El alto coste de la energía, y especialmente el petróleo, lastrará la economía
El centro de estudios de BBVA mantiene sus previsiones para la economía española en el 2,4% para 2026, pero ha rebajado tres décimas, al 2,1%, su estimación para 2027. El último informe Situación España constata la resiliencia de la economía española, a pesar del entorno de incertidumbre global, impulsada por la inercia de la actividad y el empleo, que sigue siendo positiva; el dinamismo de las exportaciones de servicios; la creación de puestos de trabajo gracias a la inmigración; la inversión en construcción de vivienda y una política fiscal expansiva en el corto plazo. No obstante, los economistas de BBVA Research advierten de que el impacto del mayor precio de la energía y los insumos ha sido más intenso y persistente de lo previsto y podría moderar el crecimiento a medio plazo.
Para Europa, BBVA pronostica que será una de las economías más afectadas por el encarecimiento del petróleo, lo que explica la revisión a la baja en las perspectivas de crecimiento del PIB de la región hasta el 0,7% en 2026 y el 1,2% en 2027, desde el 1,1% y 1,4%, respectivamente. El deterioro del entorno encuentra a la economía europea en una situación de relativa vulnerabilidad, por una demanda interna débil y la caída de las exportaciones.
“El BCE entra en una fase particularmente delicada: la inflación vuelve a repuntar, pero lo hace en un contexto de crecimiento más frágil y con un shock cuya naturaleza complica la respuesta monetaria”, apuntan los economistas. La corrección que se espera en los precios de la energía, junto con la debilidad de la demanda interna en la eurozona y un mercado laboral donde las tensiones se han reducido, debería llevar a expectativas de inflación alrededor del 2,9%, en promedio, en 2026 y del 1,8% en 2027. Esto sería compatible con un incremento de 25 puntos básicos en el tipo de depósitos en la reunión del mes de junio, seguido de otro en la primera mitad de 2027, con un tipo terminal del 2,5%. “Es, por tanto, una estrategia de endurecimiento gradual y adelantado: actuando pronto para preservar credibilidad, pero sin ignorar que un exceso de restricción podría agravar una desaceleración ya en marcha”.
El impacto de los precios de la energía sobre la economía española se producirá a través de distintos canales de transmisión que afectan, principalmente, a las exportaciones de bienes y a la inversión. El shock de oferta tras el conflicto en Oriente Próximo podría restar 0,5 y 0,1 puntos porcentuales al PIB en 2026 y 2027, y elevar la inflación 1,3 y 0,6 puntos porcentuales, respectivamente. Esto refleja la pérdida de competitividad que sufrirán los productores nacionales, que pueden ser especialmente importantes para las empresas del sector de manufacturas o, en el caso del encarecimiento de los fertilizantes, para el agroalimentario. A esto se añaden las expectativas de menor crecimiento en los principales socios comerciales de la economía española. Como consecuencia de lo anterior, se espera que las exportaciones de bienes desciendan el 1,2% en 2026 y apenas avancen el 2,4% en 2027.
En el plano laboral, la capacidad de creación de puestos de trabajo seguirá creciendo gracias a la inmigración y al aumento en la tasa de participación de la población nacida en España. Se espera que el empleo se incremente alrededor de 540.000 y 455.000 personas en 2026 y 2027, respectivamente. En un entorno donde los servicios y la construcción sostendrán la demanda de trabajadores, esta tensión en el mercado laboral apoyará el incremento de los salarios, lo que seguirá sirviendo de atractor para la inmigración y los residentes en España actualmente fuera de la fuerza laboral.
En cuanto al consumo, BBVA Research estima que prolongará su expansión gracias a la sólida evolución de sus fundamentales, aunque a un menor ritmo ante la mayor incertidumbre y el repunte de la inflación. El avance del empleo y de los salarios permitirá que la renta bruta disponible en términos reales aumente un 2% y un 2,5% en 2026 y 2027, respectivamente, por encima del promedio de los últimos 25 años (1,5%). La riqueza inmobiliaria seguirá creciendo impulsada por el encarecimiento de la vivienda. La evidencia apunta a que esto puede beneficiar particularmente el consumo de hogares propietarios con menor riqueza y mejorar el acceso al crédito. En todo caso, se espera que la subida de la inflación limite tanto la mejora del poder adquisitivo como de la riqueza en general.


