La fábrica de votantes
Hay gobiernos que construyen carreteras. Otros levantan hospitales. Algunos intentan mejorar la productividad o atraer inversión. Y luego está el Gobierno de Pedro Sánchez, que parece haber descubierto una industria mucho más rentable: fabricar futuros votantes.
La viñeta lo resume con una ironía demoledora. Un corredor keniata huye desesperado mientras un trajeado Pedro Sanchez le persigue y le grita: "¡que seguro que tiene un abuelo gallego perdido entre las ramas del árbol genealógico!". La traducción es muy sencilla,"¡si te haces español puedes votar, tener sanidad pública gratis y derecho a recibir subvenciones nunca imaginadas que para sí las quisieran cientos de miles de españolitos de a pie. Humor, sí... pero todo buen humor esconde siempre una verdad incómoda.
España ha pasado de controlar sus fronteras a convertirlas en una facilona puerta giratoria.
Mientras la Unión Europea endurece progresivamente su política migratoria, exige más cooperación con los países de origen y reclama combatir las mafias que trafican con personas, el Gobierno español insiste en ampliar cientos de miles de regularizaciones extraordinarias y en flexibilizar el acceso a la residencia. Es difícil no preguntarse si existe una visión de Estado... o simplemente una visión de urna.
Porque la inmigración necesita orden. No se combate la tragedia del Mediterráneo premiando a quien consigue llegar antes. Tampoco se ayuda a quienes esperan durante años en sus países siguiendo los procedimientos legales. El mensaje termina siendo perverso: el que cumple las normas espera; el que las salta obtiene recompensa.
Y a esta política se suma otra igualmente llamativa: la llamada Ley de Memoria Democrática, cuya disposición sobre hijos y nietos de españoles ha abierto la puerta a cientos de miles de solicitudes de nacionalidad.
Recuperar vínculos familiares legítimos puede ser un acto perfectamente defendible. Lo discutible es que el criterio se estire hasta límites que convierten el árbol genealógico en una "red de pesca electoral".
Hoy son nietos; mañana -si nadie pone freno- quizá descubramos bisnietos, tataranietos o un primo cuarto con una fotografía de un bisabuelo nacido en Lugo o en Sanxenxo.
España siempre ha sido una nación abierta. Precisamente por eso necesita una urgente inmigración regulada, circular, integradora y compatible con la capacidad real de los servicios públicos. La generosidad sin control termina perjudicando tanto a quienes llegan como a quienes ya estaban aquí.
Lo preocupante no es solo la política migratoria. Es la sensación de que cada decisión acaba subordinandose a la misma pregunta: ¿cuántos votos puede dar...?
Si un colectivo puede, sin duda, convertirse en una "bolsa electoral", inmediatamente aparece una ley. Si una regularización puede ampliar el censo dentro de unos años, adelante. Si la nacionalidad puede repartirse con mayor facilidad, mejor todavía.
No es una estrategia de integración nacional. Es una estrategia de ingeniería demográfica con evidente rentabilidad política, al menos según sostienen sus críticos.
La democracia deja de ser plenamente representativa cuando un Gobierno parece más preocupado por ampliar su electorado potencial que por resolver los problemas de quienes ya sostienen el país con sus impuestos, su trabajo y el cumplimiento de las leyes.
Quizá la viñeta exagere. Esa es precisamente la función de la sátira. Pero las caricaturas solo funcionan cuando el lector reconoce en ellas un reflejo de la realidad actual
Y cuando un chiste empieza a parecer un boletín oficial, deja de hacer tanta gracia.
Linkedin: Pedro Manuel Hernández López



