
Durante años, el gran objetivo económico de nuestro país era crear empleo. Todo giraba alrededor de esa palabra: empleo. Los informativos abrían con la cifra del paro, los políticos medían su éxito en afiliaciones y millones de españoles soñaban simplemente con encontrar una oportunidad laboral estable.
Sin embargo, algo está cambiando. Y quizá no nos estamos dando cuenta de la magnitud del problema que tenemos delante.
Porque hoy, en muchos sectores de la Región de Murcia, el problema ya no es únicamente la falta de trabajo. El verdadero problema empieza a ser la falta de trabajadores cualificados.
Sí, aunque suene contradictorio.
Mientras seguimos viendo datos importantes de desempleo, cientos de empresas de nuestra comunidad reconocen tener enormes dificultades para cubrir puestos esenciales. No hablamos solo de ingenieros altamente especializados o perfiles imposibles de encontrar. Hablamos de camareros, soldadores, electricistas, mecánicos, cuidadores, transportistas, técnicos de mantenimiento, profesionales de peluquería, personal sociosanitario o trabajadores de hostelería.
Sectores enteros necesitan personas… y no las encuentran.
La paradoja es tan grande que merece una reflexión seria: ¿cómo puede convivir el desempleo con miles de vacantes sin cubrir?
La respuesta probablemente no sea única, pero sí hay varios factores evidentes.
Uno de ellos es el enorme desequilibrio entre la formación y la realidad del mercado laboral. Durante años, nuestra sociedad ha puesto el foco principalmente en determinados itinerarios formativos, mientras otros caminos igualmente necesarios para el desarrollo económico quedaban en un segundo plano.
Y aquí es importante dejar algo claro: la universidad sigue siendo absolutamente fundamental para el progreso de cualquier sociedad moderna. Necesitamos grandes profesionales formados en nuestras universidades, investigación, innovación y talento altamente cualificado. Pero al mismo tiempo, también necesitamos reforzar y prestigiar otros itinerarios formativos igual de importantes para el funcionamiento diario de nuestra economía, como la Formación Profesional y la especialización técnica.
Porque una economía necesita de todo tipo de perfiles. Necesita médicos, abogados, docentes, investigadores e ingenieros, por supuesto. Pero también necesita instaladores, técnicos, operarios especializados, soldadores, cocineros, cuidadores y profesionales capaces de “hacer funcionar” el día a día de las empresas.
Y ahí es donde aparece otro problema incómodo: durante demasiado tiempo hemos infravalorado el valor del oficio.
Hay trabajos esenciales que sostienen la economía real y que, sin embargo, llevan años perdiendo atractivo social. Muchos jóvenes crecen escuchando que determinados empleos “no tienen futuro”, cuando la realidad demuestra justo lo contrario: algunos de esos perfiles tienen hoy más empleabilidad que muchos itinerarios tradicionalmente considerados más prestigiosos.
Mientras tanto, empresas de la Región de Murcia siguen creciendo, exportando, invirtiendo y necesitando mano de obra cualificada. La hostelería busca personal continuamente. La industria necesita técnicos. El sector sociosanitario reclama trabajadores. El transporte no encuentra conductores suficientes. La construcción vuelve a sufrir escasez de profesionales.
Y todo esto ocurre en una comunidad con un enorme potencial económico.
La Región de Murcia cuenta con industria, turismo, agricultura, logística, puerto, energía y capacidad empresarial. Pero ninguna economía puede crecer si no tiene personas preparadas para sostener ese crecimiento.
Por eso quizá haya llegado el momento de replantearnos algunas cosas como sociedad.
Tal vez debamos dejar de medir el éxito educativo únicamente desde una única perspectiva y empezar a valorar mucho más la formación útil, práctica y conectada con la realidad laboral.
Tal vez haya que orientar mejor a los jóvenes desde edades tempranas, explicándoles dónde están las oportunidades reales de empleo y qué sectores van a necesitar profesionales durante los próximos años.
Y tal vez también haya que devolver prestigio social a muchos oficios que nunca debieron perderlo.
Porque detrás de cada empresa que no encuentra trabajadores hay crecimiento que no se produce, inversiones que se frenan y oportunidades que se escapan.
Y porque, aunque a veces se nos olvide, las economías no avanzan solo con discursos o estadísticas. Avanzan cuando hay personas preparadas para sacar el trabajo adelante cada mañana.
Quizá por eso el gran debate económico de los próximos años ya no será únicamente cómo crear empleo.
La verdadera pregunta será: ¿quién va a ocuparlo?




