Viernes, 26 de Junio de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
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ECONOMÍA CON SENTIDO COMÚN

El valor económico de un apretón de manos

Las economías más fuertes no solo se construyen con inversión o infraestructuras, sino también con diálogo, confianza y la capacidad de alcanzar acuerdos

José Luis Reverte | Imagen: PUEBLA Viernes, 26 de Junio de 2026

 

La hostelería regional afronta un verano con cifras récord de empleo, fruto del trabajo y el esfuerzo acumulado durante años. La reciente evolución del sector invita a reflexionar sobre una idea que nunca pasa de moda: las economías más fuertes no solo se construyen con inversión o infraestructuras, sino también con diálogo, confianza y la capacidad de alcanzar acuerdos.

 

Hay imágenes que anuncian el verano mucho antes de que lo haga el calendario. Una playa llena de sombrillas, una terraza donde apenas queda una mesa libre, el aroma de un caldero junto al Mar Menor, una marinera compartida entre amigos, el ir y venir de camareros entre conversaciones, risas y reencuentros o una cena al atardecer con el Mediterráneo como telón de fondo. Son escenas que forman parte de nuestra identidad y que convierten a la Región de Murcia, año tras año, en uno de los destinos preferidos por quienes buscan disfrutar de unos días de descanso.

 

[Img #13281]Mientras muchos comenzamos a pensar en vacaciones, para miles de murcianos empieza precisamente la época de mayor actividad del año. Cuando unos descansan, otros trabajan más que nunca. Gracias a ese esfuerzo podemos disfrutar de un caldero frente al Mar Menor, de una cena junto al Mediterráneo, de una marinera en una terraza de Cartagena, de un pescado recién llegado a puerto en Águilas o Mazarrón o, simplemente, de un café mientras cae el sol sobre cualquiera de nuestros paseos marítimos.

 

Detrás de esa imagen tan cotidiana existe una realidad económica que muchas veces pasa desapercibida.

 

Cada mesa servida, cada habitación preparada, cada café que llega a un cliente o cada plato que sale de una cocina es el resultado del trabajo de miles de personas. Profesionales que, precisamente cuando la mayoría disfrutamos de nuestro tiempo libre, hacen posible que una de las industrias más importantes de nuestra Región siga siendo uno de los grandes motores de empleo y riqueza.

 

Hace apenas unos días conocíamos una noticia muy positiva: la hostelería regional supera ya los 51.700 trabajadores. Una cifra histórica que confirma el buen momento del sector y que refleja el esfuerzo acumulado durante años por empresarios, trabajadores y por una Región que ha sabido convertir su hospitalidad en uno de sus principales activos económicos.

 

Pero las cifras, por sí solas, nunca cuentan toda la historia.

 

Ese crecimiento no responde a una única decisión ni a una medida concreta. Es el resultado de muchos factores: la recuperación y consolidación del turismo, la inversión constante de miles de empresarios, la profesionalidad de quienes trabajan cada día de cara al público, la calidad de nuestra gastronomía, el atractivo de nuestras costas y la capacidad de un sector para adaptarse a un mercado cada vez más competitivo.

 

Y aquí es donde aparece una palabra que pocas veces ocupa titulares y, sin embargo, tiene un enorme valor económico: la confianza.

 

Hace unos años, la hostelería regional fue capaz de dejar atrás un largo periodo de desacuerdos y recuperar un marco de estabilidad para el sector. Aquello no explica por sí solo el crecimiento que vemos hoy. Sería simplificar demasiado una realidad mucho más compleja. Pero sí simboliza algo imprescindible para que cualquier economía avance: la capacidad de sentarse, dialogar y encontrar puntos de encuentro incluso cuando las posiciones parecen alejadas.

 

Porque un apretón de manos no tiene valor por la fotografía del día en que se produce. Tiene valor por todo lo que ocurre después.

 

Tiene valor cuando un empresario vuelve a mirar al futuro con la tranquilidad suficiente para invertir, reformar un establecimiento o contratar a un nuevo trabajador.

 

Tiene valor cuando un empleado encuentra un marco de estabilidad que le permite desarrollar su profesión con mayor confianza.

 

Tiene valor cuando un cliente recibe un servicio de calidad y decide volver.

 

Y tiene valor cuando un turista regresa a su casa hablando de la Región de Murcia no solo por sus playas, por el Mar Menor, por el Mediterráneo o por su excelente gastronomía, sino por la amabilidad, la profesionalidad y el trato humano que encontró durante su estancia.

 

Con demasiada frecuencia reducimos el debate económico a una confrontación permanente entre empresarios y trabajadores. Como si unos solo pudieran ganar a costa de los otros.

 

La realidad suele ser bastante más inteligente.

 

Las empresas necesitan ser rentables. Sin rentabilidad no hay inversión, ni innovación, ni empleo. Pero también necesitan atraer y conservar talento, formar equipos estables y ofrecer un servicio excelente. Del mismo modo, los trabajadores necesitan empresas fuertes que puedan ofrecer oportunidades, estabilidad y unas condiciones que hagan atractivo desarrollar una carrera profesional.

 

Cuando una de esas piezas falla, todos terminan perdiendo. Cuando ambas son capaces de avanzar en la misma dirección, todos tienen más posibilidades de ganar.

 

Quizá esa sea una de las grandes enseñanzas que nos deja el buen momento de la hostelería regional. No porque exista una fórmula mágica para crear empleo, sino porque demuestra que el crecimiento sostenible rara vez depende de un único factor. Es la suma de miles de decisiones acertadas, del esfuerzo compartido y de algo tan intangible como imprescindible: la confianza.

 

Dentro de unas semanas muchos estaremos disfrutando de unos días de descanso junto al Mar Menor o al Mediterráneo. Compartiremos una comida con amigos, una cena en familia o un paseo al caer la tarde. Probablemente no pensemos en todo lo que ha sido necesario para que ese momento resulte perfecto. Y quizá esa sea la mejor noticia. Porque cuando las cosas funcionan, la economía deja de verse y simplemente se disfruta.

 

Al final, el verdadero valor económico de un apretón de manos no está en el gesto. Está en la confianza que genera. En la estabilidad que aporta. En las oportunidades que crea. Y en el futuro que ayuda a construir. Porque la confianza también crea riqueza, aunque no cotice en ninguna bolsa.

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