pausas con sentido y belleza.
Quizá debamos descubrir que ‘el sitio de mi recreo’ no está al final del camino sino en cada pausa si sabemos encontrarlo.
Quizá nuestro lugar soñado empiece en el instante en que decidamos caminar de una manera diferente.
Linkedin: Gabriel Vivancos



