Jueves, 25 de Junio de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNLa IA busca enchufe en Cartagena y la industria sigue esperando
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Abel Ramos

La IA busca enchufe en Cartagena y la industria sigue esperando

 
En Cartagena se habla de drones, inteligencia artificial y proyectos que encajan con el siglo que viene. En Los Camachos, a pocos kilómetros de uno de los polos industriales más importantes del país, las empresas siguen sin potencia eléctrica suficiente para crecer. No es una contradicción local. Es el retrato de un país que corre en dos velocidades.
 
Hace unos meses leí que Aragón concentra el 20% de todas las solicitudes de nueva demanda eléctrica en España. Centros de datos, hidrógeno, baterías... El delegado de Red Eléctrica lo dijo en febrero de 2025 con naturalidad, como quien enumera el clima. En Villanueva de Gállego y El Burgo de Ebro la red se refuerza, se amplían subestaciones, se autorizan líneas nuevas. La carrera por los megavatios que pedirá la inteligencia artificial ya está en marcha.
 
En Los Camachos, donde soy miembro de la asociación de empresarios, la carrera es otra. Más lenta. Más terrestre. Más parecida a la industria que llevamos décadas intentando mantener en pie.
 
No estoy hablando de apagones. El sistema eléctrico español cumple sus indicadores de continuidad. Red Eléctrica registró una demanda nacional de 256.086 GWh en 2025, con un crecimiento del 2,8% respecto al año anterior, y las actividades industriales volvieron a sumar, aunque con modestia (+1,1% en 2025, +3,1% en 2024, según el informe anual del operador del sistema). La luz llega. El problema es otro. El problema es que cada vez cuesta más conseguir capacidad firme en el nudo concreto donde quieres instalarte, ampliarte o simplemente responder a un cliente que pide una nave grande.
 
 
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Los Camachos lo ilustra sin necesidad de metáforas. El Instituto de Fomento presenta el enclave como un parque estratégico de 621 hectáreas junto al Puerto de Cartagena. Hay demanda de suelo. Hay interés logístico. Hay empresas que han invertido y otras que quieren hacerlo. Pero en las reuniones de la asociación el mismo diagnóstico vuelve una y otra vez. No podemos atender proyectos de gran tamaño porque no hay suministro eléctrico suficiente. Antonio Betancor lo resumió en la SER con una frase que en la asociación llevamos tiempo repitiendo nosotros mismos: "La línea de La Asomada está saturada.
 
No es una queja abstracta. Es la diferencia entre tener un polígono en el mapa y tener un polígono que funcione.
 
En Cartagena la paradoja se acentúa si prestas oído a lo que circula entre empresarios, medios especializados y prensa económica. Desde hace semanas corre el rumor, todavía sin confirmación oficial, de que la ciudad podría acoger una fábrica avanzada de drones. Industria de precisión, sensores, software embebido, el tipo de proyecto que encaja con la narrativa de la inteligencia artificial y la defensa que hoy arrastra inversión en Aragón o en otros corredores tecnológicos. No sé si llegará. En la asociación nadie ha visto un acuerdo firmado. Pero el contraste duele. En Los Camachos seguimos sin megavatios para una nave logística convencional mientras el resto del mundo empieza a pelear por la energía que necesitará la IA.
 
Lo curioso, y lo injusto, es el contraste con lo que ocurre en otros frentes del país. Cuando un territorio se convierte en polo de nueva demanda tecnológica, la maquinaria empieza a moverse. Subestaciones, líneas, concursos de capacidad, autorizaciones encadenadas. En febrero de 2026 el Ministerio adjudicó capacidad en nudos congestionados priorizando proyectos industriales concretos. Moeve, Hydnum Steel, Stellantis. La lógica es clara. Sin red no hay reindustrialización.
 
Pero esa lógica llega tarde, o no llega, a polígonos como el nuestro, donde la industria no es una gigafactoría futurista sino logística, transformación, servicios al puerto, empresas medianas que emplean gente de aquí. No pedimos un tratamiento especial. Pedimos lo mismo que se entiende cuando se habla de competitividad nacional. Un punto de conexión tramitado a tiempo.
 
Los números nacionales confirman que no estamos exagerando. En 2024 se solicitaron en España 67.154 MW de acceso y conexión para demanda, y el 49% fueron rechazados, según datos recogidos por el sector a partir de la información regulatoria. En 2025 las solicitudes rondaron los 40 GW y solo un 12% obtuvo visto bueno, mientras 25 GW no pudieron atenderse. A partir de septiembre de 2025, con los mapas homogéneos que obliga la Circular 1/2024 de la CNMC, se vio por primera vez la magnitud del atasco. El 83,4% de los nudos de la red de distribución aparecían ya saturados.
 
