Miércoles, 10 de Junio de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNPAU: más allá de los tópicos
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Andrés Nieto Morote

PAU: más allá de los tópicos

 

Cada año por estas fechas la atención vuelve a centrarse en el acceso a la Universidad. Dos publicaciones recientes aportan elementos de reflexión interesantes: el Informe PAU 2025 de la Universidad de Murcia y un reportaje publicado en El Mundo sobre las diferencias territoriales en las calificaciones de Bachillerato. Más allá de la polémica habitual, ambos permiten observar algunos aspectos relevantes del funcionamiento de nuestro sistema educativo.

 

El informe de la Universidad de Murcia cuestiona una idea muy extendida: que los centros privados elevan sistemáticamente las calificaciones de Bachillerato de sus alumnos. Es cierto que estos centros obtienen, en promedio, mejores notas, pero también logran mejores resultados en la PAU. Además, la diferencia entre las calificaciones de Bachillerato y las obtenidas en la prueba de acceso resulta similar en centros públicos y privados. De hecho, los diez centros donde esa distancia es mayor pertenecen a la red pública.

 

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Las diferencias de resultados suelen atribuirse de forma casi automática al nivel socioeconómico y cultural de las familias. Sin embargo, los datos del informe invitan a matizar esa explicación. Algunos de los mejores resultados entre los centros públicos corresponden a institutos situados en el Noroeste de la Región, junto al IES La Flota de Murcia. Al mismo tiempo, existen centros ubicados en entornos aparentemente favorables que obtienen resultados bastante más discretos. Todo ello sugiere que factores internos como la cultura académica del centro, las expectativas educativas o la calidad de los procesos de enseñanza pueden tener un peso mayor del que habitualmente se les atribuye.. La realidad, por tanto, parece bastante más compleja que la simple oposición entre enseñanza pública y privada.

 

Otro dato llamativo es que las asignaturas científicas siguen siendo las que presentan mayores dificultades para los alumnos. Matemáticas, Física, Química, Biología o Dibujo Técnico registran los porcentajes de aprobados más bajos y concentran un elevado número de calificaciones ajustadas. La diferencia respecto a otras materias invita a preguntarse si nuestro sistema educativo reconoce adecuadamente el esfuerzo que exigen estas disciplinas.

 

El segundo trabajo aporta otra perspectiva. Según los datos recogidos por El Mundo, las calificaciones de Bachillerato presentan una tendencia al alza en toda España, pero esa diferencia entre las notas internas y las evaluaciones externas resulta especialmente acusada en algunas comunidades autónomas. Lo relevante no es tanto la existencia de diferencias como el hecho de que éstas afectan directamente a las oportunidades de acceso a determinadas titulaciones universitarias.

 

Además, numerosos estudios han mostrado la capacidad predictiva de las pruebas PISA respecto al rendimiento académico posterior. Por ello resulta llamativo que algunas comunidades con resultados modestos a los quince años registren después porcentajes muy elevados de sobresalientes en Bachillerato. Si esa evolución responde a una mejora sustancial del aprendizaje, convendría conocer qué prácticas educativas la hacen posible. Si, por el contrario, refleja diferencias en los criterios de evaluación, estaríamos ante un problema de comparabilidad entre territorios. Ambas cuestiones merecen atención, aunque los datos parecen sugerir que la segunda explicación tiene un peso significativo.

 

[Img #13051]Pero quizá la enseñanza más interesante que puede extraerse de estos datos sea otra. Todo este debate es posible porque existe una evaluación externa que permite contrastar los resultados obtenidos dentro del sistema educativo. Sin la PAU, muchas de estas diferencias pasarían inadvertidas. La prueba no sólo cumple una función de selección para el acceso universitario; también proporciona información valiosa sobre el funcionamiento real del sistema formativo.

 

Y aquí aparece un paralelismo que trasciende el ámbito educativo. Cualquier organización tiende naturalmente a valorar positivamente sus propios resultados. Por eso las empresas están sometidas a auditorías, certificaciones y mecanismos externos de verificación. No porque se presuma mala fe, sino porque la confianza de inversores, clientes o reguladores exige que los resultados puedan ser contrastados por terceros independientes.

 

Algo parecido ocurre en educación. Las evaluaciones externas no sustituyen el trabajo diario de profesores y centros, pero permiten verificar resultados, detectar problemas y corregir desviaciones. Allí donde no existe una referencia común, la comparación se vuelve difícil y las decisiones acaban apoyándose más en percepciones que en evidencias.

 

Por eso, el debate sobre la PAU debería ir más allá de la discusión sobre su formato concreto. La cuestión de fondo es si estamos dispuestos a poner en marcha mecanismos independientes que permitan comprobar que los resultados que declaramos son efectivamente los que obtenemos. En educación, como en la empresa, la confianza no descansa únicamente en las buenas intenciones, sino también en la posibilidad de contrastar los resultados. Esa es, probablemente, la lección más valiosa que dejan estos estudios.

 

Linkedin: Andrés Nieto Morote

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