El papel de la IA en las aulas: La creatividad también se entrena
Que la Inteligencia Artificial ha llegado a nuestras vidas para quedarse ya es un hecho. Hace no tanto, hablar de inteligencia artificial sonaba a ciencia ficción. Hoy cualquier estudiante puede utilizarla desde el móvil para hacer un resumen, resolver dudas, traducir un texto o incluso generar una imagen en pocos segundos.
Durante años hemos asociado la creatividad a un talento con el que se nace. Sin embargo, hoy sabemos que la creatividad también se entrena. Se estimula haciendo preguntas, resolviendo problemas, imaginando soluciones y permitiendo que los niños experimenten sin miedo a equivocarse.
Y, aunque pueda parecer contradictorio, la inteligencia artificial puede convertirse en una gran aliada para conseguirlo.
El debate no debería centrarse en si los alumnos utilizan inteligencia artificial o no. La realidad es que ya la utilizan. La verdadera pregunta es cómo conseguimos que esa tecnología despierte su curiosidad en lugar de apagarla.
Bien utilizada, la IA no sustituye el pensamiento. Lo impulsa.
![[Img #13251]](https://elnuevodigitalmurcia.es/upload/images/06_2026/4123_ia.jpg)
Puede ayudar a un niño a inventar el final de un cuento, diseñar un experimento científico, crear un videojuego sencillo, explorar diferentes formas de resolver un problema matemático o preparar una presentación más visual. No hace el trabajo por él; le ofrece nuevas posibilidades para desarrollar su imaginación y aprender de una forma mucho más activa.
Pero para que eso ocurra hay una pieza imprescindible: el profesorado.
Los docentes no necesitan convertirse en expertos en programación ni en inteligencia artificial. Lo que necesitan son herramientas que les permitan incorporar estas tecnologías en el aula con seguridad, sentido pedagógico y sin aumentar todavía más su carga de trabajo.
Hoy muchos profesores dedican horas fuera del horario lectivo a preparar actividades, adaptar materiales, buscar recursos o personalizar contenidos para alumnos con necesidades diferentes. La inteligencia artificial puede aliviar parte de ese esfuerzo, ayudándoles a generar ideas, crear ejercicios adaptados, diseñar proyectos interdisciplinarios o preparar materiales en menos tiempo.
Eso significa menos tiempo delante del ordenador y más tiempo acompañando a los alumnos, observando cómo aprenden y potenciando aquello que ninguna tecnología puede sustituir: la capacidad de inspirar, motivar y educar.
En esa línea empiezan a surgir proyectos educativos como somoscreaia, una iniciativa pensada para acercar la inteligencia artificial a colegios y entidades educativas desde una perspectiva práctica, creativa y responsable. Su objetivo no es que los niños dependan de la IA, sino que aprendan a utilizarla con criterio, desarrollando habilidades que serán esenciales en los próximos años: creatividad, pensamiento crítico, comunicación, resolución de problemas y trabajo en equipo.
Porque el futuro no necesitará personas que simplemente sepan usar una herramienta. Necesitará personas capaces de formular buenas preguntas, encontrar soluciones originales y adaptarse a un mundo en constante cambio.
Y esa preparación comienza mucho antes de acceder al mercado laboral. Empieza en el aula, donde cada profesor tiene la oportunidad de convertir la tecnología en un recurso para despertar la creatividad y el talento de sus alumnos.
Quizá ese sea el verdadero papel de la inteligencia artificial en la educación: no enseñar más, sino ayudar a aprender mejor.
Linkedin: Raquel López Rodríguez