Leer esas cifras desde Cartagena produce una sensación extraña. En Bruselas y en Washington se debaten los megavatios que consumirán los centros de datos de la IA. Aquí, si el rumor de la fábrica de drones se confirma, la Región podría aspirar a un proyecto puntero mientras el polígono industrial más cercano sigue peleándose por tener potencia para una ampliación modesta. El mundo empieza la batalla por la energía del siglo que viene. España, todavía, sufre por la del siglo pasado que no terminamos de resolver.
 
No digo que la transición digital sea un lujo. Sería absurdo. Pero sí digo que estamos construyendo dos velocidades en el mismo país. En un carril, inversión tecnológica, refuerzos de transporte, presión política visible. En el otro, polígonos con suelo disponible, con accesos viarios discutidos durante años, con empresarios que conocen el nombre de las líneas eléctricas como otros conocen el de sus calles, y con respuestas que se posponen de planificación en planificación.
 
El propio Ministerio lo reconoce, aunque con otro lenguaje. La planificación eléctrica vigente contemplaba unos 2 GW de nueva demanda. La propuesta con horizonte 2030, sometida a audiencia pública en octubre de 2025, aspira a atender más de 27 GW e incluye 13.600 millones de inversión. El salto es enorme. La pregunta incómoda es cuánto de esa ambición llegará a Los Camachos, a Las Capellanías en Cáceres, a Llano de Mazuelos en Jaén o a decenas de enclaves que no salen en los titulares pero comparten el mismo síntoma. Suelo sí, megavatios no.
 
Un estudio de PwC y Aelec calcula retrasos medios de 5,7 años en posiciones de subestación y de 7 años en subestaciones destinadas a nueva demanda. Siete años. En la asociación lo traducimos de otra forma. Una empresa que hoy podría generar empleo esperará dos ciclos electorales a que alguien decida si la subestación entra o no en el plan. Mientras tanto, la oportunidad se va a otro sitio. O simplemente no ocurre.
 
En mayo y junio de 2026 la Comunidad Autónoma, el ayuntamiento de Cartagena y los empresarios acordaron una hoja de ruta para accesos y potencia. Fernando López Miras habló de solicitar 250 millones de euros a Red Eléctrica para planificación e infraestructuras en el área. Es una cifra que hay que leer con cautela, porque mezcla actuaciones y no es un presupuesto cerrado solo para Los Camachos, pero da la medida del tamaño del problema. No estamos pidiendo un poste más. Estamos pidiendo que un corredor industrial estratégico deje de estar medio apagado.
 
Ahí es donde el trabajo de la asociación importa de verdad. No basta con quejarse en un pleno. Hace falta alguien que lleve la reivindicación al nivel que corresponde, con datos, con continuidad y con la voluntad de convertir un caso local en referencia nacional. En Los Camachos tenemos la suerte de contar con gente que ha asumido ese papel sin esperar a que el problema se resuelva solo. Antonio Betancor no se limita a diagnosticar la saturación de La Asomada. Se ha ofrecido, y lo sigue haciendo desde la patronal, a encabezar la pelea por una respuesta energética de primer nivel aquí y a servir de ejemplo para otros polígonos que están en la misma tesitura. No es postureo. Es lo que toca cuando llevas años viendo cómo se escapan proyectos por un cuello de botella que todos nombran y nadie desatasca.
 
Porque Los Camachos no es una excepción rara. Es un espejo. En Cáceres, CC Green y la ampliación de Capellanías II quedaron fuera del ciclo de planificación 2021-2026 y arrastran un proyecto de cientos de millones condicionado a la red. En Alcalá la Real, la Junta de Andalucía reclama una subestación de 220 kV valorada en unos 6 millones que tampoco apareció en el borrador estatal. Son geografías distintas, pero el guion es el mismo. La política industrial corre. La planificación eléctrica va detrás. Y quien paga el desfase es la empresa que ya tenía el terreno y la intención.
 
La solución no pasa por inventar atajos mágicos. Los mapas de la CNMC son informativos y advierten de que no se pueden sumar capacidades de nudos distintos como si fueran cajas apilables. El autoconsumo, el almacenamiento o la capacidad flexible pueden ayudar en algunos casos, pero no sustituyen una conexión firme cuando hablamos de decenas de megavatios industriales. Hace falta más red, mejor planificada, y sobre todo planificada mirando la demanda que ya existe, no solo la que brilla en un comunicado.
 
Mientras tanto, seguiré yendo a las reuniones de la Asociación. Seguiremos escuchando lo mismo. Empresas que no pueden responder a una petición de nave grande. Proyectos que se enfrían. Gente que no entiende por qué el país habla de inteligencia artificial si todavía no consigue enchufar la industria que ya conoce hacer cosas.
 
La pregunta no es retórica. Es la que deberíamos hacerle a quien planifica, a quien autoriza y a quien invierte. Si España quiere competir en el siglo de la IA, ¿cómo pretende hacerlo dejando sin megavatios a la industria que ya tiene suelo, mano de obra y un puerto a la vuelta de la esquina?
 
Linkedin: Abel Ramos
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