Refinería de Repsol en Cartagena
La guerra que el pasado 28 de febrero comenzaron Estados Unidos e Israel contra Irán desató en pocos días un alza de los precios desconocida hasta ahora: crisis en productos petrolíferos y gas, además de desmesuradas subidas en insumos para el sector agrícola como son los fertilizantes.
La industria en general no ha sido ajena a las consecuencias. Dos meses después de iniciada la guerra, en abril, las ventas del sector marcaron alcanzaron unos índices de subida también sin precedentes, pero con matices.
En el cómputo general, el volumen de negocio subió un 0,8% sobre el mes anterior, y un 10,4% sobre abril de 2025. Si bien es preciso analizar los subsectores.
Corregidos los efectos estacionales y de calendario, los bienes de consumo duraderos facturaron un 0,5% menos que un año antes; y los no duraderos un 1%.
Por el contrario, los fabricantes de bienes de equipo vendieron un 8,5% más a consecuencia de las subidas de precio y los productores de bienes intermedios ingresaron en caja un 6,5% más.
Y quienes desequilibraron completamente el sector fueron los productores de energía, especialmente la derivada del refino de petróleo, que facturaron un 87% más que un año antes.
Este conocido como índice de cifra de negocios aumentó respecto a abril de 2025 en trece comunidades autónomas y disminuyó en las otras cuatro.
Los mayores incrementos se produjeron en Región de Murcia (23,4%), Andalucía (17,1%) y Castilla y León (16,7%). Y los mayores descensos, en Baleares (-14,3%), Asturias (-8,3%) y La Rioja (-1,9%).
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