Viernes, 19 de Junio de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNLa culpa es de 'Franco'... o de 'Feijóo', según toque
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Pedro Manuel Hernández López

La culpa es de 'Franco'... o de 'Feijóo', según toque

 

B. Gómez, mujer... de P. S.


D. Sánchez, "hermanisimo"...de P.S.


A. G. Ortiz, exfiscal general del Estado... de P. S.


J. L. Ábalos, exministro y número dos... de P. S.


S. Cerdán, exsecretario de organización del PSOE y número tres... de P. S.


R. Zapatero,expresidente del Gobieno-- gurú y amigo de...P. S. 


Koldo García, exchofer, exasesor político, exguardaespaldas-- y "chico para todo" de...Ábalos y de P. S.

 

Leire Díez, fontanera mayor del "Reino de las cloacas" ...de P. S. 

 

F. ( sin "Grande") Marlaska, el ministro de Interior...de P. S.

 

F. Armegol, la presidenta del Congreso de los Diputados...de P. S.

 

A. Torres, el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática de P. S.

 

M. González, la directora general de la Guardia Civil... de P. S., ...etc, etc. Y, si uno rebusca con paciencia --en la mega trastienda del poder sanchista-- todavía aparecerán secretarios de Estado, asesores de segunda fila o, incluso, altos responsables administrativos, cuya principal habilidad y actividad es sobrevivir a cualquier temporal político y mediático.

 

Ante semejante elato desfile de nombres, el ciudadano ingenuo podría pensar que alguien asumirá -- más pronto que tarde-- alguna responsabilidad. ¡Craso error!... porque en la España contemporánea existe un sofisticado mecanismo de defensa política que funciona con la precisión de un reloj suizo.

 

[Img #13181]La fórmula es muy sencilla: si el escándalo resulta especialmente incómodo, la culpa es siempre ... de Franco; si la oposición exige explicaciones, la culpa es de... Feijóo; si aparecen algunas  informaciones muy turbias y comprometedoras...Franco; si un juez decide investigar...Feijóo; si la presión mediática aumenta... Franco; si la presión en el Parlamento persiste...Feijóo y así , "hasta el infinito y más allá", siempre Franco y Feijóo, como diría -el coprotagonista de " Toy Story"- Buzz Ligthyear.


Así, alternativamente, como quien recita un mantra politico destinado a exorcizar cualquier atisbo de responsabilidad moral y politica propia.


España vive instalada en una representación permanente del esperpento. El genuino gallego Valle-Inclán descubrió.-ya hace muchos sños- que los héroes clásicos y los politicos reflejados en sus famosos "espejos cóncavos" ,-del  madrileño "callejón del Gato"- adquirían proporciones  muy grotescas. Probablemente jamás imaginó, que un siglo después, sería la propia realidad política la que competiría con ventaja frente a la caricatura. y sus esperpentos.

 

En esta peculiar dramaturgia nacional, quienes gobiernan desde hace años continúan presentándose como las auténticas víctimas de poderes ajenos. 


Administran el presente, mientras responsabilizan de sus errores al pasado; ocupan los despachos oficiales, mientras denuncian  falsas tramas conspiranoicas urdidas desde la oposición; ejercen el poder con plenitud y despotismo, pero hablan como si todavía estuvieran repartiendo octavillas desde la bancada opositora.
Lo extraordinario no es la estrategia. ya que toda organización política intenta minimizar sus daños, sino que lo verdaderamente fascinante es la obcecada perseverancia  en el error.. y, más aún la eficacia obtenida.

 

Porque contra toda lógica, hay siempre un público dispuesto a aceptar que un dictador fallecido hace más de medio siglo o el líder actual de la oposición sean  los responsables subsidiarios de cuanto sucede bajo el cielo patrio.


La inflación emocional del relato ha terminado por devaluar la moneda más escasa de cualquier democracia: la responsabilidad y de modo subsidiario la credibilidad.


Mientras tanto -el ciudadano común y de a pie- contempla, no exento de un creciente  estupor el "esperpéntico" espectáculo, a la vez, que observa cómo los problemas reales son desplazados por guerras politico-culturales cuidadosamente diseñadas "ad hoc" y comprueba que las obligadas explicaciones son  sustituidas por falsas acusaciones genéricas, y, así, termina descubriendo que las  preguntas incómodas reciben respuestas históricas o ataques preventivos contra el enemigo  político, que no adversario.

 

Y entonces llega una conclusión bastante desalentadora y que decepciona a una gran parte del electorado: la responsabilidad política es ya una reliquia arqueológica, una pieza de museo democrático que se exhibe con orgullo retórico, pero que hace décadas desapareció del ecosistema del poder, como el "dodo" del ecosistema animal.


Todo este proceso tiene algo de "esperpento valleinclanesco", pues, aunque las instituciones un conservan su apariencia solemne, los procedimientos mantienen intacta su liturgia y los discursos siguen invocando la ejemplaridad pública... el contenido parece haberse evaporado por "arte de biribirloque".


Aunque parece que todo permanece en pie, sin embargo, algo muy esencial falta. Porque, -en esta "España nuestra, en esta España muerta..."- como nos cantaba la inolvidable Cecilia en 1975, los responsables nunca están en el escenario de lo cotidiano y esencial , pues siempre están entre bambalinas o directamente fuera del teatro. 

 

En cambio, los culpables oficiales comparecen puntualmente a cada función: Franco, Feijóo y Franco y Feijóo, comosi fueran los únicos personajes disponibles en el reparto nacional de la necesaria responsabilidad política, social y personal.


Así, cuanto más próximo aparece un problema al núcleo mismo del poder, más lejos se busca al responsable. La cercanía obliga a desplazar la culpa hacia horizontes más cómodos y trampantojicos. El presente se protege acusando  de todo a Franco, al "pasado" y, la mala gestión se justifica señalando a Feijóo, la "oposición".
El resultado es un curioso fenómeno político: gobiernos que gobiernan sin gobernar del todo, porque las consecuencias siempre pertenecen a otros.

 

Quizá por eso la dimisión ha pasado a formar parte del género fantástico, pedir disculpas constituye una extravagancia institucional y reconocer errores equivale poco menos que a una alta traición de Estado.
Aunque, visto lo visto, no sería nada extraño que, mañana, se nos dijera -desde la tribuna del Congreso-  y explicara que los atascos de la M-30, la subida del precio del aceite y carburantes, la sequía persistente o una mala temporada del Real Madrid... obedecen a una neo compleja "conspiración judeomasónica" diseñada --de manera conjunta y estratégicamente a la lirón--   por el difunto Francisco Franco y actual presidente de la oposición, Alberto Núñez Feijóo.


Y lo más inquietante no sería escuchar semejante disparate, sino, descubrir cuántos estarían todavía dispuestos a aplaudir tal disparate.


 
La responsabilidad política -esa vieja y saludable  virtud democrática- parece haberse convertido, de una vez por todas, en una "ancestral anticualla" institucional: una reliquia arqueológica que se estudia en los manuales, se invoca en los discursos solemnes y aparece ocasionalmente en las tertulias dominicales, pero que hace años nadie ha vuelto a ver en libertad.


Quizá sea esa la imagen más precisa de nuestro tiempo: un gran teatro del absurdo donde los culpables siempre son los mismos y los responsables nunca aparecen. Un país en el que el espejo deformante de Valle-Inclán ya no refleja la realidad... sino que sola y simplemente la reproduce.

 

Linkedin: Pedro Manuel Hernández

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