Viernes, 05 de Junio de 2026
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ECONOMÍA CON SENTIDO COMÚN

La economía crece, los ciudadanos no tanto

La diferencia entre las cifras oficiales y la realidad económica que perciben muchas familias merece una reflexión más profunda

José Luis Reverte | Imagen: PUEBLA Viernes, 05 de Junio de 2026

 

Cada vez que se publican datos económicos ocurre algo curioso. Los titulares suelen ser positivos: la economía española crece más que la mayoría de países europeos, el empleo alcanza cifras históricas, el paro continúa reduciéndose, e PIB sigue avanzando, los organismos internacionales mejoran previsiones...



Y, sin embargo, cuando uno sale a la calle, habla con empresarios, trabajadores, autónomos o familias, la conversación suele ser muy distinta. Pocos discuten que la economía esté creciendo. Lo que muchos cuestionan es si ellos están creciendo al mismo ritmo. Y esa diferencia es mucho más importante de lo que parece. Porque una cosa es el crecimiento económico y otra muy distinta la percepción de bienestar económico.



[Img #13013]Durante los últimos años hemos escuchado repetidamente que España lidera el crecimiento entre las grandes economías europeas. Y es cierto. Los datos están ahí.

Pero también es cierto que muchas familias tienen hoy más dificultades para ahorrar que hace unos años. Según distintas estimaciones, los precios acumulan desde 2020 incrementos cercanos o superiores al 20% en numerosos bienes y servicios básicos. Es decir, aquello que hace cinco años costaba 100 euros, hoy cuesta aproximadamente 120.

Y aquí aparece uno de los conceptos más importantes de la economía y, al mismo tiempo, uno de los menos comprendidos: la diferencia entre términos nominales y términos reales.

Cuando una persona pasa de cobrar 1.800 euros al mes a cobrar 2.000 euros, objetivamente gana más dinero. Su salario nominal ha aumentado. Sin embargo, si durante ese mismo periodo el coste de la vivienda, la alimentación, la energía, los seguros y numerosos servicios ha aumentado todavía más, la situación cambia radicalmente.

Porque lo importante no es cuánto dinero ganamos. Lo importante es cuánto podemos comprar con ese dinero. Eso se llama poder adquisitivo. Y el poder adquisitivo explica gran parte de la desconexión que existe actualmente entre algunos indicadores económicos y la percepción ciudadana.

De hecho, mientras el PIB español ha seguido creciendo y el empleo ha alcanzado niveles récord, numerosos estudios muestran que la evolución de los salarios reales ha sido mucho más modesta. Dicho de otra manera: la economía genera más riqueza, pero no todos perciben esa mejora con la misma intensidad.

Y cuando los precios suben más rápido que los ingresos, el resultado es sencillo: la sensación de empobrecimiento aparece aunque las cifras macroeconómicas sigan mejorando.

No se trata de que los datos sean falsos. Se trata de que a veces se presentan de forma incompleta.

Por ejemplo, cuando escuchamos que la inflación ha bajado, muchas personas interpretan que los precios están descendiendo. Pero eso no significa eso. Significa únicamente que siguen subiendo, aunque más despacio.

Si una barra de pan pasó de costar 1 euro a 1,20 euros y ahora sube a 1,23 euros, la inflación se ha reducido. Pero el precio sigue aumentando. Y el consumidor sigue pagando más.

La diferencia parece pequeña, pero cambia completamente la interpretación de la realidad.

Algo parecido ocurre con el PIB. El Producto Interior Bruto mide la riqueza generada por una economía. Es un indicador fundamental. Pero no mide cómo se distribuye esa riqueza. No mide cuánto ahorran las familias. No mide si los jóvenes pueden emanciparse. No mide si una pareja puede comprar una vivienda. No mide si un autónomo vive mejor que hace cinco años.

Y, sin embargo, son precisamente esas cuestiones las que determinan cómo perciben los ciudadanos la situación económica.

Existe además otra realidad incómoda que rara vez aparece en los titulares. Cada vez que los salarios aumentan, también lo hacen muchas bases imponibles. En ocasiones, parte de las mejoras salariales terminan neutralizadas por la inflación o por una mayor carga fiscal efectiva. El trabajador cobra más euros, sí, pero eso no significa necesariamente que viva mejor.

Por eso conviene ser prudentes cuando analizamos los datos. Ni quienes afirman que todo va mal tienen razón. 
Ni quienes sostienen que todo va bien están viendo la fotografía completa.

La realidad suele encontrarse en un punto intermedio.

España crece. La Región de Murcia también crece. Nuestras empresas siguen generando actividad, empleo y oportunidades. De hecho, muchos de nuestros indicadores económicos evolucionan mejor que los de otros territorios.

Pero al mismo tiempo existe una preocupación creciente relacionada con el coste de la vida, la capacidad de ahorro y las dificultades para progresar económicamente al ritmo que muchos esperaban.

Y quizá ahí se encuentre la pregunta más importante. No cuánto crece la economía. Sino quién percibe realmente ese crecimiento.

Porque al final los ciudadanos no viven dentro del PIB. No compran con porcentajes de crecimiento. No pagan la hipoteca con previsiones económicas.

Viven de su salario, de su negocio, de su pensión o de los ingresos que generan con su esfuerzo diario.

Y cuando una parte importante de la sociedad siente que cada vez le cuesta más mantener su nivel de vida, quizá el debate no debería centrarse únicamente en cuánto crece la economía.

Quizá deberíamos empezar a preguntarnos cuánto de ese crecimiento llega realmente a quienes la sostienen todos los días.

Porque una economía no triunfa cuando los indicadores mejoran. Triunfa cuando las personas perciben que su vida mejora con ellos.

Y esa diferencia, aunque a veces no aparezca en las estadísticas, es probablemente el dato económico más importante de todos.
 

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