Lunes, 15 de Junio de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNLa 'nueva' Atlántida de Badajoz
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Pedro Manuel Hernández López

La 'nueva' Atlántida de Badajoz

 

Hubo un tiempo en que los aventureros cruzaban océanos buscando la Atlántida. Más tarde, escalaron las montañas del Himalaya persiguiendo al Yeti. Después, navegaron por las aguas oscuras del Lago Ness esperando fotografiar a Nessie, el legendario monstruo escocés y, finalmente, llegaron a América del Sur en busca del mítico y sanguinario Chupacabras.


¡Pobres aficionados! Si de verdad hubieran querido enfrentarse a un arcano misterio -- histórico y de dimensiones épicas-- tendrían que haber venido a España. En concreto a Badajoz y, más exactamente aún, a la legendaria 'Oficina de Artes Escénicas', donde, según las crónicas contemporáneas, iba a trabajar David Sánchez, el 'hermanísimo' del presidente del Gobierno.

 

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La Atlántida tenía una ventaja, al menos, existía un océano donde buscarla, el Atlántico. Nessie disponía de un lago concreto en Escocia. El Yeti moraba en una cordillera entera, el Himalaya y el Chupacabras se ocultaba, en las selvas de Panamá, pero la mítica 'Oficina de Artes Escénicas' -sin tener nada de eso- ha alcanzado un grado superior de perfección casi metafísica. Se trata de una entelequia administrativa -capaz de existir, desaparecer y reaparecer según quién sea el observador- diseñada por un funcionario cuántico después de una larga sobremesa financiada con dinero público.


Valle-Inclán habría instalado inmediatamente la escena en el castizo madrileño 'Callejón del Gato' donde desfilarían diputados con nariz de garza, asesores con patas de cigüeña y directores generales con ojos de merluza recién cocida, tratando de explicar lo inexplicable:


— ¡La oficina existe!


— ¿Dónde?


— ¡Ahí!


— No la vemos.


— ¡Porque usted no sabe mirar!


— ¿Y qué hace?


— ¡Muchísimas cosas! 


— ¿Cuáles?


— ¡Todas relacionadas con las artes escénicas, por supuesto!


— ¿Y dónde están?


—¡Eso pertenece al terreno especial de la sensibilidad cultural!


El ciudadano -que lleva ya décadas financiando este esperpéntico espectáculo- contemplaría la función con la misma expresión de pasmo e incredulidad que un campesino gallego, observando cómo un prestidigitador intenta sacar un conejo de una chistera vacía, mientras sospecha que el conejo y el mago son primos.


Durante siglos los exploradores regresaban con mapas llenos de monstruos marinos y tierras desconocidas. Los cronistas españoles del siglo XXI podrían hacer algo parecido: aquí dragones, aquí gigantes, aquí sirenas... y aquí, en la provincia de Badajoz, una oficina tan extraordinariamente enigmática que rivalizó en popularidad y prestigio con la propia isla de la Atlántida.


Resulta muy difícil no admirar semejante hazaña. En un país -donde abrir una mercería exige más papeles que regularizar a un inmigrante sin papeles- hemos logrado crear organismos públicos cuya naturaleza escapa incluso a las leyes tradicionales de la física burocrática. Einstein habría abandonado su 'teoría de la relatividad' para estudiar el fenómeno pacense.


El quid de la cuestión no es si la oficina existe o no. El debate es cómo puede describirse con tanta solemnidad y, al mismo tiempo, resultar tan escurridiza para quienes intentan comprender su etérea existencia y actividad.

 


El Yeti dejó huellas en la nieve, Nessie marcó ondas en el agua, la Atlántida una leyenda narrada por Platón y el Chupacabras, según cuentan, animales exangües y perforados. Pero la fantasmal 'Oficina de Artes Escénicas' ha dejado algo mucho más incómodo: ¡muchas preguntas sin responder!


El verdadero descubrimiento 'serendípico' no era la oficina en sí, sino el burocrático y abigarrado ecosistema que la  rodeaba. Como ocurre con los grandes hallazgos históricos y arqueológicos, que detrás de cada templo perdido o pirámide descubierta suele aparecer una civilización entera... detrás de la "Atlántida pacense", comenzó a dibujarse una extensa corte de cargos, asesores, padrinos, intermediarios y defensores de lo indefendible.


El 'Reino del Hermanísimo' era un territorio situado entre la administración y el parentesco, donde los apellidos parecían adquirir propiedades mágicas. Era un lugar donde el mérito se volvía opinable, la casualidad estadísticamente imposible y las coincidencias florecían con exuberancia tropical regada con abundantes fondos públicos.


En aquella esperpéntica corte, los cortesanos comparecían con gesto grave para explicar que todo era perfectamente normal. Y cuanto más normal afirmaban  que era, más extraordinario y raro les parecía al sufrido pueblo.


Mientras tanto, los ciudadanos asistían a la representación obligados a pagar la entrada. Porque en el teatro de la política española existe una singularidad económica: los espectadores financian el espectáculo incluso cuando no les gusta la obra.


Quizá por eso la 'Oficina de Artes Escénicas' resulta tan simbólica, pues no representa únicamente una polémica concreta, sino una forma muy especial de entender el ejercicio absoluto del poder, una concepción, según la cual, la administración deja de servir al ciudadano para convertirse en un escenario, donde unos pocos interpretan una función, cuyo coste lo sufragan millones de espectadores.


Aunque ya Valle-Inclán escribió que "los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos originaban el esperpento", la política española contemporánea del Sanchismo ha perfeccionado la fórmula, mejorándola. Ya no hacen falta héroes; basta solo con tener funcionarios serviles y cargos obedientes y mudos .


La Atlántida era una fantasía platónica. El Yeti, una leyenda himaláyica. Nessie, un mito escocés. El Chupacabras, una fábula sudamericana, pero la 'Oficina de Artes Escénicas' de Badajoz ha conseguido -durante un tiempo record- algo todavía mucho más difícil: que miles de españoles se preguntaran si era posible encontrar una ficción más escurridiza que todos aquellos mitos juntos.


Y, como sucede con las grandes leyendas, cuanto más han intentado explicarlas sus fieles guardianes, más ha crecido  el misterio en torno a ellas... y sino, que se lo pregunten al "hermanísimo" de Sánchez.

 

Linkedin: Pedro Manuel Hernández

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