Miércoles, 03 de Junio de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNLa anécdota de Einstein
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Gabriel Vivancos

La anécdota de Einstein

 

Hay muchas anécdotas atribuidas a Albert Einstein que no se sabe realmente si ocurrieron o no. Pero de esta que voy a relatar hay pruebas físicas que así lo confirma.

 

En 1921 Einstein visitó Japón y se hospedó en el Imperial Hotel de Tokio. Un empleado del hotel acudió a su habitación para entregarle algo. Cuando éste se marchaba, el genio quiso darle una propina a lo que el empleado, fiel a su cultura, se negó. Entonces Einstein cogió un papel y le escribió unas notas diciéndole: “si tienes suerte, algún día esto valdrá más que una propina”.

 

Y así fue, porque en 2017 ese papel fue subastado en Jerusalem por más de un millón de dólares.

 

El escrito decía: “Una vida tranquila y modesta trae más felicidad que la búsqueda del éxito unida a una constante inquietud”.

 

Esas notas fueron conservadas durante décadas por la familia del mensajero y, afortunadamente, han llegado a nuestros días.

 

 

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La frase del genio “vida tranquila y modesta” parece pertenecer a un idioma antiguo. Porque la vida contemporánea no se organiza en torno a la tranquilidad precisamente, sino a la optimización, a la eficacia, a la urgencia. Hoy no se busca la modestia, sino la visibilidad.

 

Incluso el éxito ha cambiado, porque hoy no basta con alcanzarlo, eso se olvida rápido, hoy es preciso mantenerlo para decirle al mundo que aún sigo ahí.

 

Lo paradójico es qué entiende por éxito esta sociedad y a quién se lo atribuye.

 

Vivimos un tiempo en que escuchar se parece cada vez más a comprender. Repetir se parece a saber. Y parecer se parece peligrosamente a ser.

 

Cada vez es más difícil distinguir entre quién domina una idea y quién simplemente domina su representación.

 

Las redes sociales, los debates en televisión, los programas de radio, los editoriales de los periódicos, han convertido el conocimiento en una representación permanente.

 

En ocasiones admiramos más la seguridad con la que alguien habla, con la que alguien se expresa, que la solidez de los argumentos que defiende. Hay quien puede estar hablando horas sin tener ni idea de lo que dice, simplemente lo repite como un loro.

 

Esta sociedad no exige comprensión. Es suficiente con memorizar un vocabulario técnico, repetir varios conceptos y aparentar que se sabe con solvencia, sin importar si esa persona ha atravesado el lento proceso de entender de verdad.

 

Hemos construido una sociedad en la que “no lo sé” no está admitido. La duda se traduce por debilidad y la opinión inmediata por sabiduría. Así muchos terminan representando el papel de experto y otros sabios quedan en el anonimato, quizá, afortunadamente para ellos.   

 

La genialidad de Einstein no solo fue su conocimiento de la física, fue más allá y alcanzó el entendimiento de lo realmente importante: que no hace falta entenderlo todo para vivir mejor y que a veces para descubrir la verdad es mejor escuchar al callado que al que grita más alto. 

 

Linkedin: Gabriel Vivancos

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