Viernes, 19 de Junio de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
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ECONOMÍA CON SENTIDO COMÚN

La agenda se está comiendo la estrategia

El mayor activo económico estratégico actual es el tiempo

JAVIER CELDRÁN | COORDINA: JOSÉ LUIS REVERTE |ILUSTRACIÓN: PUEBLA Viernes, 19 de Junio de 2026

 

Hace unos días, durante una conversación con una empresaria murciana, surgió una reflexión que probablemente muchos directivos reconocerán de inmediato. Hablábamos del clima de incertidumbre, del estrés de incorporar la IA, de las nuevas regulaciones de sostenibilidad, de cómo la guerra de Irán les ha hecho cambiar algunos proveedores, y de los problemas diarios con el absentismo. En un momento dado, me dijo: “Sé que debería dedicar más tiempo a pensar en el futuro de la empresa, pero gestionar todo esto me come el día a día y me agota”.

 

La frase me hizo reflexionar porque, en realidad, resume uno de los grandes desafíos de la dirección empresarial actual en el nuevo paradigma económico y geopolítico.

 

Nunca habíamos tenido tanta información a nuestro alcance. Nunca habíamos contado con tantas herramientas de análisis e indicadores para medir prácticamente cualquier aspecto. Sin embargo, muchos directivos y empresarios tienen la sensación de que, en ese clima de cambios constantes e inesperados, cada vez resulta más difícil elevarse de la gestión diaria y tomar decisiones con perspectiva.

 

La paradoja es evidente: cuanto más complejo se vuelve el mundo, menos tiempo parece quedar para pensar sobre él.

 

[Img #13183]Durante años, las empresas pudieron desenvolverse en entornos económicos y de mercado relativamente estables. Existían incertidumbres, por supuesto, pero la globalización avanzaba, las cadenas de suministro funcionaban con normalidad, el acceso a la financiación era razonablemente predecible y las principales preocupaciones estratégicas se concentraban en clientes, competidores y mercados.

 

Hoy la realidad es radicalmente distinta.

 

Las decisiones económicas de Estados Unidos afectan a empresas que nunca han exportado a ese país. La política industrial y burocracia europea condiciona inversiones productivas. La IA está redefiniendo procesos, puestos de trabajo y sectores enteros. Los conflictos geopolíticos impactan en los costes energéticos y las cadenas de suministro. La regulación cambia a una velocidad desconocida.

 

La economía ha vuelto a ser profundamente estratégica. Y eso exige una capacidad de interpretación que no siempre encuentra espacio en la agenda de quienes dirigen las organizaciones.

 

Peter Drucker, padre del management moderno, afirmó que no hay nada tan inútil como hacer con gran eficiencia algo que no debería haberse hecho en absoluto. Y esta afirmación se mantiene vigente, porque muchas organizaciones corren el riesgo de convertirse en extraordinariamente eficientes de puertas adentro, pero sin tener claro hacia dónde van.

 

El día a día empresarial y directivo es frenético. Reuniones, correos electrónicos, videollamadas, informes, cuadros de mando, presentaciones… ocupan buena parte de nuestras jornadas. La sensación de estar permanentemente ocupados se ha convertido casi en un símbolo de compromiso profesional.

 

Pero estar ocupado no es necesariamente avanzar.

 

De hecho, uno de los riesgos más frecuentes en las organizaciones es confundir movimiento con progreso.

 

La estrategia requiere algo que resulta cada vez más escaso: tiempo para detenerse, observar y formular las preguntas adecuadas.

 

Las empresas que liderarán sus sectores durante la próxima década no serán necesariamente las que reaccionen más rápido. Serán aquellas que comprendan antes los cambios que se están produciendo, y sepan combinar la gestión operativa con la visión estratégica.

 

Pensemos en una empresa agroalimentaria. Sus decisiones ya no dependen únicamente de los precios, de la producción o de la demanda. También están condicionadas por cuestiones como la disponibilidad de recursos hídricos, la evolución de la normativa europea, los costes energéticos, los acuerdos de comercio o las nuevas exigencias de sostenibilidad.

 

Por eso el líder de cualquier empresa debe desempeñar un papel diferente al de hace unos años. Ya no basta con gestionar correctamente el presente. Es necesario interpretar el contexto económico, tecnológico y social para anticipar escenarios futuros.

 

Xavier Marcet, referente en management humanista, suele recordar que dirigir consiste, sobre todo, en generar futuro. La principal responsabilidad de un directivo no es resolver todos los problemas del día a día. Tampoco asistir a todas las reuniones ni responder todos los correos electrónicos. Su principal responsabilidad es ayudar a la organización a entender qué está cambiando y cómo debe prepararse para ello.

 

Y eso exige reflexión.

 

Reflexión sobre cómo afectará la inteligencia artificial a nuestro sector.

 

Sobre qué capacidades necesitará nuestra organización dentro de cinco años.

 

Sobre qué riesgos estamos ignorando y qué oportunidades están apareciendo fuera de nuestro radar.

 

Sobre qué decisiones importantes estamos posponiendo porque las urgencias ocupan todo el espacio disponible.

 

Las compañías más admiradas del mundo no destacan únicamente por disponer de más recursos o más tecnología. Destacan porque tienen lideres capaces de interpretar antes que los demás las señales del entorno y actuar en consecuencia.

 

La inteligencia artificial seguirá avanzando. Los datos seguirán multiplicándose. Las herramientas de análisis serán cada vez más sofisticadas. Pero ninguna tecnología podrá sustituir la capacidad humana para formular las preguntas correctas cuando el entorno cambia.

 

Por eso sospecho que uno de los recursos más valiosos para cualquier empresa durante los próximos años no será únicamente el capital, ni la tecnología, ni siquiera la información.

 

Será algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más difícil de conseguir.

 

Tiempo para pensar.

 

Porque cuando la agenda ocupa todo el espacio disponible, la estrategia termina desapareciendo. Y las organizaciones que dejan de pensar sobre su futuro suelen descubrir demasiado tarde que éste no dejó de avanzar mientras ellas estaban ocupadas gestionando el presente, atrapados cada día entre videollamadas y reuniones interminables.

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