Martes, 23 de Junio de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓN¿Indignados por qué...?
  • Buscar
Pedro Manuel Hernández López

¿Indignados por qué...?

 

El juez Peinado ha dicho en voz alta lo que gran parte de los ciudadanos piensan en bajito: que los escoltas de Begoña Gómez podrían, "por iniciativa propia o siguiendo órdenes", facilitarle una fuga. Y se ha montado el escándalo.

 

Que si es “inadmisible”, que si se “pone en duda a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad”, que si son “insinuaciones intolerables", que si patatín y patatán....la indignación ha corrido como un mantra machacón por tertulias, canales de TV, medios digitales y comunicados como la pólvora. Y a la cabeza de todos estos grandilocuentes aspavientos, los "ladridos" del ministro Óscar López, que se ha lanzado contra la yugular del  juez Peinado con la ferocidad del converso: que si es una “barbaridad” y que se trata un gravísimo "ataque al Estado de Derecho y a la democracia”. Los mismos que han callado y siguen callando ante los antecedentes concretos  de las fugas reales, aúllan -- y no a la luna-- cuando un juez osa mencionarlas como posibles hipótesis.

 

[Img #13233]Pero cuando uno ve el tuit de @AzotandoM que circula por las redes, uno se pregunta: ¿indignados de qué y por qué exactamente? Porque memoria tenemos -y no precisamente se trata ni de la histórica ni de la democrática- sino de la de "largo plazo" y hemerotecas también.


La cúpula de la Policía Nacional permitió a Luis Roldán fugarse en 1994. Sí, al exdirector general de la Guardia Civil que se esfumó por "arte de birlibirloque con 1.500 millones de pesetas y estuvo diez largos meses de “vacaciones" -pagadas y a tuttiplén- antes de que lo “encontraran” en Bangkok. Solo el entonces ministro de Interior, Antonio Asunción, dimitió. Nadie más pidió perdón ni nadie fue cesado por aquel bochornoso y esperpéntico incidente.

 

A Carles Puigdemont -después de declarar la independencia de Cataluña en 2017- se le dejó cruzar la frontera en el maletero de un coche. "Golpe de Estado" -dijo el Supremo- pero la policía lo vio salir y no lo paró. Años después, en 2024, avisó que volvería a Barcelona para dar un mitin. Lo avisó. Vino. Se paseó. Y se volvió a fugar delante de todo el dispositivo de los Mossos y de la Policía Nacional. ¡Dos veces, dos! como se diría en argot taurino.


A Delcy Rodríguez -la exvicepresidenta de Venezuela sancionada por la UE y que tenía prohibido pisar espacio aéreo Schengheng- se le permitió pisar suelo español en Barajas en enero de 2020. Bajó del avión, durmió en la sala VIP y se reunió con el entonces ministro de Transportes Ábalos. No la detuvieron ni la devolvieron. Se fue tan tranquila o más que vino.

 

Con esos precedentes tan escandalos, que un juez se plantee en un auto la hipótesis de que unos escoltas puedan facilitar una fuga no es una ocurrencia. Es aplicar el precedente. Es mirar el histórico y hacer una pregunta incómoda: si ya pasó con Roldán, con Puigdemont dos veces y con Delcy, ¿por qué iba a ser imposible ahora...?


Indignarse por la pregunta del juez Peinado exige un gran ejercicio de amnesia selectiva notable. Exige olvidar que las órdenes políticas existen. Que la obediencia debida existe. Y que cuando el poder quiere, la ley se convierte en papel mojado. Ahí está Óscar López, ministro de Transformación Digital y de la Función Pública, transformando la crítica judicial en delito de "lesa majestad". Ladra al juez, pero no ladra a los precedentes.
Lo que de verdad debe indignar a cualquier persona razonable  no es la sospecha "en su", sino  que la sospecha sea verosímil y muy probable.

 

Porque si la cúpula policial tuvo manga ancha en 1994, si tuvo órdenes de no actuar en 2017, si miró para otro lado en 2020 y en 2024, ¿qué garantía tenemos de que no vuelva a pasar...? ¿La palabra de honor de quién..? ¿Un comunicado de Interior...? ¿Un tuit de Óscar López...o una acusación de la ministra Diana Morant en la imparcial televisión pública...?


El problema no es que el juez Peinado desconfíe de los escoltas, que no es el caso. El problema es que, con el currículum que arrastra el  Estado sanchista, tenemos más motivos y dudas reales para desconfiar nosotros.
Así que cuando leo titulares rasgándose las vestiduras por “el ataque a la profesionalidad de las Fuerzas de Seguridad y del Orden" me entra la risa floja. La profesionalidad de los agentes de base no está en duda. Lo que está en duda, y con razón, es qué haría la cadena de mando si recibe la llamada correcta desde el despacho correcto. O si recibe los ladridos correctos desde el ministerio correcto.

 

La indignación es puro teatro. Es mucho ruido y muy pocas nueces para no hablar del elefante en la habitación: que en España ya hemos visto fugas permitidas, fronteras abiertas y sanciones europeas ignoradas. Y siempre con la misma coartada: “fue un error”, “falló la coordinación” y “no se pudo prever”.


Por eso la pregunta no es por qué el juez Peinado dice eso. La pregunta es: ¿indignados de qué y por qué? ¿De que alguien se atreva a decir que el rey está desnudo? ¿O de que lo diga un juez y no un ministro?
El tuit lo clava en cuatro líneas. La cúpula ya falló. Ya permitió. Ya miró para otro lado. Tres casos, tres décadas distintas... pero el mismo patrón.

 

Así que sí, señorías de la indignación... ¡Indignense, pero no por la afirmación del juez! ¡Indignense por las respuestas que ya nos dio la realidad! ¡Indignense porque tengamos que hacernos esa pregunta en 2026!. Y de paso, que Óscar López se indigne menos con los jueces y mucho más con los esperpénticos  antecedentes. Lo indecente no es sospechar. Lo indecente es que la sospecha tenga una solida base y que los ladridos y las falacias del corifeo ministerial intenten taparla.

 

Linkedin: Pedro Manuel Hernández

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.