Miércoles, 01 de Julio de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNPecado y dinero en La Divina Comedia
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Alberto Hernández Moreno

Pecado y dinero en La Divina Comedia

 

Es más común entre las religiones la santificación de la pobreza que el enaltecimiento de la riqueza. A grandes rasgos, sólo el cristianismo calvinista (que ve en ella una señal de salvación), ciertas interpretaciones del hinduismo (a través de la noción del artha, la búsqueda noble del éxito material) y el judaísmo tradicional (que considera a la fortuna una forma de bendición divina) valoran positivamente el afán de caudales.

 

La expresión literariamente sublime del pensamiento católico medieval es la Comedia, o Divina Comedia, como quiso llamarla Boccaccio, de Dante Alighieri. Entre otras cosas, la Comedia es un tratado teológico atravesado por la filosofía escolástica que cartografía el más allá y explica los posibles destinos del hombre en la eternidad, ya sea en el Infierno, el Purgatorio o el Paraíso, a partir de un sistema de castigos o recompensas basado en los pecados cometidos o las virtudes ejercidas. Para Dante, pecado y dinero son habituales compañeros de viaje. El Infierno, ese cono invertido que se adentra hasta el centro de la Tierra, y en cuyos niveles se castigan los vicios con una precisión burocrática, reserva a los pecadores relacionados con dinero tres apartados diferentes.

 

Dante hace una división de los pecados basada en la Ética de Aristóteles. Los motivados por la incontinencia son la lujuria, la gula, la avaricia y la ira. Los causados por la agresividad son la herejía y la violencia. Y los basados en la falsedad son el fraude y la traición. A cada pecado le corresponde un círculo infernal, y van graduados de más a menos gravedad, haciendo coincidir la importancia del pecado con la profundidad y el menor espacio disponible en el cono infernal, para que los réprobos se sientan más comprimidos y constreñidos cuanto mayor sea la importancia de su pecado.

 

En el grupo de los pecados por incontinencia relacionados con el dinero, Dante sitúa en el cuarto círculo a la avaricia y, simultáneamente, a su contrario, la prodigalidad. Avaros y pródigos, quienes coinciden en el mal uso del dinero (acumulándolo o desperdiciándolo), se disponen en dos bandos opuestos. Empujan para toda la eternidad con sus pechos enormes rocas -que simbolizan las riquezas terrenales que tanto les obsesionaron en vida- en direcciones opuestas, hasta chocar en el centro. Tras el choque se increpan (el avaro pregunta al pródigo “¿por qué derrochas?”, y el pródigo al avaro “¿por qué acumulas?”, y se dan la vuelta para repetir infinitamente el bucle.

 

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De entre los dos pecados relacionados con la agresividad, Dante coloca en el tercer giro del séptimo círculo (el de los violentos) a los usureros, junto a los blasfemos y los sodomitas. ¿Por qué se agrupan en un mismo castigo? Porque los tres son, para la mentalidad medieval, una forma de violencia contra Dios. La usura, un pecado financiero, se considera una ofensa hacia la divinidad a partir de ciertas consideraciones de la filosofía de Aristóteles y la teología de Santo Tomás. Para Dante, el orden natural del universo funciona como una cadena: Dios crea la naturaleza, la naturaleza dicta cómo debe operar el mundo, y el hombre, al observarla, crea el arte (el trabajo productivo, las técnicas de creación de riqueza). El usurero ofende a la bondad divina porque despreciando el trabajo, desprecia a la naturaleza, y despreciándola, desprecia a Dios. No gana el pan con el sudor de su frente, y genera riqueza no con sus manos, sino con el simple paso del tiempo cobrando intereses. Dante coloca a los violentos contra Dios en un desierto asolado por una lluvia de fuego, y los usureros la reciben concretamente inmóviles en el suelo y encorvados, en alusión al modo en que pasaron sus vidas, sentados y contando monedas.

 

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Finalmente, el pecado motivado por la falsedad que Dante relaciona con el dinero es el fraude. En las diez fosas en las que se divide en décimo círculo se castigan diferentes modalidades de engaño, y en la última se encuentran los falsarios Allí, además de suplantadores de personalidad y calumniadores, reciben su castigo los falsificadores de metales y alquimistas, y los fabricantes de moneda falsa. Los primeros son devorados por la sarna, mientras que los segundos padecen hidropesía. Como enfermaron a la sociedad con sus engaños, su castigo es padecer estas afecciones. Y como alteraron la materia y su apariencia para enriquecerse, ahora la apariencia de sus cuerpos se ve grotescamente modificada por dichas enfermedades.

 

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Dante no condenó expresamente al dinero, pero sí su acumulación, su derroche, su impía generación y su falsificación. En este aspecto, como en tantos otros, la Comedia hace valer su condición de clásico literario, pues todas estas consideraciones no han perdido, siete siglos después, ni un ápice de vigencia.

 

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